“EUCARISTÍA, ENCARNACIÓN Y FAMILIA”


 de monseñor Adolfo Armando Uriona, FDP

“La Palabra se hace carne y viene ha habitar en una familia”


I. “LA PALABRA SE HIZO CARNE”…(1)


Leamos lo que nos dice el Santo Padre en su hermosa Carta Encíclica 
“Ecclesia de Eucaristia”:

“…María concibió en la anunciación al Hijo divino, incluso en la realidad física de su cuerpo y su sangre, anticipando en sí lo que en cierta medida se realiza sacramentalmente en todo creyente que recibe, en las especies del pan y del vino, el cuerpo y la sangre del Señor.” (2)

La Encarnación de la Palabra de Dios en María Virgen, es uno de los misterios centrales de nuestra Fe.

En el mismo contemplamos cómo el Hijo Eterno del Padre, que trasciende (está más allá) de este mundo, es enviado por el Padre y, por la acción del Espíritu Santo, toma nuestra naturaleza, haciéndose “carne” para salvar a la humanidad en el seno virginal de María Santísima.

La Virgen le da sus entrañas al Dios Trino para que Él pueda hacer su obra de salvación en este mundo caído bajo el poder del pecado.

¡La Encarnación expresa la grandeza y maravilla del Amor Misericordioso de Dios!

Podemos preguntarnos: ¿Qué significa “hacerse carne”?

Significa muchas cosas; veamos sólo algunos aspectos.

* Significa que el Hijo de Dios, sin dejar de ser Dios se hace hombre y, por tanto, asume todas las consecuencias de la condición humana, menos el pecado.

* “Hacerse carne”, significa que la Palabra Eterna del Padre entra en la historia del hombre y, siendo eterna, comienza a existir y a vivir en el tiempo, con todo lo que esto implica de temporal y precario, llegando hasta el límite extremo: la muerte.

* Cuando hablamos de “carne” enseguida viene a nuestra mente la condición de“debilidad” y de indigencia, propia de la naturaleza humana; esta condición se pone de manifiesto de manera más que evidente en el nacimiento de Jesús en la gruta de Belén.

* El Hijo que era “Impasible” (o sea incapaz de “padecer”) una vez que se “hizo carne”comenzó a “padecer”: a sufrir hambre, pasar frío, experimentar el, sueño, el cansancio y la enfermedad. Todo esto es propio del hombre y no de Dios…, sin embargo ¡el Hijo de Dios quiso asumirlo! Se “hizo cargo” de nuestra naturaleza débil, pobre, enferma.

* Por otra parte, el Hijo asume la “carne virginal” de María Santísima, por lo tanto introduce la “novedad” en el mundo; algo nuevo ocurrió en nuestra historia de pecado. Es una carne que ha sido formada de manera excepcional –por obra del Espíritu Santo y en el seno virginal de María- para dar, de esta manera, “vida nueva” y crear un “mundo nuevo”.



II. “…Y HABITÓ ENTRE NOSOTROS” 
(3)


“Los pastores fueron rápidamente y encontraron a María, a José y al recién nacido acostado en el pesebre”
 (4)

Como podemos leer en este texto del Evangelio (y en otros también) Jesús nace y se desarrolla en el seno de una familia, la Sagrada Familia de Nazaret.

Jesucristo no es un “superhombre” como los de las películas...; nace, crece y vive como todos nosotros o, digamos mejor, como debiera ser normal entre los seres humanos, en una familia.

Dios Padre escogió a una mujer y la preparó, desde toda la eternidad, de una manera muy  especial a fin de que fuera la Madre de su Hijo (5) y, cuando llegó el tiempo establecido de antemano, la fecundó por obra del Espíritu Santo. De esta manera, en el seno virginal de María se iría gestando Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre,  el único Salvador del mundo.

A su vez, el Padre en su amor infinito, escogió a un hombre –SAN JOSÉ– y lo fue formando a fin de que se convirtiera en el “padre adoptivo” de Jesús (puesto que el único padre de Jesús es Dios Padre). De esta forma, el Hijo de Dios tuvo una familia donde nació se crió y educó. Por eso cuando los pastores, después del anuncio del Ángel, fueron corriendo a la gruta de Belén se encontraron con una familia sencilla, pobre, normal, nada del otro mundo, pero donde se dejaba entrever la presencia sublime de Dios.

Sabemos que a José no le fue fácil asumir esta familia. En el Evangelio de San Mateo podemos captar sus dudas y angustias hasta que el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le reveló su misión (6). Desde ese momento, como padre responsable se hizo cargo de María Santísima y del Niño Jesús.., ¡nada más y nada menos!!!.

Él fue el hombre fiel, trabajador y silencioso (en el Evangelio no tenemos ninguna palabra dicha por José) que tuvo la misión de ser el papá de Jesús en la tierra. Él asumió el compromiso de criarlo y educarlo y… ¡qué bien le salió!!!

En estos tiempos de grave crisis en la familia es absolutamente necesario mirar los ejemplos de la Sagrada Familia como actitudes a imitar en nuestras familias. La maternidad y paternidad llevadas con amor, cariño y mucha responsabilidad. El diálogo respetuoso entre padres e hijos, la colaboración en la armonía y el trabajo común, etc.



III. ENCARNACIÓN, FAMILIA Y EUCARISTÍA


“…En continuidad con la fe de la Virgen, en el Misterio eucarístico se nos pide creer que el mismo Jesús, Hijo de Dios e Hijo de María, se hace presente con todo su ser humano-divino en las especies del pan y del vino” 
(2)

Ese mismo Jesucristo que se hizo carne en el seno de María y habitó en una familia es el que quiere quedarse con nosotros bajo las especies del pan y el vino en la “EUCARISTÍA”.

Como Jesús exigió a los que escuchaban su discurso del Pan de vida(8), debemos creer firmemente que en el pan y el vino está presente la misma “carne” del Señor y que necesitamos comerlo para tener Vida (con mayúscula) en nosotros “porque el pan de Dios es que desciende del cielo y da Vida al mundo” (9)

Diciendo: “Esto es mi carne” parece que Jesús quiere expresar la implicación de toda su persona, el don que hace de sí mismo dando su carne en alimento. Toda su persona se nos da plenamente en la Eucaristía.

Para alimentar la vida de familia, tan atacada por todas partes, necesitamos alimentarnos con el Cuerpo del Señor, don que viene de lo alto y que esclarece y fortalece los valores familiares.

En Nazaret, la sencillez, la armonía y la paz que reinaba, era un don sobrenatural dado por la presencia de Hijo de Dios hecho hombre, de la misma manera, solamente si nos alimentamos del Cuerpo y la Sangre del Señor podremos tener paz, armonía, aceptación de la existencia y sus problemas, superación de la enfermedad y del pecado, sentido de la vida y búsqueda de Dios en nosotros y en nuestro ambiente familiar.

La Eucaristía, Cuerpo y Sangre del Señor, alimento que da la vida nueva, fortalezca nuestros vínculos familiares y produzca el milagro de la unidad en el amor.


Cuestionario:

1. ¿Tomo conciencia del Amor de Dios manifestado en el Misterio de Navidad?; ¿de qué manera?; ¿cómo puedo profundizarlo?

2. ¿Cómo valoro esta realidad del Amor de Dios que se hace “carne” y se me entrega como alimento en la Eucaristía ya sea en mi vida personal como familiar?

3. ¿Qué antivalores atacan hoy a nuestra vida de familia y qué medios sobrenaturales tengo para combatirlos?


Mons. Adolfo Armando Uriona, FDP


Notas:

(1) Jn 1,14

(2) Ecclesia de Eucharistia, 55

(3) Jn 1,14

(4) Lc 2,16

(5) Gal 4,4

(6) Mt 1, 18-25

(7) Ecclesia de Eucharistia, 55

(8) Cfr. Jn 6

(9) Jn 6,33

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