Abriré

“Abriré mis labios y responderé”

“Porque me siento lleno de palabras y me empuja un fuego interior. Dentro de mí hay un vino que fermenta, y que revienta los odres nuevos. Hablaré para desahogarme, abriré mis labios     y responderé” Job 32: 18-20


Hablar de Job, es hablar de un hombre de Fe; un hombre que realmente enfrentó duras pruebas, grandes pérdidas y mucho dolor físico, emocional y espiritual.  Job fue probado como el oro. Me atrevo a decir que sentía un dolor inmenso en su corazón pese a su fe en Dios, me atrevo a decir que en ocasiones con su corazón a punto de estallar.

Pero en esta ocasión utilizaré estas palabras con las que Eliú desarrolla su primer discurso ante Job y sus tres amigos. Muchas veces por más que lo intentemos y queramos, no comprendemos ni tenemos las razones que explican el por qué hay tanto sufrimiento, sobretodo muchas veces a personas que son buenas y nos parecen justas.

Eliú era un hombre lleno del Espíritu de Dios. Que tenía visión para ver más allá y una firme convicción de que aunque ellos no entendieran, Dios perseguía un propósito superior haciendo sufrir a Job.

Eliú sentía arder una llama dentro de su corazón y más aún sentía el Espíritu de Dios hablándole a su corazón, mostrándole y enseñándole. Entonces toma ese coraje, esa autoridad y la canaliza de manera positiva. Él tenía que hablar palabras provenientes de aquella sabiduría celestial que el Espíritu Santo le estaba dando en ese momento, donde Dios lo estaba utilizando para hacerles entender a Job y a sus amigos, que aunque Job estuviera pasando por pruebas en el presente que al parecer no tenían lógica, iba a ser mayor el grado de recompensa si le era fiel a Dios

Nosotros como hijos de Dios, estamos llamados a no quedarnos callados aunque el mundo no nos comprenda. Tenemos que seguir proclamando que Cristo fue, es y seguirá siendo la mejor alternativa siempre. Necesitamos ser la diferencia  en medio del mundo en que vivimos. Necesitamos esa pasión, convicción, firmeza y seguridad que tal como a Eliú le hacían pensar, saber y confesar que tras la prueba había un propósito grandioso de Dios. Necesitamos tener y provocar ese impacto que hace que las personas puedan escucharnos y entender que hay un Dios capaz de cambiar cualquier situación por más difícil e imposible que parezca. Nuestras voces deben de ser un llamado a la conciencia de aquellos corazones endurecidos por el sufrimiento y las decepciones de la vida. Deben de tener esa convicción y calidez que puede ayudar a nuestros hermanos en la fe, amigos y familiares a ver una luz en sus problemas.

Cuando nos paramos en la brecha, cuando nos determinamos a ser un canal de bendición, cuando queremos ser esa sal y esa luz que alumbra aún en medio de las tinieblas, ¡no nos podemos callar! No podemos silenciar nuestras conciencias, el Espíritu Santo predomina y reina sobre nuestras vidas. Entonces no nos dejamos intimidar ni amedrentar por las fuerzas del mal,  ni por circunstancias, porque sabemos que mayor es el que está con nosotros que el que está en el mundo. Debemos entonces como Eliú, escuchar, guardar silencio, analizar, pensar, dejar que el Espíritu de Dios ministre nuestras vidas y bajo Su dirección y cobertura, entonces, armarnos de valor y hablar el lenguaje espiritual y de fe,  que proclama la soberanía y grandeza de nuestro Señor.

 

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