Ana María Taigi



Madre de familia y santa, ¿se puede?

Hoy la Iglesia recuerda la memoria de Ana María Taigi, patrona de las madres de familia. La historia de su vida es un gran ejemplo para todas las madres y esposas.

A veces excusamos conductas o desatinos en nuestra vida a las cosas "que nos tocaron vivir". Resulta que Ana María nació en una familia que cayó en la pobreza, que debió dejar su tierra e irse a trabajar como criados en casas de familias pudientes, y a ella le tocó internarse en un centro para niños pobres. ¿Pensamos que nos ha tocado duro en la vida y por eso somos así?

A los trece años, mientras hoy muchas niñas están preocupadas del celular, las redes sociales y el próximo viaje de quince años, a Ana María le tocó trabajar, lo cual hizo en una fábrica y luego en casa de una noble, pero como etapa propia, empezó a sentir la tentación de la vanidad, de querer vivir según el mundo, pero Dios tenía un propósito en su vida.

Se casó y llegó a tener siete hijos, sí, siete, y no diremos que era por que le quedaba fácil o tenía dinero y criadas. Aunque dos de ellos habían muerto, debió atender sus otro cinco hijos, un marido que no era muy espiritual y a sus padres. ¿Fácil no? Además por un tiempo debió tener en casa a uno de sus hijos ya casado. Y como a veces pasas, su nuera buscaba la discordia queriendo tomar las riendas del hogar. Pero la santa con mucha sabiduría y sutileza pudo mantener todo en orden.

Su fama creció y esta mujer fue dotada de dones extraordinarios que no le impedían atender la vida de hogar, Su casa era visitada por prelados y gente importante, para escuchar los sabios consejos de la santa. Aprendió a ser desprendida, vestir sencillo y mortificar sus sentidos y cuerpo para buscar la santidad.

Como muchos santos que son dotados de dones especiales fue muy atacada por el enemigo, e incluso cuando oraba por la conversión de un pecador obstinado sufría muchas agonías.

Esta mujer es prueba de que se puede ser madre, esposa y santa. Una mujer con una vida como la de cualquiera, pero que supo ver en Dios la fuente de todo consuelo. Pidamos que toda mujer vea en Ana María un modelo.

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