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Las Reliquias

Las Reliquias

Por Jaime Velázquez

 

 



“Sólo han quedado las partes más duras de sus santas reliquias, y se han llevado a Antioquía, donde se han colocado en una caja, como tesoros inestimables, dejados a la Iglesia como prenda del mártir” (Martirio de San Ignacio 6, 5; Enchir, Patristicum n. 70).




En realidad, poco podemos agregar a la clara explicación que los primeros cristianos han dado de lo que es una reliquia y del amor profesado a los restos de los santos y mártires cristianos. Por tanto, una reliquia es aquel resto de algún santo o algún objeto relacionado con él, mediante el cual rendimos el honor debido a dicha persona por sus santos méritos.

 

A lo largo de la historia de la Iglesia Católica, las muestras de amor y admiración de los fieles hacia sus Santos y Héroes de la Fe han sido innumerables. Desde el principio de nuestra vida eclesial, la oración y la vida comunitaria ha estado alrededor del recuerdo de los Santos. No podemos ignorar como los primeros cristianos oficiaban la Santa Misa desde las tumbas mismas de estos santos, cumpliendo así el anuncio profético de san Juan en el libro de las Revelaciones:


Apoc 6

9 Cuando el Cordero abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los que habían sido inmolados a causa de la Palabra de Dios y del testimonio que habían dado.

 

Incluso hoy en día, es santa costumbre de la Santa Iglesia Católica el adornar y consagrar los altares de sus templos con las sagradas reliquias de los Santos, de acuerdo al Canon 1237 del CDC


CDC 1237

§ 1. Se deben dedicar los altares fijos, y dedicar o bendecir los móviles, según los ritos prescritos en los libros litúrgicos.

§ 2. Debe observarse la antigua tradición de colocar bajo el altar fijo reliquias de Mártires o de otros Santos, según las normas litúrgicas.

 

Como testimonio de estos eventos históricos, podemos visitar las Catacumbas de Santa Priscila o la de San Calixto en Roma, las cuales no solo guardan los restos de los Santos, sino que además son fuente de enseñanza de la vida litúrgica de la iglesia naciente.

 

Sin embargo, la devoción mostrada a los Santos y sus reliquias no han carecido de abuso y errores, por ese motivo la Santa Iglesia se ha visto en la necesidad de regular y resguardar debidamente el uso de las reliquias sagradas. Actualmente su uso está debidamente reglamentado en el canon 1190 del Código de Derecho Canónico:

 

CDC 1190

§ 1. Está terminantemente prohibido vender reliquias sagradas.

§ 2. Las reliquias insignes así como aquellas otras que gozan de gran veneración del pueblo no pueden en modo alguno enajenarse válidamente o trasladarse a perpetuidad sin licencia de la Sede Apostólica.

§ 3. Lo prescrito en el § 2 vale también para aquellas imágenes que, en una iglesia, gozan de gran veneración por parte del pueblo.

 

Durante algunos siglos se presentaron abusos, algunos excéntricos, con respecto a las reliquias de los Santos e incluso de María Santísima y de Nuestro Señor Jesucristo. Por ejemplo, podemos mencionar que a lo largo de la historia se han contado varias cabezas de San Juan Bautista, prepucios de Nuestro Señor Jesucristo, plumas del Arcángel Gabriel, gotas de leche del pecho de María Santísima e incontables número de huesos, cabellos, prendas y demás falsas reliquias que han sido obsesión de muchos por coleccionarlas.

 

Ya en el siglo XIII, durante el IV Concilio de Letrán, se estableció en el canon 62 una regla con respecto al uso de las reliquias :


 
IV CONCILIO DE LETRAN

1215

Cap. 62. De las reliquias de los Santos

Como quiera que frecuentemente se ha censurado la religión cristiana por el hecho de que algunos exponen a la venta las reliquias de los Santos y las muestran a cada paso, para que en adelante no se la censure, estatuimos por el presente decreto que las antiguas reliquias en modo alguno se muestren fuera de su cápsula ni se expongan a la venta. En cuanto a las nuevamente encontradas, nadie ose venerarlas públicamente, si no hubieren sido antes aprobadas por autoridad del Romano Pontífice...



Así mismo, en el concilio de Trento, en el siglo XVI, la autoridad eclesiástica fue muy enfática en ordenar a los Obispos y sacerdotes una debida instrucción a los fieles con respecto al valor, uso y respeto debido a las reliquias sagradas, sobre todo, en lo concerniente a la devoción que se les debía mostrar

 
 

CONCILIO DE TRENTO

SESION XXV (3 y 4 de diciembre de 1563)

De la invocación, veneración y reliquias de los Santos, y sobre las sagradas imágenes

 

Manda el santo Concilio a todos los obispos y a los demás que tienen cargo y cuidado de enseñar que, de acuerdo con el uso de la Iglesia Católica y Apostólica, recibido desde los primitivos tiempos de la religión cristiana, de acuerdo con el sentir de los santos Padres y los decretos de los sagrados Concilios: que instruyan diligentemente a los fieles en primer lugar acerca de la intercesión de los Santos, su invocación, el culto de sus reliquias y el uso legítimo de sus imágenes, enseñándoles que los Santos que reinan juntamente con Cristo ofrecen sus oraciones a Dios en favor de los hombres; que es bueno y provechoso invocarlos con nuestras súplicas y recurrir a sus oraciones, ayuda y auxilio para impetrar beneficios de Dios por medio de su Hijo Jesucristo Señor nuestro, que es nuestro único Redentor y Salvador…


Enseñen también que deben ser venerados por los fieles los sagrados cuerpos de los Santos y mártires y de los otros que viven con Cristo, pues fueron miembros vivos de Cristo y templos del Espíritu Santo [cf. 1 Cor. 3, 16; 6, 19; 2 Cor. 6, 16], que por Él han de ser resucitados y glorificados para la vida eterna, y por los cuales hace Dios muchos beneficios a los hombres...

 

El tipo de veneración dada a las reliquias es Relativa, es decir, orientada a Aquel a quien dichas reliquias representan. Por ejemplo, a la Santa Cruz se le rinde un culto de Latría Relativa, es decir, adoramos a través de la Cruz a Dios, no a la madera misma.

 

En el caso de reliquias de los María y los Santos, se da un culto de Dulia Relativa, honramos a quien la reliquia representa, no al objeto en sí mismo. En el caso de los restos mortuorios, la dulia no es relativa, pues se le rinde honor a la persona misma.

 

Debemos ser muy enfáticos al decir que las reliquias no tienen poder en sí mismas, no son talismanes ni amuletos, son Sacramentales, es decir, “…son signos sagrados con los que, imitando de alguna manera a los sacramentos, se expresan efectos, sobre todo espirituales, obtenidos por la intercesión de la Iglesia. Por ellos, los hombres se disponen a recibir el efecto principal de los sacramentos y se santifican las diversas circunstancias de la vida" (SC 60;  CIC can 1166; CO can 867). CIC 1667

 

Por lo mismo, tampoco debemos despreciarlos. Existen tres tipos de reliquias:

 

1º Grado – Son fragmentos del cuerpo mismo del Santo.

2º Grado – Son objetos, partes de las prendas de vestir o utensilios de uso común del Santo, como lo pueden ser su Biblia personal, su rosario, sus hábitos, etc.

3º Grado – Son objetos que han estado en contacto con reliquias de 1º Grado de los santos


También es importante señalar que no solo los católicos poseemos y veneramos las Sagradas Reliquias, también los musulmanes lo hacen, por ejemplo, veneran un supuesto cráneo de san Juan Bautista en la mezquita los Omeyas de Damasco, la cual es uno de sus principales centros religiosos.

 

 

LAS RELIQUIAS EN EL ANTIGUO TESTAMENTO


No es la intención de este tema hacer una extensa apología respecto al hecho claro de que algunos objetos, y sobre todo el cuerpo humano, son sagrados. Bastará recordar como Dios Padre le indica a Moisés que se quite las sandalias al estar parado sobre un terreno sagrado ante la presencia de la Zarza ardiente, o cómo el Arca de la Alianza solo podía ser tocado por alguien consagrado bajo pena de muerte. Cuanto más entonces es sagrado el cuerpo humano, que está formado a Imagen y Semejanza de Dios y es el templo del Espíritu Santo.


Por ese motivo, ya desde la vida del pueblo judío, las reliquias han cobrado un gran significado y sobre todo, un valor central como símbolos de la alianza de Dios con los hombres.



Éxodo 40

20 En seguida tomó las tablas del Testimonio y los puso en el arca; sujetó las andas en el arca, y  sobre ella colocó la tapa.


Éxodo 16

34 Aarón puso en el recipiente la cantidad de maná que el Señor había ordenado a Moisés, y lo depositó delante del Arca del Testimonio, a fin de que se conservara.


Números 17

25 Luego el Señor dijo a Moisés: «Vuelve a colocar la vara de Aarón delante del Arca del Testimonio, como un signo para los rebeldes. Así alejarás de mí sus protestas, y no serán castigados con la muerte».

 

 

El Arca de la Alianza y su contenido, eran la Gran Reliquia de la antigüedad, tan es así que la llevaban en procesión en momentos de júbilo para agradecer a Dios o en momentos de dificultad para solicitar la protección divina. Podemos mencionar muchos salmos mencionan las procesiones del Arca. En 2 Sam 6,1 y 1 Crónica 16 se relatan procesiones con algarabía y cantos de salmos. También en 1 Reyes 8 y 2 Crónicas 5 podemos leer como el uso de estos objetos sagrados eran centrales en el culto a Dios.

 

Estos objetos eran reliquias de 2º Grado, pues estuvieron en contacto con hombres santos, pero también existen reliquias de 1º Grado presentes en la vida del pueblo de Israel.

 

 

2 Reyes 13

20 Eliseo murió y le sepultaron. Las bandas de Moab hacían incursiones todos los años. 21 Estaban unos sepultando a un hombre cuando vieron la banda y arrojando al hombre en el sepulcro de Eliseo, se fueron.  Tocó el hombre los huesos de Eliseo, cobró vida y se puso en pie.

 

 

Dios obró un milagro a través de los restos de un hombre santo, y he ahí parte del fundamento a dos ideas católicas básicas, el respeto al cuerpo de los difuntos y la eternidad de la santidad que permanece en la persona, la eternidad de la vida. No hay duda de que Dios actuaba a través de objetos y restos humanos en la consecución de su plan divino.

 

 

LAS RELIQUIAS EN EL NUEVO TESTAMENTO

 

Ya desde el anuncio del Reino de Dios, se presentaron diversos sucesos milagrosos obrados a través de objetos que estaban o estuvieron en contacto con Jesucristo o con los apóstoles.

 

Mateo 9

20 Entonces de le acercó por detrás una mujer que padecía de hemorragias desde hacía doce años, y le tocó los flecos de su manto, 21 pensando: «Con sólo tocar su manto, quedaré curada». 22 Jesús se dio vuelta, y al verla, le dijo: «Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado». Y desde ese instante la mujer quedó curada.



Este suceso bíblico nos muestra como la mujer no toca a Jesús, toca su manto. ¿El manto le ha curado? No, le curó Jesucristo, poseedor del manto. ¿La mujer necesitaba tocar el manto para quedar curada? No, no necesitaba hacerlo. Jesucristo sanó a muchos son necesidad del contacto físico. Entonces, ¿qué es lo que curó a esta mujer al tocar el manto? Su fe, que la lleva a confiar en que un signo sensible de devoción (tocar el manto) es prueba suficiente de esa Fe y Confianza en Jesús. Y así fue.

 

En la vida apostólica, después de la Ascensión del Señor a los cielos, los objetos y prendas utilizadas por los apóstoles cobraban especial importancia, pues el poder de Dios actuaba a través de ellos en recompensa la Fe de cristianos.

 

 Hechos 19

11 Dios obraba por medio de Pablo milagros no comunes, 12 de forma que bastaba aplicar a los enfermos los pañuelos o mandiles que había usado y se alejaban de ellos las enfermedades y salían los espíritus malos.

 

La fe y el amor de esta naciente iglesia les hacía comprende el valor de estas hermosas y santas reliquias de los santos, que eran signos de la motivación y ejemplo de vida en santidad de estos hombres y mujeres. Y que estos cuerpos habrían de recibir la gloriosa resurrección en el futuro.

 

 “Después de haber recogido los huesos de Policarpo, más preciosas que joyas y más puras que el oro fino, las colocamos en un lugar digno. Y en este lugar nos reunimos con gozo y alegría cada vez que es posible. Esperamos que el Señor nos conceda festejar el aniversario de su martirio, en memoria de cuantos han afrontado ya la misma lucha y para ejercicio y preparación de cuantos la afronten en el futuro”.

(Martyrium Polycarpi: XVII, 3; XVIII, 2-3).

 


Hoy en día tenemos el grandísimo don de poder visitar y rendir honor incuso a los Santos cuerpos Incorruptos del santo Padre Pío o al de Santa Bernardita Soubirous, vidente de la Virgen de Lourdes.

 


Son de las más preciadas reliquias de 1º Grado que se conservan, además de muchos otros.

 

RELIQUIAS FAMOSAS

 

Cabe mencionar de manera especial que existen reliquias muy especiales, sobre todo aquellas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Hoy en día podemos ver y admirar fragmentos de la Santa Cruz, los azotes, la mesa y utensilios de la última cena, sobre todo el cáliz donde se consagró por primera vez el vino. Se conservan las columnas del templo de Jerusalén de donde colgaba el velo, monedas de Judas, espinas de la corona, fragmentos del INRI, los clavos, la esponja, la lanza que atravesó el costado de Cristo, etc.

 

Así mismo, existen reliquias muy importantes y famosas, como lo es el cinturón de María, las cadenas de san Pedro, la Santa faz y el Santo Sudario de Turín.

 

Ya corresponde a los sacerdotes y a los fieles el transmitir el debido honor y respeto que se les debe conferir a las Santas Reliquias, evitar los errores devocionales y sobre todo, exaltar los méritos y vida de testimonio de los Santos a través de la Historia.

 

Que Dios les bendiga

 

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