Bienaventurada Virgen María

Bienaventurada Virgen María

La Bienaventurada Virgen María es la Madre de Jesucristo, la Madre de Dios.

En general, la teología y la historia de María la Madre de Dios siguen el orden cronológico de sus fuentes respectivas, esto es, el Antiguo Testamento, los primeros cristianos y los testigos judíos.

El concilio Vaticano II afirma que el culto a la Santísima Virgen “tal como ha existido siempre en la Iglesia, aunque del todo singular, es esencialmente diferente del culto de adoración, que se da al Verbo encarnado, lo mismo que al Padre y al Espíritu Santo, pero lo favorece muy poderosamente”.

La veneración de los fieles a María, aun siendo superior al culto dirigido a los demás santos, es inferior al culto de adoración que se da a Dios, y es esencialmente diferente de éste. Con el término “adoración” se indica la forma de culto que el hombre rinde a Dios, reconociéndolo Creador y Señor del universo. El cristiano, iluminado por la revelación divina, adora al Padre “en espíritu y en verdad”.

Entre el culto mariano y el que se rinde a Dios existe, con todo, una continuidad, pues el honor tributado a María está ordenado y lleva a adorar a la Santísima Trinidad.

El culto mariano expresa la alabanza y el reconocimiento de la Iglesia por esos dones extraordinarios. A ella, convertida en Madre de la Iglesia y Madre de la humanidad, recurre el pueblo cristiano, animado por una confianza filial, a fin de pedir su maternal intercesión y obtener los bienes necesarios para la vida terrena con vistas a la bienaventuranza eterna.

La Virgen, habiendo recibido de Cristo la salvación y la gracia, está llamada a desempeñar un papel relevante en la redención de la humanidad. Con la devoción mariana los cristianos reconocen el valor de la presencia de María en el camino hacia la salvación acudiendo a ella para obtener todo tipo de gracias.

Sobre todo, saben que pueden contar con su maternal intercesión para recibir del Señor cuanto necesitan para el desarrollo de la vida divina y a fin de alcanzar la salvación eterna.


(Tomado de: L Osservatore Romano, edición semana en lengua española, del 24-X-97).

 

En efecto, desde los tiempos más antiguos,

Se venera a la Santísima Virgen con el título de Madre de Dios,

Bajo cuya protección se acogen los fieles suplicantes

En todos sus peligros y necesidades”.

Juan Pablo II

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