Capítulo III

1. Precedentes de los estudios de Finkelstein

·  A partir de 1968 el profesor israelí Binyamin Mazar se propuso buscar una hipótesis alternativa a las de la conquista, el asentamiento o la revolu­ción para explicar los inicios de la presencia de Israel en Palestina. En su opinión, el cambio del Bronce Reciente al Hierro I ha de ser descrito como una transición. Este fenómeno ha de contemplarse en un panorama más amplio: el del conjunto de los cambios en la región siro-palestina en el paso del segundo al primer milenio a.C., y que trajo consigo el nacimiento de tres pueblos semitas que posteriormente desarrollarían su propio estado y su propia cultura: israelitas, arameos y fenicios. Para Mazar, el origen de Israel habría que buscarlo en los numerosos asentamientos no-urbanos en los altos centrales de Palestina durante el Hierro I, a cuyos pobladores se llama shasu en la documentación epigráfica egipcia de la época.

·  En 1983 Baruch Halpern publica una obra sobre la instalación de Israel en Canaán. Después de analizar la documentación y valorar las hipótesis anteriores, concluye que Israel se forma desde el interior de Canaán, por su propio dinamismo. No hay conquista, ni ocupación, ni instalación.

·  En 1984, el estudio filológico y sociológico de Oswald Loretz sobre los habiru influirá en el estudio histórico sobre los orígenes de Israel. Según este autor no se pueden identificar los 'prw/habiru de los textos de El Amarna, Nuzi o Mari con los `ibri de la Biblia, ya que todas las citaciones bíblicas de los `ibri son tardías, casi un milenio posteriores a las extrabíbli­cas, y por lo tanto están demasiado alejadas como para poder establecer un nexo de unión entre ambas.

La estela Mernefta

·        Se discute sobre el significado del término "Israel" en la estela Mernefta, en cuya estrofa principal se lee:

            Los príncipes se postran diciendo "Paz"

            Nadie levanta la cabeza entre los Nueve Arcos.

            La desolación es para Tehenu (libios); Hatti está pacificada.

            Canaán sumergida en la miseria.

            Asquelón está devastado. Guézer está cautivo.

            Yeno`am como si no existiera.

            Israel es un desierto; su semilla no remontará.

            Hurru es una viuda para Egipto.

            Todas las tierras están pacificadas

            Todo el que era nómada ha sido sometido por el rey ... Mernefta"

 

·  Las investigaciones más recientes lo sitúan en 1207 a.C. (en lugar de 1220 a.C, que era la fecha anteriormente admitida). Este texto es el primer testimonio aparecido hasta la fecha que mencione el nombre "Israel". Pero el alcance de este término está bastante discutido. Lo resume así Philip Davies:

El texto data de finales del siglo XIII a.C. No hay duda de que la localización del Israel de Mernefta se sitúa en algún lugar de Palestina; la disputa sobre el texto versa sobre si el nombre se refiere a una tierra o a un pueblo. Asquelón, Guézer y Yenoam aparecen marcados con un deter­mi­nativo que los identifica como ciudades-estado, mien­tras que Israel está marcado con uno que significa perso­nas o que no viven en ciudades o trashumantes. El deter­minativo es algo ambiguo y podría usarse para un área en la que no hubiera ciudades-estado. También depende si la palabra "semilla" signfica "descendencia humana" o "cose­cha" (aunque quizás la primera acepción es la más segu­ra).

      Es posible que el Israel de la inscripción sea el nombre de una población que vivía, probablemente, en las zonas altas de Palestina [...]

      [...] ¿Qué se supone que hay detrás del uso o no uso del término "Israel" para la población a la que se refiere Mernefta? ¿Se trata de si esta población se llamaba a sí misma también "Israel"? ¿O si están en la línea de con­ver­tirse con el tiempo en un estado que lleva el nombre de "Israel"? ¿O es suficiente con que estén ocupando un lugar geográfico que más tarde ocupará el "Israel" bíbli­co?

      [...] Los nombres y las identidades históricas no se corresponden exactamente.

      [...] Las poblaciones cambian mucho en el medio Oriente antiguo, y las etiquetas se deben usar con mucha precau­ción.

      [...] En el caso de este primitivo Israel de la estela Mernefta tales consideraciones son importan­tes. Ya que la siguiente atestación de un Israel en la región es una inscripción de Salmanaser III (c. 853) que se refiere a Ajab de šir-il-la-a-a (con el denominativo de tierra [mat]) (La inscripción de Mesha, rey de Moab, le sigue poco después, c. 840). Entre estas referencias y Mernefta pasan sobre 350 años, ¡un período más largo que el tiempo que tienen de vida los Estados Unidos de América! Durante este tiempo, ¿qué tipo de continuidad podemos suponer, que nos permita hablar, desde una perspectiva histórica, del "Israel" cuya definición obtenemos de la literatura bíblica? En términos de población, muy poco.

1. El estudio de I. Finkelstein sobre el asentamiento israelita

La arqueología se ha esforzado por iluminar esta cuestión. Los trabajos del arqueólogo israelí Israel Finkelstein, del Instituto de Arqueología de la Universidad de Tel Aviv, han contribuido mucho al debate actual.

            I. FINKELSTEIN, The Archaeology of the Israelite Settlement (Jerusalem 1988)

El primer obstáculo con que se encuentra el investigador es identificar un asentamiento del Hierro I como israelita. En el siglo XII a.C. existen otras entidades étnicas en Palestina: los cananeos, los filisteos, otros Pueblos del Mar, los amalecitas (al sur), etc. Un israelita durante el Hierro I será cualquiera cuyos descendientes se describieron a sí mismos como israelitas. Después de varias aclaraciones, concluye que usará el término "israelita" en su obra como terminus technicus  para "la población de la colina central en un proceso de sedentarización" en la época del Hierro I.

  Características de los asentamientos "israelitas"

            Los asentamientos "israelitas" se caracterizan por lo siguiente:

            1. Localización geográfica: el texto bíblico, que es la única fuente disponible, proporciona la base para identificar las principales regiones del asentamiento "israelita", y que los yacimientos del Hierro I encontrados en estas regiones han sacado a la luz una cultura material con características distintivas propias, algunas de las cuales son propias de una sociedad pobre en sus prime­ras fases de sedentarización y organización.

            2. Tamaño de los yacimientos: Son relativamente pequeños. Los mayo­res, que se encuentran en Manasés, llegan a 4 u 8 Ha, mientras otros van de 0,8 Ha a 2 Ha, e incluso menos. En la bajada occidental de Efraim, cerca de Afek, el área construida se extiende desde unas pocas casas hasta 0,4 ó 0,6 Ha. .

            3.  Arquitectura y disposición interna:

1.     La mayoría no están fortificados.

2.     No hay edificios públicos (casa del gobernador, almacenes, etc.)

3.     Es típica la "casa de pilares", la "casa de cuatro habitaciones", sobre todo en la colina central. Este tipo de construcciones, característico de la época de la monarquía, se encuentra también en zonas no israelitas, como Filistea y en el Negueb central.

4.     En algunos de ellos se encuentran silos excavados para almacen de grano, una construcción típica de sociedades en fases iniciales de sedentarización.

            4. Cerámica: aparece una cerámica tosca y simple, con un reperto­rio de modelos muy limitado: la mayoría de las vasijas son las típicas "jarras de cuello redondo" (el "fósil israelita típico", como decía ALBRIGHT) y ollas.  

  La magnitud del asentamiento israelita

·        En general, la principal región del Asentamiento "Israelita" fue la parte septentrional de la colina central, entre Jerusalén y el Valle de Jezreel, especialmente en Efraím y Manasés; representan el 70 % de todos los poblados israelitas al oeste del Jordán, y el 90% de todos los lugares conocidos entre el Valle de Berseba y el Valle de Jezreel.

              1. Los comienzos

·   Finkelstein sitúa el comienzo del asentamiento "israelita" a finales del siglo XIII o principios del XII.

·  Casi toda la población se concentra en Efraím y Manasés. También se encuentran algunos yacimientos en Benjamín, Judá, Sefela norte (?), el Sarón (?) y la Baja Galilea. Entre Jerusalén y el Valle de Jezreel la activi­dad es mayor en la franja que limita al desierto, las altiplanicies y los valles desde Siló hacia el norte. Las faldas occidentales están casi despobla­das.

·  Llama poderosamente la atención la escasa ocupación de Judá. No se han encontrado muchos yacimientos, y no por error arqueológico, porque la zona ha sido ampliamente rastreada. Comparando el número de yacimientos en Judá con un área equivalente de Efraím, encontramos 10 veces más yacimientos en Efraím que en Judá.

· La misma pintura la ofrecen las regiones limítrofes con los Montes de Judá: unos pocos yacimientos en la Sefela norte; no se han encontrado yacimientos al sur de las colinas de Hebrón, y en el Valle de Berseba el asentamiento no empieza hasta el siglo XI, y en una escala muy limitada.

· La razón de la pobreza de ocupación de Judá durante todo el período del Bronce y el Hierro I se debe a razones de tipo geográfico y ecológico: la alta proporción de terreno rocoso en comparación con áreas apropiadas para la agricultura.

· La poca población que tenía Judá provenía, según Finkelstein, de las áreas principales de asentamiento en el norte, o de la sedentarización de grupos pastoriles que ya estaban activos en la región. Estos procesos tuvieron lugar a finales del Hierro I y comienzos de la Monarquía. Según Finkelstein, por tanto, Judá se coloniza desde el norte, y en un momento muy tardío. Finkelstein cree encontrar en las tradiciones bíblicas de Jueces y 1 Samuel, y por el movimiento hacia el sur que experimentan los centros cúlticos: Siló, el primer centro (contra la opinión anterior, más favorable a Siquem), Gilgal, Kiriat Yearim, Jerusalén.  

            2. Siglo XI

·        La población en la espina de la colina central se incrementa. Se necesita espacio vital para poder crecer. Los filisteos y otros elementos al norte cierran la expansión por la Sefela y el Sarón norte. Así,

            a) Se intensifica la población en diversas áreas del norte de las colinas centrales, Judá y la Baja Galilea.

            b) Se penetra en zonas deshabitadas hasta entonces:

            - La falda occidental de la colina central (haciendo frente a las dificulta­des ambientales);

            - El Valle de Berseba, Galilea occidental y la zona boscosa de la Alta Galilea.

·        Según Finkelstein, el establecimiento en esas zonas fronteri­zas obligó a unos cambios de orden socio-político que llevaron al establecimiento de la monarquía. 

            3. Finales del siglo XI y comienzos del siglo X

            Se logra dominar varias entidades cananeas en el Valle de Jezreel, y se expulsan a los filisteos de ciertas zonas de la Sefela y la costa sur. Las cada vez más frecuentes escaramuzas con sus vecinos, y la necesidad de tener un gobierno común condujo a la creación de la monarquía.  

  ¿A cuánto asciende la población israelita del Hierro I?

·        En el pasado, los estudiosos hacían uso de los censos de población que aparecen en la Biblia y de otras fuentes históricas indirectas, muchas de las cuales requieren un estudio crítico antes de que puedan ser utiliza­das sin que con ellas se lleguen a contradicciones.

            Así, por ejemplo:

            - Albright pensaba en 1925 que la población israelita al comien­zo de la monarquía era de 750.000. En 1950 pensaba que durante la monarquía unida pasó de 400.000 a 800.000. Una genera­ción o dos después de Moisés, la población israelita sería de 250.000.

            - Baron en 1971 calculaba la población en el año 1000 a.C. en 1.800.000.

            - Avi Yonah, en 1972, basándose en cifras de población de la época bizantina, calculaba la población en la época de la monar­quía en 1.300.000, y no menos de 1 millón en la época de la conquista.

·        Los cálculos de Finkelstein en sólidos datos arqueológicos. El dato principal es la superficie de los asentamientos israelitas. La superficie se multiplica por un coeficiente de población. En 1945 la población árabe de la colina central arrojaba una proporción de 200 habitantes por hectárea de terreno urbanizado; este dato puede resultar útil para nuestro cálculo. La posible existencia de grupos nómadas no modifica extraordinariamente el cálculo total, puesto que al final del período otomano, en el que la proporción de beduínos era alta, no pasaban del 15% de la población total. 

REGION

DATOS

P     E

PERIODO DEL HIE­RRO I

A        R

LUGARES CONOCI­DOS

POBLA­CION ES­TIMADA

FACTOR CORREC­TOR

Valle Berseba

      X

         X

2-3

150-200

2

Colinas de Judá

X

X        X

10 (?)

1.250

2

Sefela de Judá

X

X

2 (?)

500

3

Desierto de Judá

X

Desconocido

pocos (?)

100

3

Benajamín

X

X        X

12

2.200

1,5

Efraím

       X

X        X

122

9.650

1,25

Manasés

       X

X        X

            ± 74/96 (?)

16.500/29.000

1,25

Sarón

X

X

± 10

1.250

2

Valle del Jor­dán

X

Desconocido

17-18

2.200

2

Baja Galilea

X      X

X        X

20

2.000

1,5

Galilea occidental

       X

         X

25

2.500

1,25

Alta Galilea y Valle del Jordán norte

       X

         X

23

2.300

1,5

TOTAL

 

 

± 315

40.650

 

·        Los cálculos de Finkelstein arrojan por tanto una cifra de 40.650 habitantes sedentarios al final de la época de asentamiento y principios de la monarquía. Aplicando los coeficientes de corrección, la cifra podría subir hasta 55.000. Debemos tener en cuenta que en este cálculo se ha incluido la Sefela norte y el Sarón, de dudosa población "israelita".

·        Por otro lado, teniendo en cuenta que los asentamientos eran mucho más pequeños al inicio del período del Asentamiento, y que muchos de ellos todavía no existían, la población total al principio del asentamiento se estima en 21.000.

  ¿Cuál es el origen de los israelitas?

·        Hasta los años '60 los estudiosos miraban unánimamente hacia el desierto o las estribaciones del desierto, como el lugar de procedencia de los recién llegados; las diferencias únicamente existían en la forma en que se pensaba que estas poblaciones habían entrado en escena: por conquista militar (Albright y su escuela), o por infiltración pacífica (Alt y sus seguidores).

·        El modelo sociológico de Mendenhall y Gottwald introdujo una impor­tante novedad: los israelitas proceden de las clases explotadas de la sociedad urbana cananea del Bronce Reciente. A pesar del rechazo global de este modelo, Finkelstein comparte dos importantes puntos:

            1. Antes de que el camello fuera domesticado como animal de carga (finales del II milenio a.C.), era imposible que grupos de una magnitud importante hubieran podido vivir en los desiertos del Oriente medio.

            2. Los nómadas/pastoralistas (que guardaban rebaño menor, y no camellos) y los habitantes sedentarios son dos caras de una misma sociedad. Los dos grupos viven en proximidad y establecen relaciones mutuas económicas y sociales estables.

·          Para resolver la cuestión del origen, Finkelstein recurre al estudio de la cultura material y los esquemas de población. Los pobladores del Hierro I elaboran una cultura material bastante distinta de los pobladores de las ciudades cananeas del Bronce Reciente y su esquema de población es más propio de poblaciones pastoriles. Por tanto, su origen no puede estar en las ciudades cananeas de ese período.

·        La arqueología ha observado un descenso de población urbana en el Bronce Medio (siglo XVI a.C.), debido a factores no bien conocidos (presión demográfica, finalización de recursos naturales, confiscación de tierras, impuestos altos, inseguridad). Procesos similares se han dado en la población árabe de Palestina en los siglos XVIII y XIX de nuestra era. Posiblemente una parte de la población urbana del Bronce Medio adoptó una forma de vida nómada y pastoril.

·        En el Hierro I (finales del siglo XIII), con el cambio en las condiciones socio-económicas, esas poblaciones comienzan a sedentarizarse, a partir de la colina central. Esas condiciones pudieron ser las dificultades de sobrevivir sólo con el pastoreo, y la ruptura de la organización socio política de los habitantes sedentarios próximos a la zona donde vivían los nómadas.  

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