Caridad y Prójimo

Caridad y Prójimo


Por Samuel Bravo

samuel@catolicosfirmesensufe.org


El amor que es traducido como Caridad, tiene dos vertientes: El amor que tenemos a Dios y el amor a nuestro prójimo.

¿Quién es nuestro prójimo?

Es aquel que está más próximo a nosotros, nuestra familia, nuestros amigos, nuestros vecinos, compañeros de trabajo, compañeros de estudio y en un concepto más amplio todo ser humano.

El origen del amor es Dios mismo y este amor está fundamentado en su palabra, en el mensaje de salvación que nos  anunció nuestro Señor Jesucristo. Uno de los fundamentos son los diez mandamientos, la ley Divina dada para el hombre los cuales nos señalan del 1ero  al 3ero  el amor a Dios y del 4to  al 10mo el amor a nuestro prójimo.

El Apóstol San Juan nos explica en referencia a esto que quien dice amar a Dios a quien no puede ver, y no ama a su hermano a quien ve, el tal es mentiroso.

Si alguno dijere: Amo a Dios, pero aborrece a su hermano, miente. Pues el que no ama a su hermano, a quien ve, no es posible que ame a Dios, a quien no ve" (1Jn 4,20)

 

 

También vemos a través de la parábola del buen samaritano (Lc 10,25-39) que el Señor nos expresa como el amor a Dios debe ser algo concreto, debe ser un amor que obra y no estático. El Apóstol San Pablo también nos lo expresan en su primera carta a los Corintios, en todo el Capítulo 13 maravillosamente y a la vez en forma exigente sobre la caridad. Este capitulo es un himno a la Caridad.

 

En esta cita bíblica leemos:

 

"Si hablando lenguas de hombres y de ángeles, no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalos que retiñe

Y si teniendo el don de profecía, y conociendo los misterios todos, y toda la ciencia, y tanta fe que trasladase los montes, no tengo caridad, no soy nada." (1Co 13,1 )

 

 

Dios es amor, lo expresa San Juan y por amor nos ha creado a su imagen y semejanza; nos ha dado un corazón para que vivamos también  el amor en esa doble vertiente, el amor a Dios y el amor a nuestro prójimo.

 

También dice el apóstol San Juan:

 

Sabemos que hemos sido trasladados de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en la muerte.

Quien aborrece a su hermano es homicida, y ya sabéis que todo homicida no tiene en sí la vida eterna.

En esto hemos conocido la caridad, en que El dio su vida por nosotros; y nosotros debemos dar nuestra vida por nuestros hermanos." (1Jn 3,14-16)

 

 

Es por ello que debemos desterrar de nuestro Corazón cualquier sentimiento de odio, rencor, venganza y mala voluntad hacia cualquier persona. Debemos perdonar las ofensas que nos hagan, por graves que sean; de lo contrario no deberíamos rezar el Padre Nuestro puesto que en esta bella oración, la más completa y universal, compuesta por el mismo Cristo pedimos a Dios Padre que nos perdone nuestras ofensas  como “también notros perdonamos a los que nos ofenden”. Es  como una condición de que nos perdone pues nosotros hacemos lo mismo con nuestros semejantes.

 

Por último, y esto es contundente y para que no nos engañemos, en el Evangelio de San Mateo (Mt 25, 31-46) nos habla del Juicio Final, cuando el Señor Jesús venga como juez en su última venida, y ello revela muy bien el juicio de Dios sobre nuestro comportamiento,  nuestras actitudes hacia nuestro prójimo, nuestros hermanos, en quien Cristo está presente, y así lo bueno o malo que hagamos, al mismo Cristo se lo hacemos, de este examen sin reparación depende nuestra Salvación y que alcancemos la vida eterna  que es la razón de nuestra existencia, el logro de nuestra realización como hombres y como Cristianos llamados a la plenitud y felicidad que Cristo, nuestro Redentor y Salvador nos ofrece ¿Cómo es que hay quienes enseñan que las Obras no hacen parte de la Salvación? 

 

En este mundo lleno de egoísmo vivamos la fraternidad  cristiana. El amor llena al corazón humano de paz y alegría.



Comments