¿Confesarse durante la Misa?



Por Presbítero Manuel G. López-Corps

Normalmente en las parroquias u otros lugares de culto público encontramos el horario de las Misas, las Vísperas y de la acogida de los confesores a los penitentes. Generalmente, los viernes –día penitencial desde antiguo en la Iglesia– y los días de Cuaresma aumenta el tiempo en que los presbíteros están más disponibles para la celebración del Sacramento de la Penitencia. Con todo, se plantea la pregunta ¿confesarse durante la Misa? 

La respuesta ya vino desde la misma Santa Sede hace más de diez años. La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ante la cuestión acerca de la administración del sacramento de la Penitencia durante la Misa recordaba la Instrucción Eucharisticum mysterium (25.VI.1967). Aquí, se dice:
«Se procure encarecidamente que los fieles se acostumbren a acudir al sacramento de la Penitencia fuera de la celebración de la Misa, sobre todo en las horas señaladas, de tal manera que su celebración se haga con tranquilidad y con verdadera utilidad de los mismos y no sean estorbados en la participación activa de la misa» (n. 35). 

La misma respuesta de la Sede Apostólica (Notitiae [2001] n. 419-420), vuelve a proponer la lectura de las Observaciones previas del Ritual de la Penitencia (cf. n. 13). Y añade:
«Lo cual, no obstante, se debe entender por los pastores como un consejo para la cura pastoral de los fieles, para que no omitan exhortarles y ayudarles, de modo que pidan el sacramento de la penitencia de buen ánimo, y en la medida que puedan acudan a él fuera del tiempo y lugar de la celebración de la Misa. Por otro lado, esta norma en ningún modo prohíbe a los sacerdotes, aparte del que celebra esa Santa Misa, oír las confesiones de los fieles que lo deseen, también en el tiempo de la celebración de la Misa». 

¿Siempre fuera de la Misa?
Vemos, por lo tanto, que la Iglesia pide a los ministros exhortación catequética y ayuda a los fieles. Esto se hace con la formación en la catequesis litúrgica y con una amplia disposición a oír «en confesión a los fieles que les están confiados y lo pidan razonablemente; dándoles la oportunidad de acercarse a la confesión individual, en días y horas determinadas que les resulten asequibles» (can. 986). 
Pero, la Iglesia insta, también a los penitentes a que pidan el sacramento de la conversión de buen ánimo y, que procuren acudir a él fuera del tiempo y lugar de la celebración de la Misa. Sin embargo, la preocupación materna de la Iglesia la hace ser flexible. Por ello, en algunas ocasiones especiales (peregrinaciones, romerías, etc.), se anima a programar celebraciones comunitarias de la reconciliación con absolución individual. Si ni esto es posible –y no dándose en nuestros ambientes la posibilidad de recurrir a la absolución general– es lícito «durante las Misas solemnes, recibir confe - siones, cada vez que se prevé que los fieles pedirán este ministerio
Si se organiza una concelebración, encarecidamente se ruega que algunos sacerdotes se abstengan de la concelebración, de modo que puedan estar disponibles a los fieles que quieran acudir al sacramento de la Penitencia». 

¿Dentro de la Misa? 
En aquella respuesta la Iglesia recordaba que no es lícito unir el sacramento de la Penitencia con la santa Misa, de modo que se haga una única celebración litúrgica. Como no siempre se ha tenido esto en cuenta la Instrucción Redemptionis Sacramentum, (25. III. 2004) retoma el argumento: «Según la antiquísima tradición de la Iglesia romana, no es lícito unir el Sacramento de la Penitencia con la santa Misa y hacer así una única acción litúrgica. Esto no impide que algunos sacerdotes, independientemente de los que celebran o concelebran la Misa, escuchen las confesiones de los fieles que lo deseen, incluso mientra en el mismo lugar se celebra la Misa, para atender las necesidades de los fieles. Pero esto, hágase de manera adecuada» (n. 75). 

Notamos que, siendo claro que se puede confesar en el mismo lugar donde se está celebrando la Misa no se dice en el texto que esta opción sea la habitual para los fieles que están participando en esa celebración eucarística. Estos –si es domingo o fiesta de guardar– tienen la obligación de participar en la Misa entera (liturgia de la Palabra y liturgia del Sacrificio) cosa que no harían si se marcharan de la reunión y fueran a la sala penitencial o se acercaran al confesonario.
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