Contenido Teológico y Valores Espirituales del Santo Rosario


Fuente: http://forosreflexiones.wordpress.com/

Esta corona a la Virgen, repetitiva, es un Evangelio en miniatura que está al alcance de todas las inteligencias y de las memorias más torpes, así como de las situaciones espirituales más desangeladas y frías, y quizá porque conoce el paño es la devoción que María recomienda en sus apariciones, a manera de gran arma para la paz de nuestro tiempo.

Diversos autores han puesto de relieve el carácter teologal del rosario Efectivamente, es una oración de tal modo unida a la fe en la encarnación que puede decirse que ha nacido de ella, tanto que hacia exclamar a Newman: “El rosario es el credo hecho oración”.

CONTENIDOS TEOLÓGICOS

Los elementos teológicos sobre los que se fundamenta el rosario son:

ORACIÓN EVANGÉLICA

Del evangelio se toman las oraciones y la formulación de los misterios: el Padrenuestro es la oración enseñada por Jesús; el Avemaría combina el saludo del ángel con el elogio de Isabel, el Gloria al Padre es el desarrollo de la fórmula trinitaria pronunciada por Jesús cuando envió los discípulos al mundo (Mt 28,19). El contenido de los misterios nos presenta en síntesis las etapas fundamentales de la vida de Cristo: encarnación, pasión, gloria. Son éstos los tres elementos que san Pablo desarrolla en su carta a los Filipenses (Flp 5,11).

Vistos y sentidos con María y a través de María, se convierten en los misterios gozosos, dolorosos y gloriosos, y componen la fisonomía inconfundible del rosario, ayudando al fiel a la conservación y promoción de la fe. Sólo dos misterios, el 4º. y el 5º. gloriosos, no están documentados en la Escritura pero de ella sacan su inspiración: la asunción de María es la representación de la subida al cielo no sólo de ella, sino de todos los redimidos, que ya en la vida terrena suben allá con la esperanza y la oración; la glorificación de María y de los santos es misterio central de toda la revelación porque es el objetivo primero de la predicación de Cristo.

Él habla de gloria en el reino para cuantos han escuchado y puesto en práctica la enseñanza del Señor. María está, igual que en el cenáculo, en el centro de la iglesia triunfante.

ORACIÓN CRISTOCÉNTRICA

“La interminable alabanza que el rosario tributa a María tiene su fundamento en Jesús, en quien termina toda alabanza. Las alabanzas a ella dirigidas quieren sólo proclamar y defender con todo rigor la fe en Jesús como Dios y como hombre. Cada Avemaría dicha en eterna memoria suya nos recuerda que ha existido uno que, aun siendo felicísimo eternamente, no desdeñó el seno de una Virgen por amor a los pecadores”.

Alabando a María, en efecto, no se hace otra cosa que proclamar y anunciar continuamente la gracia por la cual ella es madre de Dios; en definitiva, anunciar y proclamar la encarnación del Hijo de Dios.

El Avemaría es incesante alabanza a Cristo, y Cristo constituye el objeto central del rosario, porque en los misterios gozosos se le ruega en su vida escondida; en los dolorosos, en su pasión y muerte, y en los gloriosos, en su exaltación participada a la madre y a la iglesia.

ORACIÓN ECLESIAL

La iglesia es el pueblo de los llamados a la salvación mediante la fe en Jesucristo. El rosario ofrece el conocimiento de Jesucristo y de su misterio de salvación y solicita de nuestra parte una adhesión humilde.

En el desarrollo de esta oración la finalidad es el acto de fe que, vivido con María, es signo más evidente de eclesialidad, ya que ella “está unida, en la estirpe de Adán, con todos los hombres que necesitan de la salvación; y no sólo eso, sino que es verdadera madre de los miembros de Cristo, por haber cooperado con su amor a que naciesen en la iglesia los fieles, que son miembros de aquella Cabeza” (LG 53).


VALORES ESPIRITUALES ANCLADOS EN LOS MOTIVOS TEOLÓGICOS PRECEDENTES, RESALTAN LOS VALORES ESPIRITUALES

ORACIÓN SENCILLA

En su evolución histórica, el rosario ha llegado a una estructura esencial que deja ver su simplicidad. Lleva a quien lo reza al centro mismo del misterio cristiano, a los datos fundamentales de la fe, a través de las oraciones más universalmente conocidas: Pater, Ave, Gloria. Es la oración de los pobres, no sólo porque puede ser practicada por los más humildes, sino también porque enseña el itinerario hacia la sencillez y pobreza de espíritu.

ORACIÓN CONTEMPLATIVA

Contemplación no es sólo la aplicación de nuestra inteligencia a un determinado tema que hace reflexionar, sino la capacidad de posar la mirada enamorada y reconocida sobre todo lo que nos rodea con una actitud de escucha, de apertura, de acogida y asentimiento.

Contemplamos la naturaleza al salir el sol, las flores y los bosques, los gozos y los dramas de los hombres… El rosario es escuela de contemplación porque nos acostumbra a mirar sucesivamente un episodio de la vida del Señor con una actitud que produce gozo, sufrimiento, exaltación sencilla y profunda que nutre el corazón y la inteligencia.

ORACIÓN DIDASCÁLICA Y CATEQUÉTICA

Además de oración, el rosario es un modo sencillo y popular de predicación y presentación de la fe misma. Es una forma privilegiada de pedagogía y catequesis; y, como todas las obras inspiradas, une a la absoluta simplicidad y transparencia el valor enorme de presentar el kerigma que nos ha sido dado como única salvación.

Es un predicar que solicita el asentimiento del hombre, como el anuncio del ángel solicitó el asentimiento de María. Guía el alma hacia la asimilación de los misterios y de las verdades evangélicas de que está impregnado.

ORACIÓN QUE RESPETA LOS RITMOS DE LA VIDA

La repetición de las Avemarías es un obstáculo para algunos; pero quizá más supuesto que real. La repetición del Ave es como una larga Avemaría que se extiende hacia el infinito, una alabanza sin fin que continuaremos más allá de la hora de nuestra muerte en la patria bienaventurada.

El ritmo pretende entretenernos con Dios, algo así como regular nuestro coloquio con él, al objeto de hacer nuestro movimiento interior más reposado, más pleno. Tiende a procurar una íntima unión con la Virgen para entrar con ella en el misterio de Cristo; y nos invita a imitarla, como ella, a su vez, fue imitadora de Cristo.

Y todo esto es considerado no bajo un aspecto sentimental, sino funcional. Es repetición de un acto de amor: ave, ave, ave…, que se prolonga y encuentra descanso en una contemplación que se hace gozo y alimento del alma, hambrienta y sedienta de salvación absoluta y verdadera. Representa, además, una transfiguración de la vida cristiana en sus ritmos de gozo, dolor y gloria.

Pone ante los ojos la vocación, la lucha, el sacrificio, la victoria, entendidos evangélicamente. El alma que reza el rosario sabiamente regenera el tejido de su existencia a la luz de la vida de Cristo y de María.

ORACIÓN CREATIVA

Nos lleva continuamente a poner en relación, a verificar si nuestros sentimientos son los sentimientos de Cristo, si nuestro obrar es como su obrar, si nuestros pensamientos son sus pensamientos, los de él, que es Señor de la vida y maestro de la existencia. En este continuo parangón van desapareciendo las escorias de nuestra vida y tiene lugar una purificación que nos hace disponibles a la voluntad de Dios.

¿Es acaso una casualidad que los grandes misioneros y los artífices de profundas reformas en la iglesia fueran personas que rezaban el rosario (Cottolengo, don Bosco, el papa Juan XXIII, etc.)

ORACIÓN QUE NOS INTRODUCE EN LA LITURGIA

Existe un estrecho nexo entre liturgia y rosario. Como la liturgia, el rosario tiene índole comunitaria, se nutre de la Escritura, gravita en torno al misterio de Cristo. La anámnesis de la liturgia y la memoria contemplativa del rosario tienen por objeto el mismo misterio salvífico de Cristo. El rosario participa del sacrificium laudis a la Trinidad.



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