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El Amor No es un sentimiento



¿Te ríes porque te digo que tienes "vocación matrimonial"? —Pues la tienes: así, vocación.

     Encomiéndate a San Rafael, para que te conduzca castamente hasta el fin del camino, como a Tobías.

San José María Escriva de Balaguer

Por Raúl Alonso
Es sin duda una expresión que a muchos sonará como algo contradictorio, el mundo nos dice que el amor es un mero sentimiento, pero no puedo entender como alguien cree eso, los sentimientos humanos es de lo más voluble que existe! Sabemos que a veces "amanecemos de buenas" o "de malas", "andamos con la depre", andamos más sensibles, andamos enojados y no sabemos ni porque, o muy contentos etc, etc y miles de etc.. El amor pues no puede sólo ser un sentimiento.

Cuando nos convencemos de que es sólo un sentimiento escuchamos frase que aceptamos como válidas según el mundo:

"se murió el amor" es una frase trillada de las parejas que ya están por divorciarse, "encontré el amor en otra(o) mujer/hombre". Si esto fuera cierto, si ya no hay amor, pues no habría amor para nadie más! Que falsedad! Cuando alguien dice "se acabó el amor", en realidad dice "Elegí no amarte más"

Vemos todo el tiempo en películas en donde nos dicen que el amor puede terminar, nos convencen las historias de “amor” en donde se nos muestra por ejemplo a una mujer casada quien es humillada por su marido, y así logran JUSTIFICAR que busque o encuentre a “otro amor” claro la imagen de ese nuevo amor es siempre un galán de película, quien la trata como debería de tratarla su marido, la enamora, y al final viven felices para siempre. La realidad es muy distinta, cada infiel tiene su propia justificación, viven bajo la mentira, y cuando son descubiertos la salida más fácil es decir “se murió el amor” o “encontré al amor de mi vida en alguien más”

Para los cristianos, sabemos que Dios es amor, y sabemos es eterno e infinito, y Dios siendo la fuente de amor podemos obtener amor de manera infinita.

Nosotros al amar ELEGIMOS obrar, elegimos amar a alguien o elegimos no amarlo. Es nuestra voluntad sujeta al AMOR a Dios.

El amor al ser una elección es un acto consiente que hacemos, el cual al unirlo a Cristo nos eleva a Dios. No es suerte, no es mala suerte, es tomar responsabilidad sobre lo que queremos. ¿Quieres que tu matrimonio perdure? Elige amar a tu pareja, así con todos sus defectos, si ambos lo hacen los matrimonios serán felices, no habría divorcios.

Cuando estamos de novios no le vemos los defectos a nuestra pareja, eso es el enamoramiento, etapa normal en el noviazgo y primeros años de matrimonio. Ese enamoramiento si se acaba, y comenzamos a ver los defectos de la pareja...... Como si nosotros no tuviéramos!! Después de esa etapa de enamoramiento elegimos seguir amando, o elegimos no amar. A veces si somos tentados y caemos podemos usar esos defectos como un simple PRETEXO, y elegimos no amar a ese cónyuge,  elegimos no valorar a nuestra pareja. 

Como somos Libres  en nuestro libre albedrío debemos de elegir amar, ese acto es virtuoso porque lo hacemos en Dios, cooperando con esa gracia que recibimos de Él. 

Los matrimonios debemos de pedir a Dios dones y gracias para poder donarnos a la pareja y santificarnos juntos, y juntos formar la Iglesia doméstica. El Matrimonio al ser un sacramento nos puede santificar y por tanto llevarnos al Cielo.

 San Pablo decía que la mayor virtud es el amor. Sin amor nada soy. El mundo sería mucho mejor si hiciéramos caso a esto.

 Mateo 19,5-6, "el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre".

¿Cómo debemos de amar a nuestro cónyuge?

La palabra de Dios es clara al respecto, Efesios 5,25-28 "Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama.

Vaya! Debemos de amar a nuestra esposa nada más y nada menos que como Cristo ama a su Iglesia. Para detenernos a reflexionar ¿verdad?

¿Pero como debe de amar la mujer a su marido?

Efesios 5,22-24, "Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo".

¿Quiere eso una subordinación en dignidad al marido? 

No, de ninguna manera, el marido es la cabeza de la Iglesia doméstica, tenemos exactamente la misma dignidad, pero cumplimos funciones distintas. Debemos de dejar claro que evidentemente NO se refiere a un silencio absoluto, sino al silencio prudente que las mujeres de otros sitios guardaban, se puede entender, en los momentos y circunstancias indicados. Al no guardarse ese prudente silencio por parte de las mujeres corintias, se tenía desorden en la asamblea, justo como al querer hablar todos los que sentían el don de profecía, se producía desorden, de donde San Pablo pide que tan sólo hablen unos pocos y no todos. 

No parece descabellada la interpretación de que San Pablo NO está dictando en nombre de Dios (porque más adelante dice que todos estos mandatos vienen del Señor) una prohibición absoluta generalizada para todas las mujeres. Sino simplemente está dictando una serie de normas para llamar al orden a todos los corintios. Y entre estas normas está la de llamar al orden a las mujeres corintias las que se ve que, a diferencia de las mujeres de otras Iglesias, simplemente no sabían guardar silencio en el momento en que debían.

¿Es misógina esa cita? No! El matrimonio requiere sumisión por parte de los dos. Está en la Biblia, Efesios 5,21,
"Someteos unos a otros en el temor de Dios".
 
A nuestras mujeres debemos de tratarlas bien

Colosenses 3,19, "Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas".

Dios nos pide paciencia a ambos

Efesios 4,2-3, "Con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz".

 San Pablo nos describe lo que es el AMOR

“Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe. 

Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada.

Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada.
El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tienen en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad.
 


El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. 
El amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá; porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías, limitadas
.

Veamos la lista de lo que es el amor:
Paciente
No es envidioso
No hace alarde
No se envanece
No procede con bajeza
No busca su propio interés
No se irrita
No tiene en cuenta el mal recibido
No se alegra con la injusticia
se regocija con la verdad

Hagamos un ejercicio de introspección aquí, ¿Amamos realmente?

¿Cuál es según Jesús el acto que demuestra el amor más grande?

Jn 15,13 Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos.

Entonces ¿Qué pasa con todos esos problemas que tenemos durante el paso de los años?

De entrada sabemos que las relaciones humanas son complejas, y que en el matrimonio siendo la Iglesia doméstica es un sacramento muy atacado por el enemigo, es por ello que las ofensas entre conyugues duelen más que las de otros no tan cercanos, es donde debemos de acudir a Dios JUNTOS para santificarse, es necesario pues, como cristianos acercarnos a los sacramentos, estar en gracia es una herramienta Divina muy grande, estando confesados y comulgando tan seguido como se pueda nos dará la gracia tan necesaria para que el amor no acabe, cooperemos con  la gracia y elijamos amar, vivamos una
vida interior fuerte, seamos valientes para lograr esa meta: Ser Santos, como Jesús, revistámonos de las armadura de la Fe para poder logra ser santos, y encausar a la santidad a nuestros hijos. Que nuestros matrimonios sean siempre consagrados a Dios, pidamos a Nuestro Señor sus dones y gracias para santificarnos en esa vía de santificación.

Les recomiendo esta simple pero profunda oración

Señor, te lo suplico, concede a mi esposo(a) N, la gracia de hacer la experiencia de tu amor,
y que al final de su vida alcance la salvación eterna.
María, pongo esta intención en tus manos.


Y está un poco más larga, pero muy emotiva, especialmente cuando enfrenten dificultades y mejor aún de rodillas ante el Santísimo expuesto

Salmo por el Matrimonio

Ayúdanos a desanudar esta madeja terrible...

 

Señora mía¡ Madre Santa de Dios! 
muy confiado en la protección de tu influjo, 
Luz del Espíritu Santo pido tu singular custodia y tu seno Maternal, que intercedas por la unión. 

Tu, que con generosa gracia, 
deshaces los nudos complejos de la vida conyugal, 
Hoy te ruego por la mía; 
por faltas nuestras tejido , 
una maraña de escollos en la cinta del amor, 
por culpa nuestra, he llegado a la angustia y desazón, 
que la existencia torna en sórdida y atribulada; 
¡Mira aquí, Madre Nuestra!, 

Tus hijos somos; 
Perdona nuestros errores, 
ayúdanos a desanudar esta madeja terrible, 
tú eres compasiva, sufrida y Santa 
Mujer!, 
Madre del Cristo hasta en la Cruz; 
Nosotros somos el hijo que Él te ha señalado, 
con toda esperanza, consuelo, 
con angustiosa carencia, pido tu intercesión, 
¡Madre de toda pureza! 
es mi deseo enmendar, 
desatando los nudos, que agobia a mi pareja; 
¡Tu! junto al Hijo, Señor Nuestro, 
por mi matrimonio intercede, 
que renovada la cinta sea, y los votos restaurar; 
¡Dame Madre mía hoy, una oportunidad ! 
el lazo no romperé, conque Dios ha unido, 
con el amor te suplico, afecto y devoción, 
con la que celebro tu santísima Concepción, 
Aceptes en tu gracia a mí; 
que por tu poderosa ayuda, 
ante el único Mediador, y por tus méritos 
dispongan, se encaminen mis cosas y 
estos nudos se deshagan, fruto de la vil ofensa, 
Obra a tu Voluntad, tus humildes hijos suplican, 
conseguir la paz armoniosa, 
que nuestro hogar requiere, 
por ejemplo tomare, al que en Nazaret 
construyeron, 
¡Oh! Sagrada Familia, 
Estable, Santo Modelo, 
con el Amor Maternal, 
fraterna e intima unión, 
Del Hijo del Hombre, su Madre, 
y San José carpintero. 
En tu inmenso y Maternal Amor, 
Bienaventurada Virgen María, 
la que desarmas los nudos, Socórrenos, 
Auxílianos, Aconséjanos, por nosotros. 

Aboga y el camino ilumina, 
hacia el fin de vida plena, 
Tómame en tu seno Madre mía, 
a merecer tu Santidad Materna 
que por tus méritos gozas, 
con tu Hijo, Nuestro Señor, El supremo Hacedor. 

Dios te salve, Hija de Dios Padre. 
Dios te Salve, Madre de Dios Hijo. 
Dios te Salve, Esposa del Espíritu Santo. 
Amén. 

"que el hombre no deshaga lo que Dios unió" 
MADRE DEL BUEN CONSEJO, QUE DESATAS LOS NUDOS 
EN LA CINTA DE LA VIDA CONYUGAL 



Espero les sea de utilidad

Bendiciones en Cristo y María Santísima Theotokos

Les recomiendo que lean este extracto.

CARTA APOSTÓLICA 
MULIERIS DIGNITATEM 
DEL SUMO PONTÍFICE 
JUAN PABLO II 
SOBRE LA DIGNIDAD Y LA VOCACIÓN 
DE LA MUJER CON OCASIÓN DEL AÑO MARIANO 
La «novedad» evangélica 
24. El texto se dirige a los esposos, como mujeres y hombres concretos, y les recuerda el «ethos» del amor esponsal que se remonta a la institución divina del matrimonio desde el «principio». A la verdad de esta institución responde la exhortación «maridos, amad a vuestras mujeres», amadlas como exigencia de esa unión especial y única, mediante la cual el hombre y la mujer llegan a ser «una sola carne» en el matrimonio (Gén 2, 24; Ef 5, 31). 
En este amor se da una afirmación fundamental de la mujer como persona, una afirmación gracias a la cual la personalidad femenina puede desarrollarse y enriquecerse plenamente. Así actúa Cristo como esposo de la Iglesia, deseando que ella
sea «resplandeciente, sin mancha ni arruga» (Ef 5, 27). Se puede decir que aquí se recoge plenamente todo lo que constituye «el estilo» de Cristo al tratar a la mujer. El marido tendría que hacer suyos los elementos de este estilo con su esposa; y, de modo análogo, debería hacerlo el hombre, en cualquier situación, con la mujer. De esta manera ambos, mujer y hombre, realizan el «don sincero de sí mismos». 
El autor de la Carta a los Efesios no ve ninguna contradicción entre una exhortación formulada de esta manera y la constatación de que «las mujeres (estén sumisas) a sus maridos, como al Señor, porque el marido es cabeza de la mujer» (5, 22-23a). 
El autor sabe que este planteamiento, tan profundamente arraigado en la costumbre y en la tradición religiosa de su tiempo, ha de entenderse y realizarse de un modo nuevo: como una «sumisión recíproca en el temor de Cristo» (cf. Ef 5, 21), tanto más que al marido se le llama «cabeza» de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia, y lo es para entregarse «a sí mismo por ella» (Ef 5, 25), e incluso para dar la propia vida por ella. PERO MIENTRAS QUE EN LA RELACIÓN CRISTO-IGLESIA LA SUMISIÓN ES SÓLO DE LA IGLESIA, EN LA RELACIÓN MARIDO-MUJER LA «SUMISIÓN» NO ES UNILATERAL, SINO RECÍPROCA. 
En relación a lo «antiguo», esto es evidentemente «nuevo»: es la novedad evangélica. Encontramos diversos textos en los cuales los escritos apostólicos expresan esta novedad, si bien en ellos se percibe aún lo «antiguo», es decir, lo que está enraizado en la tradición religiosa de Israel, en su modo de comprender y de explicar los textos sagrados, como por ejemplo el del Génesis (c. 2).(49) 
Las cartas apostólicas van dirigidas a personas que viven en un ambiente con el mismo modo de pensar y de actuar. La «novedad» de Cristo es un hecho; constituye el inequivocable contenido del mensaje evangélico y es fruto de la redención. 
Pero al mismo tiempo, la convicción de que en el matrimonio se da la «recíproca sumisión de los esposos en el temor de Cristo» y no solamente la «sumisión» de la mujer al marido, ha de abrirse camino gradualmente en los corazones, en las conciencias, en el comportamiento, en las costumbres. 
Se trata de una llamada que, desde entonces, no cesa de apremiar a las generaciones que se han ido sucediendo, una llamada que los hombres deben acoger siempre de nuevo. 
El Apóstol escribió no solamente que: «En Jesucristo (...) no hay ya hombre ni mujer», sino también «no hay esclavo ni libre». Y sin embargo ¡cuántas generaciones han sido necesarias para que, en la historia de la humanidad, este principio se llevara a la práctica con la abolición de la esclavitud! Y ¿qué decir de tantas formas de esclavitud a las que están sometidos hombres y pueblos, y que todavía no han desaparecido de la escena de la historia.

Fuentes
http://es.catholic.net/aprendeaorar/688/2885/articulo.php?id=4115
http://es.catholic.net/religiosas/958/3242/articulo.php?id=56084

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