Cristo sana a través del corazón de María


Por Eucaris Causil

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Muchas veces me he puesto a pensar cual era el motivo que tenía Jesús para dejar a su madre en esta tierra, en medio de la problemática que giraba en torno a su Nombre y al peligro que representaba para la gente del sanedrín. Pienso además, que como todo hijo tenía el deseo de proteger a su madre y quizás quiso llevársela en el momento de su ascensión, pues no tenía hermanos ni nadie que se responsabilizara por ella; sin embargo una razón poderosa lo llevó a entregársela a San Juan; al irse Jesús de este mundo dejaba solos a los suyos y María era el soporte, el consuelo que ellos debían tener, María era la Madre no solo de los apóstoles sino de la iglesia, de esa iglesia que apenas nacía, que estaba muy niña y tenía la necesidad de ser amamanta, consentida y cuidada, y nadie mejor que la virgen para hacerlo.

María tenía en su corazón todo lo que la Iglesia necesitaba para crecer; eran tiempos difíciles y llenos de persecución, se necesitaban unas manos llenas de amor para proteger a todo el que llegaba sin esperanza, se necesitaba un espíritu fuerte y confiado en Dios para soportar las adversidades, se necesitaba un corazón lleno de valentía para darles fuerza y valor.

María por ser la madre de Cristo no solamente compartía su sangre sino sus rasgos físicos, la piedad popular siempre lo representó así: Jesús era igual de hermoso que su Madre, los discípulos en momentos de angustia al refugiarse en María, veían  en ella los ojos de su Maestro, su dulzura al hablar y tal vez solo tal vez la sonrisa de Jesús.

Ese fue el propósito de la permanencia de María después de la muerte de Cristo, su función fue de acoger, proteger, alimentar, socorrer y fortalecer a todos los que acudían a ella y en los tiempos de hoy eso no ha cambiado, porque sigue en el mismo plan,  todo el que se acoge a ella, es automáticamente llevado a los pies de su hijo, todo el que se deja tocar por ella, jamás y nunca volverá a ser el mismo, porque la Virgen María transforma y renueva.

Pero muchos pensaran que eso lo hace Jesús y es cierto, la Sangre de Cristo transforma y renueva del todo, puesto que el hace todo nuevo ( Apoc. 21,5). Pero la Virgen prepara el camino y te sostiene para que no caigas y no te canses, ya que el camino de la salvación a través de Cristo es fuerte así como lo fue su Pasión.

La Pasión de Cristo también la sintió María, dice el Apóstol San Juan (Jua. 19,25), que estaba a los pies de la cruz, desde su corazón sintió cada látigo, cada clavo, cada gota de sangre derramada por Cristo, en el libro de revelaciones de Santa Brígida encontré que la Virgen le revela que no fue una espada sino cinco que atravesaron un corazón:

La primera espada es la desnudez de su hijo al momento de la flagelación: en la época de Jesús ellos no utilizaban ropa interior sino una túnica que era su único traje y los escribas, los fariseos y burócratas utilizaban encima de su túnica un manto con orla en las orillas, al Jesús quitarse la tunica quedó completamente desnudo delante de todos, Maria sufrió la humillación que pisotearan la dignidad de Jesús, el respeto por su intimidad. Muchos de nosotros hemos pasado por ese momento, cuando alguien nos desnuda delante de la gente y pisotean nuestra dignidad, nuestro nombre y reputación, quedamos tan mal que no somos capaces de levantar la cabeza por el dolor y la impotencia que se siente en esos momentos.

La segunda espada es la acusación que se hace a Jesús, el cual fue condenado por perfidia, traición y falsedad, Él un hombre justo fue condenado y crucificado precisamente por lo que jamás había sido, fue una injusticia, injusticia que vivimos constantemente en nuestras vidas, en el hogar, en el trabajo y con nuestros familiares, cuando no somos valorados,  cuando somos victimas de maltrato físico y verbal; mujeres casadas que viven un infierno en su casa por culpa de su suegra o de su propio esposo, empleados trabajando sin ánimo por el trato que reciben de su jefe, cuantos de nosotros no estamos en esta situación recibiendo un mal trato sin razón alguna, sin merecerlo.

La tercera espada es la coronación de su hijo, le hicieron bajar su cabeza y con dolor le hirieron su orgullo, las mismas coronas nos colocan cuando nos insultan, nos menosprecian y nos hieren con palabras ofensivas, también nosotros coronamos a los seres que queremos no sabiéndolos tratar e hiriéndolos de la misma forma, somos a veces tan altivos y prepotentes al hablar que no nos damos cuenta de la herida que hemos dejado en el corazón de nuestro prójimo, nuestra Madre entiende ese dolor porque también lo vivió.

La cuarta espada es la soledad que sintió su hijo al momento de exclamar”Padre porqué me has abandonado”, en el momento de la crucifixión de Jesús muchos de los que estaban en el pueblo blasfemaban y le decían cosas horribles y maltrataban de palabras a María, fue un momento en que su hijo sintió dolor y ausencia de la presencia de Dios al recibir en su cuerpo el pecado del hombre, del mismo modo cuando padecemos de una enfermedad y no hallamos consuelo ni en pastillas ni en tratamiento nos sentimos solos, angustiados, sintiendo que oramos pero no somos escuchados por Dios, porque la enfermedad no desaparece o porque la situación horrible que estás viviendo no se arregla sino más bien que empeora.

La quinta espada es su amarguísima muerte, porque ella lo recibe peor que un leproso y se acordaba de la promesa de Dios, y pensaba en la voluntad de Dios, pasó tres días sin su hijo, antes de su resurrección, esos días nublados y oscuros sin su hijo son comparados con los momentos angustiantes que pasamos en una situación difícil, donde no entendemos la voluntad de Dios, buscamos respuestas, pero en nuestra lógica y discernimiento no vemos la razón, nos desesperamos frente al silencio de Dios y nos sentimos completamente solos dudando de la existencia de Dios.

Son muchos los momentos difíciles por los que pasamos en esta vida, y en cada situación creemos que sólo nosotros la estamos viviendo o que sólo nos pasa a nosotros, pero fíjense como solamente en la Pasión de Nuestro Señor, la Virgen María vive cada situación dolorosa, estoy totalmente segura que no hay nadie como ella para entendernos y guiarnos en el camino, nadie más que ella para enseñarnos a comprender la voluntad de Dios y su propósito en nuestra vida.

Pero sobretodo hay que aprender de ella como cada situación no la llevaba al desespero sino más bien la acercaba más a Dios, admiro su capacidad para no cuestionar cada situación vivida, teniendo todos los derechos del mundo para hacerlo, creo que cuando el ángel le dijo que iba a ser la madre del Salvador del mundo y viendo en sus brazos crecer de manera hermosa a ese Dios, nunca pensó que en esos mismos brazos que lo arrullaron lo iba a tener 39 años después muerto y hecho un despojo humano, creo que en ese momento la Virgen no entendía dónde estaba la salvación del mundo.

Pero lo sorprendente es como cada situación la meditaba llevándola a su corazón, el evangelista resaltó esa parte de María y por ello decidió dejarlo plasmado en la Sagrada Escritura, con esa sencilla frase, decía todo lo que ella es.

Marcos 2,19 María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón.

Marcos 2.51 Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón.

Cuando se es capaz de soportar un dolor, meditarlo y guardar todo sentimiento suscitado, por guardarle fidelidad a alguien, en este caso Dios, es porque se ha alcanzado un grado de comunicación muy alto y esto es lo que debemos pedirle a la Virgen, que nos asista en nuestras oraciones, que nos llene de ese amor y disponga nuestro corazón para que ella nos regale la gracia de soportar, comprender y guardar nuestro dolor, que lo podamos ofrecer por nuestros pecados, que suframos con amor sabiendo que con ello nos purificamos y nos acercamos más a Dios. 

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