De oruga a mariposa

 

 

Los lepidópteros en un momento de su desarrollo se transforman en crisálida, a la cual llaman también capullo o pupa, la oruga se envuelve en un capullo hecho por ella misma, algunas veces, el capullo es construido con diversos materiales, como hojas, ramitas secas o simplemente con la seda producida por la oruga. El capullo puede ser depositado en el envés de las hojas, en la parte superior de las hojas, en los tallos de las plantas o en el piso. Parecería que durante esta etapa la oruga es vulnerable, pero no es así puesto que el capullo se mimetiza con el ambiente que le rodea, es decir, está camuflado para pasar desapercibido ante posibles depredadores. La etapa dentro del capullo es muy variable, esto se debe a que la oruga permanecerá en él hasta que considere que las condiciones climáticas son propicias para subsistir.

 

Y esta transformación que hace la oruga para volverse mariposa, es lo que debe suceder en nosotros en Semana Santa, pues la Iglesia nos invita a dejar el pecado, nos invita a alimentar el espíritu, nos invita a buscar a Dios, y precisamente ese tiempo que dura la oruga envuelto en el capullo, es el tiempo en el cual debemos volvernos hacia nosotros, mirar nuestro espíritu para vivir mejor los días de contrición, de arrepentimiento y de reflexión, que se llaman Cuaresma, cuarenta días de preparación para vivir con intensidad la Semana Mayor para la Pascua de Resurrección.

 

Esta Cuaresma debe ser para nosotros esa etapa de crisálida, donde debemos envolvernos con todas las armas que nos dejó Cristo, materiales fuertes como la confesión, el ayuno, la abstinencia nos ayudan a formar ese capullo donde nos vamos a ir transformando, por ello ese capullo debe ser construido también con una seda muy fuerte,  la cual nosotros somos capaces de producirla; esa seda es la  oración.

 

Hermanos en nuestro camino al Señor pasamos por muchas fases, de las cuales cada una nos ha forjado el carácter, limado resabios y sanando heridas, pero cada fase nos lleva a una transformación, somos orugas buscando el camino para esa transformación, por ello desde el cielo Dios nos manda su “gracia” para ayudarnos, para mover nuestra voluntad hacia lo bueno, hacia lo que nos haga crecer espiritualmente, porque Dios no quiere que seamos orugas, Él quiere vernos volar como mariposas, que podamos extender nuestras alas y Él pueda pintar en ellas los más bellos colores, las más bellas formas, que volemos al compás del Espíritu Santo y posemos en las rosas de su jardín, que las hizo sólo para nosotros. Toda nuestra vida debe estar dentro de ese capullo hasta que por gracia de Dios, nos transformemos en mariposas.

 

Por ello San Pablo en la cartas a los Hebreos 12;1-4. Nos dice “…Depongamos, pues, toda la carga inútil y en especial las amarras al pecado, para correr hasta el final la prueba que nos espera, fijos los ojos en Jesús que organiza esta carrera de la fe y la premia al final. El escogió la cruz en vez de la felicidad que se le ofrecía; no tuvo miedo a la humillación y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Piensen en Jesús, que sufrió tantas contradicciones de parte de gente mala y no les faltarán las fuerzas ni el ánimo. Ustedes se enfrentan con el mal, pero todavía no han tenido que resistir hasta la sangre.”

 

San Pablo nos exhorta a que dejemos toda esa carga inútil, ostentaciones y cosas materiales que colocamos en el puesto de Dios, por las cuales nos matamos, nos desgastamos y al final de cuentas aquí se quedan, porque de esta tierra nada nos llevamos, pero la vida espiritual y la búsqueda del Señor la dejamos rezagada, y no es porque nos falte la gracia de Dios, pues Él en su infinita misericordia siempre inquieta nuestro espíritu para hacer el bien o para hacer un alto en el camino, pero rechazamos esa ayuda de Dios o la dejamos para más tarde y al final se nos olvida y terminamos más ahogados en nuestra propia vida, no dejamos espacio para el obrar de Dios.

 

Nuestros ojos deben estar fijos en Jesús, no sólo debemos meditar su pasión en Semana Santa, sino es algo que debemos llevar en nuestro corazón, para que esa entrega de Jesús nos anime a seguir hacia adelante, nos llene de fuerzas para sostenernos y abrirnos a la gracia de Dios, pues sólo así, dejando que Dios obre en mi vida, seré salva. La salvación es el regalo que nos está esperando al final del camino, es nuestro premio.

 

Y Así como Jesús escogió la cruz, nosotros también debemos escogerla, creemos que la conversión sólo basta con reconocer nuestro pecado y queremos hacer borrón y cuenta nueva, como si todo fuera tan fácil, si dejamos que Dios enderece nuestro presente, también debemos dejar que enderece nuestro pasado, miremos hacia atrás; a cuánta gente herimos, cuántas lágrimas se derramaron por nuestra intransigencia y altivez. Pedimos perdón a Dios por aquellos que nos hacen mal. Y el mal que hicimos nosotros?

 

Hermanos así como Jesús no tuvo miedo a la humillación,  nosotros tampoco la debemos tener para pedir perdón, pero por nuestras propias fuerzas no lo vamos a hacer, porque prevalece más el orgullo. Cuando nos convertimos nos damos golpes de pecho y en cada Eucaristía nos arrepentimos, pero eso no es todo, porque debemos completar ese arrepentimiento con enmendar nuestro error, y si la persona a quien ofendí aún vive con más razón debo pedir perdón antes de ir a la casa del Señor, hice varias prédicas respecto al perdón, cómo debemos entregarle todo al Señor y perdonar las ofensas, pero nunca había reflexionado hacía el perdón que yo debo pedir por mis errores y pecados.

 

Cuando ofendimos y dañamos, actuamos contra el Señor (Mt 25;35), porque Él habita en todos, El Señor perdona nuestros pecados, pero también debemos buscar el perdón de aquellos a quienes herimos, pues cargan con resentimiento y con dolor por nuestra causa, por aquella discusión que llegó a las palabras, o por aquella deuda que se quedó sin pagar, o por aquel comentario que no nos gustó y por eso actuamos y ofendimos, y ese resentimiento y ese dolor no cesarán hasta que busquemos la reconciliación con ese familiar o con ese amigo. Si pedimos perdón no sólo descansa nuestro espíritu sino también el de aquel a quien ofendimos.

 

Hermanos nuestra conversión debe ser completa y Dios no hace las cosas a medias, pues Él hará todo lo posible para la salvación de nuestras almas, por ello cada instante en el cual sientas que tu corazón se mueve hacia la reconciliación, no vaciles, hazlo. No pienses en tu orgullo, con el mismo valor que cometimos la falta, con ese mismo valor debemos enmendarlo. Cuando sientas que tu corazón te lleva a la oración, despierta! Que Dios te está llamando, Dios te está mandando su gracia para salvarte, y debes responder enseguida. Nuestros sentidos deben estar alerta a la misericordia de Dios, para discernir el camino que Dios quiere que tome.

 

Ahora bien, muchas veces el pecado que habita en nosotros no deja que nuestros ojos vean al Señor y que nuestro espíritu no lo pueda sentir, por ello debemos clamarle al Señor que nos regale su gracia, para que esa gracia mueva nuestra voluntad a arrepentirnos de nuestros pecado, hagamos actos de contrición y ayuno, busquemos la tranquilidad del alma por medio de la confesión y dejemos que Dios actúe, algo que me llama mucho la atención en el proceso de metamorfosis, es que durante este tiempo la oruga NO SE ALIMENTA y sufre grandes cambios metabólicos y morfológicos, primero sufre los cambios internos y después los cambios externos, esta cuaresma debemos ser capaces de no alimentarnos del mundo, de interiorizarnos en el ayuno y de sumergirnos en la Palabra de Dios, en cambio se producirá desde adentro, pues las viejas cadenas se rompen, los vicios se evaporan, el orgullo y el ego se desintegran totalmente y nuestra mente da un giro y cambia nuestro pensamiento.

 

Una vez hecho el cambio interior, una vez doblegado el espíritu, tu exterior cambia, una capa de hermosura te envuelve y la luz que sale de tu interior contrasta con el ambiente y da tonalidades bellísimas, como el color de las alas, nadie te reconocerá porque algo en ti cambió y ya nunca miraras igual y hablarás igual porque estás lleno del Espíritu Santo, esto era lo que sucedía en los hombres y mujeres buenos que llegaron a ser santos, tu y yo también podemos llegar a serlo.

 

Saben otro dato curioso de las mariposas, es que una vez sufren la transformación o llegan a la edad adulta, su vida es breve pues sólo duran el tiempo necesario para asegurar su reproducción, a veces sólo dura un día.

 

Eso es lo que venimos a hacer en este mundo, transformarnos de oruga en mariposa para el Señor, con mi esposo meditaba que Dios nos manda en esta tierra para purgar nuestros pecados aquí y no tener que pasar por el purgatorio, pero desafortunadamente hoy ha cambiado hasta ese concepto, pues pensamos que esta tierra es para disfrutar y gozar solamente, San Agustín decía: “Dios nos regala esta vida para buscarlo….” Y es cierto nuestro andar debe estar dirigido hacia el Señor, no venimos aquí a amontonar bienes, o hacernos esclavos de nuestro propio cuerpo, ni mucho menos para adorar a otros dioses. Estamos aquí por Él, para Él y con Él.

 

¿Queremos que esta vida cambie? Pues tengan la certeza que El Señor nos ayudará a salir del abismo en que estamos, nos limpiará de ese lodo y nos regalará nuevos vestidos. El Salmo 138 reza “El día en que clamé, me respondiste y aumentaste la fuerza en mi alma” y el Salmo 120 dice “Al Señor en medio de mi angustia yo clamé y él me respondió...”, nuestra oración no quedará sin respuesta, el Señor siempre nos vigila y espera nuestro regreso, porque “No se duerme el que guarda a Israel” Salmo 121.

 

“Tu eres Israel. Y Yahvé… es tu Dios?”

 

 

Eucaris Causil.

Comments