Decálogo Cuaresmal

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Por: P. Javier Leoz

 

1.-  «El último enemigo en ser destruido será la Muerte». (1 Cor 15, 26)

Lee la Pasión de Jesús. Contémplala en el silencio. ¿Sabes que el Señor murió por Ti? Qué bueno sería que, la Biblia –que tal vez la tienes como adorno en una estantería o recogida en algún armario– cumpliera con su función: Dios quiere decirte algo. El quiere darte VIDA.

 

2.- «Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os suplicamos: ¡reconciliaos con Dios!». (2 Cor 5, 20)

Los pecados nos inmovilizan y nos apartan de Dios. ¿Cuánto hace que no te confiesas? ¿Qué lo haces directamente con Dios?

Cuando estás enfermo ¿También te automedicas?

 

3.- «Mirad: el que siembra con mezquindad, cosechará también con mezquindad; el que siembra en abundancia, cosechará también en abundancia». (2 Cor 9, 6)

Un cristiano sin caridad es como un lago sin agua. Procura ayudar a quien tú creas que está necesitado. No te justifiques afirmando “hoy día no hay pobres”. Poder es querer.

 

4.- «Si hay que gloriarse, en mi flaqueza me gloriaré». (2 Cor 11, 30)

Ejercita la humildad. No siempre tienes la razón en todo ni por todo. Mirando a Jesús es cuando comprendemos que somos muy pequeños. ¿Por qué nos hacemos tan grandes?

 

5.- «Por eso me complazco en mis flaquezas, en las injurias, en las necesidades, en las persecuciones y las angustias sufridas por Cristo; pues, cuando estoy débil, entonces es cuando soy fuerte». (2 Cor 12, 10)

No te avergüences de tu fe. Manifiéstala allá donde te encuentres. ¿Qué no es fácil? Mira a la cruz y, en la cruz, encontrarás a uno que tampoco se encontró un camino de rosas en su vida.

 

6.- «Aspirad a las cosas de arriba, no a las de la tierra». (Col 3, 2)

Practica la oración. Hazte con un libro de meditación cristiana. No te limites a repetir oraciones. Al Señor, por si lo has olvidado,

también le gusta que le hables de ti, con tus palabras, de lo que ocurre y cómo estás. La naturalidad es esencial en la oración.

 

7.- «No os mintáis unos a otros. Despojaos del hombre viejo con sus obras, y revestíos del hombre nuevo, que se va renovando hasta alcanzar un conocimiento perfecto, según la imagen de su Creador». (Col 3, 9-10)

Haz un examen de conciencia al finalizar la jornada. Piensa un poco en lo acontecido en el trabajo, en la familia, en la fe, en la calle, en las conversaciones. No te acuestes sin resolver pequeñas cuestiones. Vivirás mejor y descansarás plácidamente.

 

8.- «En cuanto a mí ¡Dios me libre gloriarme si nos es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo es para mí un crucificado y yo un crucificado para el mundo!». (Gal 6, 14)

Está muy bien el defender la presencia de la cruz en ámbitos educativos u oficiales. Pero ¿La tienes en tu casa? ¿La llevas en tu pecho? ¿Está presente en tu habitación?

 

9.- «Y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí; la vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí». (Gal 2, 20)

Cuida tu fe con delicadeza en esta cuaresma. Los viernes, por Jesús, cumple con la abstinencia de la carne. Participa en la oración del vía-crucis. Si te encuentras con una iglesia abierta, no lo dudes, el Señor te espera dentro. ¡Hazle una visita!

 

10.- «Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina». (2 Tim 4, 2)

Acude a la eucaristía diaria y, sobre todo, hazlo puntualmente. ¿No merece un poco de respeto la Palabra de Dios?

¿Cómo vas a saber lo que Dios quiere de Ti, si tal vez porque no te conviene, hasta llegas tarde?



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