Depresión, un mal terrenal

Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso.

Depresión, un mal terrenal, Parte I

Por Raúl Alonso

En este artículo quiero hablar de un tema que escuchamos de manera frecuente entre jóvenes y no tan jóvenes, y desgraciadamente incluso entre niños.

Partamos desde la definición médica:

Su etimología u origen de la palabra que es “depressus”. Esta palabra latina quiere decir  abatido o derribado.

La depresión se configura por una serie de síntomas o un síndrome, que repercute y afecta los aspectos emocionales del sujeto. Como consecuencia de la depresión pueden producirse
síntomas como:

  • Tristeza patológica
  • Trastornos del humor
  • Decaimiento

Esto a su vez repercute en la vida cotidiana de la persona de forma negativa mediante:

  • Descenso del rendimiento profesional
  • Pobre rendimiento escolar o académico
  • Empobrecimiento de los vínculos sociales

No nos debemos de confundir depresión con la tristeza natural debido a una perdida, la cual una vez pasado el periodo de duelo se termina. Y si estamos en una depresión, lo recomendable es acudir a un médico para ser evaluados y que sea él quien decida el tratamiento correcto.

Ahora vayamos a un plano de nuestra fe, sabemos pues que en nuestra vida tendremos retos grandes, unos gigantes, ejemplos de ellos van desde un corazón roto, una pérdida del trabajo, hasta cosas terribles como una enfermedad personal o de algún ser querido, una muerte inesperada, etc, etc.

Es claro que lo normal es que nos preocupemos, es normal que nos sintamos solos, es normal que nos desesperemos

Ya el venerable  Juan Pablo II hablo del tema:

Aquí un fragmento de lo que dijo Juan Pablo II al respecto:

Conferencia internacional del Consejo pontificio para la pastoral de la salud, cuyo tema fue: "La depresión, enfermedad de nuestro tiempo". 21 Nov.2003, XVIII

Como habéis puesto de relieve, la depresión es siempre una prueba espiritual. El papel de los que cuidan de la persona deprimida, y no tienen una tarea terapéutica específica, consiste sobre todo en ayudarle a recuperar la estima de sí misma, la confianza en sus capacidades, el interés por el futuro y el deseo de vivir. Por eso, es importante tender la mano a los enfermos, ayudarles a percibir la ternura de Dios, integrarlos en una comunidad de fe y de vida donde puedan sentirse acogidos, comprendidos, sostenidos, en una palabra, dignos de amar y de ser amados. Para ellos, como para cualquier otro, contemplar a Cristo y dejarse "mirar" por él es una experiencia que los abre a la esperanza y los impulsa a elegir la vida (cf. Dt 30, 19).

En este itinerario espiritual pueden ser de gran ayuda la lectura y la meditación de los salmos, en los que el autor sagrado expresa en la oración sus alegrías y sus angustias. El rezo del rosario permite encontrar en María una Madre amorosa que enseña a vivir en Cristo. La participación en la Eucaristía es fuente de paz interior, tanto por la eficacia de la Palabra y del Pan de vida como por la inserción en la comunidad eclesial. Consciente de cuánto esfuerzo cuesta a la persona deprimida lo que a los demás resulta sencillo y espontáneo, es necesario ayudarle con paciencia y delicadeza, recordando la advertencia de santa Teresa del Niño Jesús: "Los niños dan pasitos".


Graves complicaciones de la depresión

Apostasía y pecado mortal.

Algunas personas a verse en problemas piensan que la mejor manera de no sufrir es yendo a que les lean las cartas, que les hagan una “limpia” los brujos, se compran amuletos de la buena suerte, incluso se van a sectas donde les dicen que ahí no sufrirán! “Todo será pura bendición”.

Nada más falso y fuera de toda realidad cristiana, Jesús jamás nos prometió solo miel.

Mateo 5, 5.Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Suicidio

Otras más incluso llegan a pensar que la mejor solución a sus males es quitarse la vida.

Leemos con pena como algunos jóvenes, incluso niños optan por el suicidio. Terrible salida, dolorosa para la familia que se queda en este mundo, especialmente a sabiendas lo que quiere Dios para nosotros.

Vale la pena pues, traer a colación el tema

Suicidio y la postura de la Santa Iglesia.

2280 Cada cual es responsable de su vida delante de Dios que se la ha dado. El sigue siendo su soberano Dueño. Nosotros estamos obligados a recibirla con gratitud y a conservarla para su honor y para la salvación de nuestras almas. Somos administradores y no propietarios de la vida que Dios nos ha confiado. No disponemos de ella.

2281 El suicidio contradice la inclinación natural del ser humano a conservar y perpetuar su vida. Es gravemente contrario al justo amor de sí mismo. Ofende también al amor del prójimo porque rompe injustamente los lazos de solidaridad con las sociedades familiar, nacional y humana con las cuales estamos obligados. El suicidio es contrario al amor del Dios vivo.

2282 Si se comete con intención de servir de ejemplo, especialmente a los jóvenes, el suicidio adquiere además la gravedad del escándalo. La cooperación voluntaria al suicidio es contraria a la ley moral. Trastornos psíquicos graves, la angustia, o el temor grave de la prueba, del sufrimiento o de la tortura, pueden disminuir la responsabilidad del suicida.

2283 No se debe desesperar de la salvación eterna de aquellas personas que se han dado muerte. Dios puede haberles facilitado por caminos que El solo conoce la ocasión de un arrepentimiento salvador. La Iglesia ora por las personas que han atentado contra su vida.



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