¿Dios nos prueba?


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Me hicieron la siguiente consulta por Whatsapp:

"usted me puede decir en la biblia católica donde dice que Dios pone pruebas porque yo sé que sí dice eso y una testigo de Jehová me dice lo contrario dice que Dios no pone pruebas que Dios las permite pero no entiendo usted me podría decir la verdad"

Es una pregunta interesante ya que enmarca el caminar cristiano y la forma en que se le da lectura al acontecer dentro de la voluntad divina. Hablar de si Dios prueba al hombre, lleva a muchos a considerar un laboratorio donde somos el experimento de Dios, lo cual es contraria a la fe católica. Vamos primero a definir y delimitar el término probar, referido a demostrar las cualidades de algo, así como cuando probamos si algo es funcional o aplica para una necesidad. Bajo esta premisa podemos abordar en qué contexto se usa en la Biblia el término probar.

En el Antiguo Testamento por ejemplo, encontramos el siguiente pasaje:
"Acuérdate de todo el camino que Yahveh tu Dios te ha hecho andar durante estos cuarenta años en el desierto para humillarte, probarte y conocer lo que había en tu corazón: si ibas o no a guardar sus mandamientos." (Deu 8, 2)

La cita utiliza el término "probarte", que proviene del hebreo נָסָה (nasah), el cual es usado en muchos textos para significar prueba colocada a alguien. Si hacemos un repaso rápido, de ese término lo encontraremos en otros pasajes, por ejemplo:"Después de estas cosas sucedió que Dios tentó a Abraham y le dijo: «¡Abraham, Abraham!» El respondió: «Heme aquí.»" (Gen 22, 1)
Puede que haya quedado sorprendido de leer que Dios tentó a Abraham. Es la misma raíz hebrea que en Deu 8, 2. Otros textos más:"Entonces Moisés invocó a Yahveh, y Yahveh le mostró un madero que Moisés echó al agua, y el agua se volvió dulce. Allí dio a Israel decretos y normas, y allí le puso a prueba." (Ex 15, 25)
"Se encendió la ira de Yahveh contra el pueblo de Israel y dijo: «Ya que este pueblo ha quebrantado la alianza que prescribí a sus padres y no ha escuchado mi voz, tampoco yo arrojaré en adelante de su presencia a ninguno de los pueblos que dejó Josué cuando murió"Era para probar con ellos a Israel, a ver si seguían o no los caminos de Yahveh, como los habían seguido sus padres." (Jue 2, 20-22)
En estas citas vemos el uso general del término nasah (probar o tentar). Hay también otro término hebreo "bahan" que se usa de igual forma para Dios probar al hombre, o los hombres probar a Dios (Jer 20, 12; Sal 95, 9).
Volviendo a la primera cita de Deu 8, 2, en la versión griega del Antiguo Testamento, utiliza el término ἐκπειράζω (ekpeirazó) para "probar". Lo menciono porque cuando el Nuevo Testamento se refiera a probar utiiza el mismo término, sea para mostrarlo como prueba o tentación. Si bien el término es el mismo, la finalidad es distinta. Podemos ver la prueba en sentido positivo:
"Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia él mucha gente, dice a Felipe: «¿Donde vamos a comprar panes para que coman éstos?» Se lo decía para probarle, porque él sabía lo que iba a hacer." (Jn 6, 6)

Jesús probó a Felipe dice el texto, usando el término griego πειράζων. Ese mismo término lo vemos usado por San Pedro:
"Queridos, no os extrañéis del fuego que ha prendido en medio de vosotros para probaros (πειρασμὸν), como si os sucediera algo extraño," (1 Pe 4, 12)

Por tanto, el Nuevo Testamento no desconoce la realidad de la prueba, sea usada por el mismo Jesús, o sea para que salgamos vencedores. Expresar que Dios permite la prueba llevaría a pensar que las pruebas son situaciones ante las que Dios sólo puede permitir, más no desear o evitar; sería un Dios que al sólo poderlas permitir, quedan fuera de su voluntad. Lo que debemos distinguir es cuál es la intención, porque las pruebas de Dios son distintas a las pruebas de los enemigos del hombre (carne, mundo y demonio), las cuales se asocian a tentación propiamente dicho. Esto es clave para entender el siguiente pasaje:
"¡Feliz el hombre que soporta la prueba! Superada la prueba, recibirá la corona de la vida que ha prometido el Señor a los que le aman. Ninguno, cuando sea probado, diga: «Es Dios quien me prueba»; porque Dios ni es probado por el mal ni prueba a nadie. Sino que cada uno es probado por su propia concupiscencia que le arrastra y le seduce." (Stgo 1, 12-14)
Esta cita podría zanjar la cuestión y definir que Dios no prueba, pero hay algo clave en el mismo texto: ni es probado por el mal ni prueba a nadie. Es decir, el sentido en el pasaje es de "tentación", osea buscar la caída del otro. Y aquí debemos dividir entonces el contexto del término (peirazon), cuando es en sentido positivo o cuando es en sentido negativo. Esto lo explica el Padre José María Iraburu cuando distingue tentatio probationis (pruebas), de tentatio seductionis (tentaciones).



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