El Cuerpo

Extractos del libro:

¿Por qué el ayuno sana y libera?

Autor: Sor Emmanuel


EL CUERPO

¿Porque Satanás se debilita tanto cuando ayunamos? En cuanto hacemos una ofrenda a Dios que concierne a nuestro cuerpo, podemos decir que nos damos verdaderamente. Es fácil dar dinero, tiempo, decir una buena palabra, o dedicarnos a tal o cual servicio; pero el ayuno compromete no sólo nuestro cuerpo sino también algo vital. El alimento es una cuestión de supervivencia. Forma parte de nuestras costumbres más profundas, ontológicas. Como muy bien lo dijo el Padre Slavko, “el ayuno pone de manifiesto nuestras dependencias”. Cuando ayunamos a pan y agua hay carteles luminosos que se encienden en nuestros sentidos: ¡café! ¡Cigarrillos! ¡Vino! ¡Chocolate…! Pero la Virgen no viene para señalar nuestras dependencias; sino para liberarnos de nuestras ataduras. Entonces caemos en la cuenta de hasta que punto estábamos sujetos a nuestros horarios, a nuestras costumbres. Cuando comencé a ayunar a pan y agua, mi primer descubrimiento fue la alegría de la libertad: podía comer o no comer; me daba lo mismo.

Una iglesia fundó una orden religiosa a pedido de la Santísima Virgen. Un día le pregunté si Ella le había sugerido el ayuno para su comunidad. “Sí, sí. Nosotras ayunamos todos los días de 16 a 18”. Entonces me largué a reír, pero ella me aclaró: “Entre las 16 y alas 18, para nosotros los ingleses, es le tea-time” ¡Si le sacamos el tea-time a un inglés, deja de ser inglés! (cada pueblo tiene sus propias ataduras)

 Los apóstoles no se sentían molestos cuando no tenían tiempo para comer. Poco les importaba tener que pasar por alto una comida, pues la obra de Dios era tan intensa que estaban plenamente abocados a ella.

 Cuando damos de nuestro cuerpo es señal de que nos hemos verdaderamente entregado a Dios. De alguna manera, el ayuno crea un vacío en nosotros, un espacio en nuestra alma, en nuestro cuerpo, en nuestro corazón. Cuando no estamos ocupados en comer, hay un lugar que se libera y que Dios viene a ocupar como nunca lo había hecho aún; un territorio nuevo en nuestra vida del cual Dios puede tomar posesión. Y por eso quienes ayunan tienen una sensibilidad y una delicadeza espiritual especiales. Están mucho mas inspirados que quienes no lo hacen. Veamos cómo procedían los primeros cristianos: “Un día mientras celebraban el culto del Señor y ayunaban, el Espíritu Santo les dijo: " Resérvenme a Saulo y a Bernabé. Ellos después de haber ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron, Saulo y Bernabé, enviados por el Espíritu Santo, fueron a Seleucia…..”(Hch 13,2-4)

 Una madre de familia mexicana que ayunaba dejó de hacerlo, retomándolo luego. Ella me contó que durante el tiempo en que había dejado de ayunar, sintió que en alguna manera había perdido la intuición especial que tenia con sus hijos que eran muy pequeños, para hablarles, para explicarles la vida e introducirlos en las realidades del mundo. Pero desde que reanudó sus ayunos, comprobó que estaba nuevamente inspirada. Las ideas le venían espontáneamente, sentía que el Espíritu Santo la iluminaba y que sus hijos la escuchaban con mucha atención; ella encontraba la palabra justa para ayudarlos. Hermoso ejemplo de este nuevo espacio que el Espíritu Santo toma en nosotros a través del ayuno; de esa habitación suplementaria de la Trinidad que permitimos que Dios ocupe en nosotros.

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