El Espíritu de Dios en la vida del creyente

 

 

Por: Samuel David Bravo

samuel@catolicosfirmesensufe.org

 

Dios a creado al hombre a si imagen y semejanza (cf. Gn 1,26) y desea profundamente, como Padre bueno, que participemos de  su naturaleza Divina, de su vida Divina, mediante su Gracia y ello empieza a ser realidad en el día de nuestro bautismo, sacramento instituido por nuestro Señor Jesús (cf. Mt 28,19) y da inicio a la vida cristiana. La Santísima Trinidad viene a habitar en el alma de quien es bautizado.

 

Por el bautismo se nos borra en pecado original heredado de nuestros Primeros padres Adán y Eva y nos hacemos Hijos de Dios (CIC 1213). El bautismo nos hace templos del Espíritu Santo y mediante este sacramento recibimos las virtudes teologales; la fe, la esperanza y la Caridad.

Somos seres imperfectos, que por medio del Espíritu Santo, que habita en nosotros y con nosotros, buscamos alcanzar la Plenitud de Cristo (cf. Ef 4,13), el Espíritu Santo empieza un obrar maravilloso en aquellos que nos dejamos mover por su Gracia y buscamos permanecer en Gracia a través de los medios que la Santa Iglesia nos brinda.

El Papa San Gregorio Magno, en nombre de la iglesia católica, enseña que el Espíritu Santo obra en las almas de sus devotos tres grandes prodigios:

1º En el Entendimiento

Los Apóstoles eran gentes sin estudios y cuando recibieron el Espíritu Santo se volvieron tan instruidos que la gente se admiraba de oírlos hablar. El Espíritu Santo trae luz a la mente de las personas y pasa como cuando alguien entra a un templo oscuro y no aprecia las obras de arte, pero si viene alguien y enciende una luz ve todas las maravillas que hay allí y se deleita en ellas.

2º En el corazón

Las escrituras nos enseñan que los Apóstoles eran duros de corazón. Santiago y Juan quería los primeros puestos, Pedro era impetuoso y de carácter recio, pero después de recibir al Espíritu Santo ya piensan en ellos solamente sino en hacer bien a los demás. Esta es una característica de aquellos que piden asistencia del Espíritu Santo, un gran amor es derramado en sus corazones.

3º En la voluntad

Los Apóstoles eran cobardes; todos huyeron la noche del Jueves Santo. Pedro lo negó tres veces. Después de Pentecostés, habiendo recibido el Espíritu Santo ya no tenían miedo a ninguna persecución, siendo mártires de nuestra fe, no tenían miedo de dar la vida por las enseñanzas de aquel del que una vez huyeron.

Una estrofa del “Veni Creator” dice:

inflama nuestra inteligencia con tu luz, llena nuestro corazón con tu amor; reafirma con tu fuerza la debilidad de nuestro cuerpo”

 

Esta estrofa, aunque aparentemente sencilla contiene una enseñanza profunda que vislumbra lo que el Espíritu hace en la vida de las personas, aquí se ve una visión del hombre, una antropología, el hombre en sus tres dimensiones esenciales.

Primeramente la esfera del raciocinio, expresado a través de la palabra del Latín “Sensus” que no significa los sentidos sino la inteligencia, la razón. Luego la esfera de la afectividad y la voluntad, a esto lo llamamos “corazón”. Y finalmente lo que San Francisco de Asís llamaba “hermano cuerpo”. El Materialismo moderno pretende hacernos creer que el cuerpo es todo el hombre, tampoco es un apéndice despreciable como pensaban los platónicos.

Para nuestra razón pedimos Luz, es decir, la certidumbre, la verdad. Para nuestro corazón le pedimos amor y para nuestro cuerpo le pedimos sanación y las fuerzas para vencer nuestra debilidades y flaquezas (cf. Mt 26,41).

Juntos debemos hacer una terapia especial. Por analogía con el término “helioterapia” que sería un tratamiento del sol, una pneumaterapia que es un tratamiento de Espíritu Santo.

Muchos son los testimonios de cristianos que experimentaron un favor del Espíritu Santo, antes no eran capaces de resistir una prueba, abandonar un vicio o resistir a una tentación. Con la ayuda del Espíritu Santo la victoria no se hizo esperar.

¡Grandes victorias obtiene el que cree en el poder de Dios!

No hay tiempo en la vida sin  combate, pero con el Espíritu Santo de nuestro lado nada ni nadie podrá hacernos echar un paso atrás en la lucha por conservarnos amigos de Dios y buenos para todos.

Bendiciones en Cristo!!

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