El famoso Edicto de Constantino


Por: Anwar Tapias Lakatt
administrador@catolicosfirmesensufe.org


Es muy común en los debates entre católicos y otros grupos, mencionar a Constantino para hacer referencia al inicio de la Iglesia Católica. Parece que los no católicos han visto como efectivo el uso de este argumento, que lo usan para derribar al fiel que les replica el origen humano de cada grupo no católico; de esta manera, pueden lograr confundir a un católico no formado.

Un diálogo real al respecto muestra a un católico expresando:

Te informo que la Iglesia Católica inicio con María y los 12 Apóstoles, y es la misma hasta hoy por más de 2000 años.

 Y la respuesta de un evangélico es:

Falso apreciado. Ese es el cuento que te han hecho creer ahí adentro!!!!
Pero desconoces la historia!!!!

La iglesia identificada como Católica Romana!!!! Nació a través del decreto del emperador Constantino poco más o menos en el siglo tercero después de Cristo. Averigua y vera!!!
Lea la historia del cristianismo, no se deje meter ese cuento reforzado de los curas.

 

Ante esta respuesta, me tome el atrevimiento de preguntar al evangélico sobre la base de su argumento, a lo que me respondió:

Anwar, te quedaste en el catecismo de tu padre parroquial. Avanza lee la Biblia!!!!

 

Luego de insistir varias veces en la prueba para afirmar que la Iglesia fue fundada por el decreto de Constantino, vinieron cambios de tema: atacar las imágenes, al Papa, los santos, la Misa, entre otros, pero no había respuesta. Posteriormente llegó un copy paste que indicaba en lo más cercano a una respuesta:

…Luego en el siglo Tercero, el obispo de Roma se erigió como el principal o Primado por estar ubicado en la Capital del imperio y allí se configuró lo que hoy conocemos como la iglesia Católica Romana.

Lo más triste de esta argumentación es que la capital del Imperio Romano fue Constantinopla a partir del año 330 d.C, por lo de ser verdad eso de que por ser Roma la capital, ahí se configuró la Iglesia Católica, ésta Iglesia hubiera sido acabada en el año 330 d.C. Sin embargo, en honor a la verdad histórica esto no fue así, porque una cosa era el Imperio Romano como gobierno, y otra las Sedes Apostólicas: Roma, Alejandría, Antioquía y Jerusalén, y Constantinopla, para formar lo que se conoce como la Pentarquía. Sedes de la Pentarquía

Pero, regresando nuevamente al tema del Edicto, ¿qué es lo que decía el Edicto? Transcribo acá el Edicto, tal y como aparece en un blog sobre textos de Historia de la Iglesia:

EDICTO DE MILÁN (313)

1. .............
2. Al considerar, ya desde hace tiempo, que no se ha de negar la libertad de la religión, sino que debe otorgarse a la mente y a la voluntad de cada uno la facultad de ocuparse de los asuntos divinos según la preferencia de cada cual, teníamos mandado a los cristianos que guardasen la fe de su elección y de su religión.
3. Mas como quiera que en aquel rescripto en que a los mismos se les otorgaba semejante facultad parecía que se añadía claramente muchas y diversas condiciones, quizás se dio que algunos de ellos fueron poco después violentamente apartados de dicha observancia.


4. Cuando yo, Constantino Augusto, y yo, Licinio Augusto, nos reunimos felizmente en Milán y nos pusimos a discutir todo lo que importaba al provecho y utilidad públicas, entre las cosas que nos parecían de utilidad para todos en muchos aspectos, decidimos sobre todo distribuir unas primeras disposiciones en que se aseguraban el respeto y el culto a la divinidad, esto es, para dar, tanto a los cristianos como a todos en general, libre elección en seguir la religión que quisieran, con el fin de que lo mismo a nosotros que a cuantos viven bajo nuestra autoridad nos puedan ser favorables la divinidad y los poderes celestiales que haya.


5. Por lo tanto, fue por un saludable y rectísimo razonamiento por lo que decidimos tomar esta nuestra resolución: que a nadie se le niegue en absoluto la facultad de seguir y escoger la observancia o la religión de los cristianos, y que a cada uno se le dé facultad de entregar su propia mente a la religión que crea que se adapta a él, a fin de que la divinidad pueda en todas las cosas otorgarnos su habitual solicitud y benevolencia.
6. Así, era natural que diéramos en rescripto lo que era de nuestro agrado: que, suprimidas por completo las condiciones que se contenían en nuestras primeras cartas a tu santidad acerca de los cristianos, también se suprimiera todo lo que parecía ser enteramente siniestro y ajeno a nuestra mansedumbre, y que ahora cada uno de los que sostienen la misma resolución de observar la religión de los cristianos, la observe libre y simplemente, sin traba alguna.

 

7. Todo lo cual decidimos manifestarlo de la manera más completa a tu solicitud, para que sepas que nosotros hemos dado a los mismos cristianos libre y absoluta facultad de cultivar su propia religión.


8. Ya que estás viendo lo que precisamente les hemos dado nosotros sin restricción alguna, tu santidad comprenderá que también a otros, a quienes lo quieran, se les dé facultad de seguir sus propias observancia y religiones -lo que precisamente está claro que conviene a la tranquilidad de nuestros tiempos-, de suerte que cada uno tenga posibilidad de escoger y dar culto a la divinidad que quiera.
Esto es lo que hemos hecho, con el fin de que no parezca que menoscabamos en lo más mínimo el honor o la religión de nadie.

9. Pero, además, en atención a las personas de los cristianos, hemos decidido también lo siguiente: que los lugares suyos en que tenían por costumbre anteriormente reunirse y acerca de los cuales ya en la carta anterior enviada a tu santidad había otra regla, delimitada para el tiempo anterior, si apareciese que alguien los tiene comprados, bien a nuestro tesoro público, bien a cualquier otro, que los restituya a los mismos cristianos, sin reclamar dinero ni compensación alguna, dejando de lado toda negligencia y todo equívoco. Y si algunos, por acaso, los recibieron como don, que esos mismos lugares sean restituidos lo más rápidamente posible a los mismos cristianos.


10. Mas de tal manera que, tanto los que habían comprado dichos lugares como los que lo recibieron de regalo, si pidieran alguna compensación de nuestra benevolencia, puedan acudir al magistrado que juzga en el lugar, para que también se provea a ello por medio de nuestra bondad.


11. Todo lo cual deberá ser entregado a la corporación de los cristianos, por lo mismo, gracias a tu solicitud, sin la menor dilatación.

Y como quiera que los mismos cristianos no solamente tienen aquellos lugares en que acostumbraban a reunirse, sino que se sabe que también otros lugares pertenecientes, no a cada uno de ellos, sino al derecho de su corporación, esto es, de los cristianos, en virtud de la ley que anteriormente he dicho mandarás que todos esos bienes sean restituidos sin la menor protesta a los mismos cristianos, esto es, a su corporación, y a cada una de sus asambleas, guardada, evidentemente, la razón arriba expuesta: que quienes, como tenemos dicho, los restituyan sin recompensa, esperen de nuestra benevolencia su propia indemnización.


12. En todo ello deberás ofrecer a la dicha corporación de los cristianos la más eficaz diligencia, para que nuestro mandato se cumpla lo más rápidamente posible y para que también en esto, gracias a nuestra bondad, se provea a la común y pública tranquilidad.


13. Efectivamente, por esta razón, como también queda dicho, la divina solicitud por nosotros, que ya en muchos asuntos hemos experimentado, permanecerá asegurada por todo el tiempo.


14. Y para que el alcance de esta nuestra legislación benevolente pueda llegar a conocimiento de todos, es preciso que todo lo que nosotros hemos escrito tenga preferencia y por orden tuya se publique por todas partes y se lleve a conocimiento de todos, para que a nadie se le pueda ocultar esta legislación, fruto de nuestra benevolencia.
[1]

 

Como se puede apreciar, el Edicto de Milán buscaba tres cosas:

       a)    Dar libertad a todos las gentes en el Imperio para que pudiera escoger y profesar su culto con libertad.

       b)    Dar libertad a los cristianos de poder practicar su fe sin persecuciones.

       c)    Devolver a los cristianos los lugares que les pertenecían.

De esta manera, queda la pregunta: ¿De dónde sacan los evangélicos, que la Iglesia Católica fue fundada por el decreto de Constantino del año 313 d.C? La única respuesta que queda es: de su imaginación.

Luego, en el año 380 d.C, los emperadores decretan el Edicto de Tesalónica, en el cual el Cristianismo pasó a ser la religión oficial en todo el Imperio Romano y los paganos, a ser los perseguidos.



[1] http://textoshistoriadelaiglesia.blogspot.com/2009/09/el-edicto-de-milan.html

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