EL INFIERNO
Tomado de: Devocionario Católico



El Infierno es el castigo eterno preparado para el demonio y para los que le siguen: "Allí es el gusano roedor de la conciencia nunca muere; el fuego nunca se apaga", dice Jesús (Mc 9,44). Y en la parábola del rico epulón nos cuenta Jesucristo que el rico que no quiso ayudar al pobre fue echado al infierno, "levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno ( Seno de Abraham). Y, gritando, dijo: "Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama."
( Lc 16,23).
Pero nisiquiera esto fue permitido.

Infierno, infierno, !que infelices son los que en ti caen! ¿ Qué dices de todo esto, amable creyente? ¿Si debieras morir en este momento a donde irías? ¿Si ahora no eres capaz de aguantar ni por medio minuto tu dedo en la llama de una vela, como quieres arriesgarte a tener q ir al fuego que jamás se apaga?

Piensa en el remordimiento que experimentará la conciencia de los que se condenan. Recordarán que tuvieron tantas oportunidades para arepentirse, para hacer obras buenas y ganarse el cielo y, sin embargo, prefirieron seguir pecando tranquilamente y se condenaron para siempre.

La mayor pena, el peor castigo del infierno será lo que se llama "Pena de Daño" que conciste en no poder ver ni amar a Dios.

Los condenados sufrirán al recordar los motivos por los cuales se perdieron: un placer, una mala amistad, el arle gusto a sus pasiones, una mala costumbre, la pereza que no los dejó ni recibir los sacramentos, el deseo exagerado de tener dinero; los vicios; su orgullo, su sed de venganza,etc.  Pensarán con tristeza cuányo iempo les concedió Dios para arrepentirse, para hacer obras buenas y evitar su eterna condenación.  Recordarán los ejemplos de santidad y de buena conducta que les dieron tantas personas y los buenos consejos que recibieron.  Las llamadas que su conciencia les hacía para que dejarán la mala conducta y empezaran a portarse bien... y de todo esto se darán cuenta cuando ya no habrá remedio posible. 

En el infierno, la voluntad no tendrá lo que desea, sino lo que le desagrada.  El entendimiento comprenderá la locura increible que comentió al vivir en paz con el pecado y al no haber hecho a tiempo las paces con Dios.

Alma creyente, que ahora no te preocupas por tener disgustado a Dios con tu vida llena de pecados  y que estás perdiendo el paraíso con la más loca despreocupación: ¿Qué pensarás, que sentirás si un día tienes que presenciar que amigos, familiares, y conocidos que tenían menos ciencia y menos cualidades que túm se van a gozar para siempre en el Reino de los cielos, mientras que a ti te echan y te alejan de aquella patria feliz, y te privan de ver y amar a Dios y ya no podrás tener y amar a Dios y ya no podrás tenemos la amable compañia de la Santísima Virgen, de los Ángeles y de los Santos y ya no amarás jamás ni te amarán.  Y todo porque preferiste vivir pecando en esta vida, a costa de ser infeliz en la vida enterna.

Por lo tanto apresúrate y arrepiéntete a convertirte, a abadonar esa vida de pecado que has llevado.  A pagarle aDios con oraciones y pequeños sacrificios, con limosnas, misas, comuniones y buenas lecturas las ofensas que le has hecho y a pedirle perdón día a día por tus innumerables pecados. No esperes para más tarde cuando ya quizá no tendrás tiempo y dedícate desde hoy mismo a tratar de tener contento a Dios.

Quizá sea ésta la última llamada que Dos te hace para salvarte.  Tienes que decir con San Agustín: "Temo a Dios que pasa, porque puede llamar hoy, pero no volver a pasar después".  Jesús te repite sus palabras del Apocalipsis: "He aquíestoy a la puerta y llamo. Si alguien atiende a mi llamada le llevaré a cenar conmigo  en la patria Celestial".  ( Ap 3,20).

¿Y si ésta es la última llamada para ti?¿Y si no quieres responder ahora al llamado que Dios te hace a la conversión y a la salvación y Dios te abandona y te deja caer en los abismos eternos? "Dios abandona a los que lo abandonan a Él y si nos alejamos de Él, Él se alejará de nosotros" dijo el Profeta Zacarías ( 2cro 24). "Hoy si escuchan el llamado de Dios, no endurezcan su corazón, no sea que les suceda como a los que Él castigó en la antiguedad" ( Sal 94).

De las penas del infierno y de la condenación eterna, líbranos Señor. Madre querida, Virgen María: sabemos que no se condenará aquel por quien tú supliques a tu Hijo que es Dios.  Ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.



Catecismo de la Iglesia Católica

IV El infierno

1033 Salvo que elijamos libremente amarle no podemos estar unidos con Dios. Pero no podemos amar a Dios si pecamos gravemente contra El, contra nuestro prójimo o contra nosotros mismos: "Quien no ama permanece en la muerte. Todo el que aborrece a su hermano es un asesino; y sabéis que ningún asesino tiene vida eterna permanente en él" (1 Jn 3, 15). Nuestro Señor nos advierte que estaremos separados de El si no omitimos socorrer las necesidades graves de los pobres y de los pequeños que son sus hermanos (cf. Mt 25, 31-46). Morir en pecado mortal sin estar arrepentido ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de El para siempre por nuestra propia y libre elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra "infierno".

1034 Jesús habla con frecuencia de la "gehenna" y del "fuego que nunca se apaga" (cf. Mt 5,22.29; 13,42.50; Mc 9,43-48) reservado a los que, hasta el fin de su vida rehusan creer y convertirse , y donde se puede perder a la vez el alma y el cuerpo (cf. Mt 10, 28). Jesús anuncia en términos graves que "enviará a sus ángeles que recogerán a todos los autores de iniquidad..., y los arrojarán al horno ardiendo" (Mt 13, 41-42), y que pronunciará la condenación:" ¡Alejaos de Mí malditos al fuego eterno!" (Mt 25, 41).

1035 La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad. Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren las penas del infierno, "el fuego eterno" (cf. DS 76; 409; 411; 801; 858; 1002; 1351; 1575; SPF

12). La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios en quien únicamente puede tener el hombre la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira.

1036 Las afirmaciones de la Escritura y las enseñanzas de la Iglesia a propósito del infierno son un llamamiento a la responsabilidad con la que el hombre debe usar de su libertad en relación con su destino eterno. Constituyen al mismo tiempo un llamamiento apremiante a la conversión: "Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la puerta y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que la encuentran" (Mt 7, 13-14):

Como no sabemos ni el día ni la hora, es necesario, según el consejo del Señor, estar continuamente en vela. Así, terminada la única carrera que es nuestra vida en la tierra, mereceremos entrar con él en la boda y ser contados entre los santos y no nos mandarán ir, como siervos malos y perezosos, al fuego eterno, a las tinieblas exteriores, donde `habrá llanto y rechinar de dientes' (LG 48).

1037 Dios no predestina a nadie a ir al infierno (cf DS 397; 1567); para que eso suceda es necesaria una aversión voluntaria a Dios (un pecado mortal), y persistir en él hasta el final. En la liturgia eucarística y en las plegari as diarias de los fieles, la Iglesia implora la misericordia de Dios, que "quiere que nadie perezca, sino que todos lleguen a la conversión" (2 P 3, 9):

Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa, ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos (MR Canon Romano 88)


Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica

212. ¿En qué consiste el infierno?  1033-1035  1056-1057

Consiste en la condenación eterna de todos aquellos que mueren, por libre elección, en pecado mortal. La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios, en quien únicamente encuentra el hombre la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira. Cristo mismo expresa esta realidad con las palabras «Alejaos de mí, malditos al fuego eterno» (Mt 25, 41).


213. ¿Cómo se concilia la existencia del infierno con la infinita bondad de Dios? 1036-1037

Dios quiere que «todos lleguen a la conversión» (2 P 3, 9), pero, habiendo creado al hombre libre y responsable, respeta sus decisiones. Por tanto, es el hombre mismo quien, con plena autonomía, se excluye voluntariamente de la comunión con Dios si, en el momento de la propia muerte, persiste en el pecado mortal, rechazando el amor misericordioso de Dios.


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