El Poder de la Oración


Por: Eucaris Causil

Cuando escuchamos esta frase, creemos que es una fórmula mágica, en la cual se pronuncian las palabras claves y “abra, cadabra”, problema resuelto!!. Esto es algo que se ve mucho en las sectas protestantes donde su doctrina es la sola fe, se aferran al poder de la palabra, todo está en decretar y declarar prosperidad, sanación y listo.

 Pero hasta para profesar la religión, hay que ser coherentes y lógicos, esto es muy delicado cuando se llega al fanatismo. Leí hace poco de un caso en Wisconsin[1], el 23 de Marzo, una niña de 11 años, Madeline Newman muere por una diabetes no diagnosticada, mientras sus padres lo único que hicieron fue orar.

 Los padres de la menor fueron acusados de la muerte de su hija por negligencia. La fiscalía sostiene que los padres deberían haber llevado a la niña enferma a un hospital porque no podía caminar, hablar, comer ni beber. Durante el juicio el fiscal Jill Falstad describió al padre como un fanático religioso, según cuenta The Free Thinker: “Los padres de la menor fueron condenados en juicios separados por la muerte de Madeline Newman, como “homicidio negligente”. Dale y Leilani Newman encaran posibles penas de hasta 25 años de cárcel

 Y como este caso existen muchos en los que las personas mueren por falta de un tratamiento médico a tiempo, pues sus familiares se dedican solamente a orar al lado del enfermo y esperar que llegue la sanación “de lo alto”. La enfermedad es una situación que suscita impaciencia, tanto en el enfermo que se quiere curar, como en los familiares que sufren al verlo en tan precarias condiciones.

 Es aquí donde se debe analizar el Evangelio de Jesús, no entiendo como las sectas protestantes predican “abundancia, salud, vida y fortuna”, cuando Cristo en su vida terrenal vivió todo lo contrario, los Apóstoles no tuvieron fortuna, todos vivieron como Cristo y que decir de San Pablo cuando en Col.1,24 se alegra de los padecimientos del cuerpo y si hablamos de los Santos de la Iglesia Católica, que vivían orando y viviendo su fe en Cristo, carecieron TODOS de fortuna y salud, San Francisco de Asis, Santa Bernardette, Santa Faustina, entre otros, sufrieron postrados graves enfermedades.

 

Entonces el problema estaría en el significado de pobreza y enfermedad para el ser humano, que debe ser diferente al significado que debe tener para nosotros los fieles seguidores de Cristo, santificarnos a través del dolor, de la aceptación de la pobreza, de los problemas y de las enfermedades.

 El Señor Jesús decía en Mateo:

“no amontonen tesoros en esta tierra donde la polilla y la herrumbre echan a perder las cosas….más bien amontonen tesoros en el cielo….porque donde está tu tesoro allí estará también tu corazón.” (6,19-21)  

 Es decir estamos de paso en esta Tierra, si estás en una situación cómoda económicamente comparte con el que no tiene, pues en el momento del juicio te aseguro que de nada te va a servir el dinero y si estas enfermo o tu situación económica no es la mejor, pues bienaventurado porque estas anticipando un poco de lo que has de purgar, no en vano San Agustín decía, “que Dios nos daba la vida para buscarlo, la muerte para encontrarlo y la eternidad para disfrutarlo.”

 Precisamente sobre esto escribió en ese entonces Cardenal Joseph Ratzinger, en la sede de la Congregación de la fe, el 24 de Septiembre de 2000:

La victoria mesiánica sobre la enfermedad, así como sobre otros sufrimientos humanos, no se da solamente a través de su eliminación por medio de curaciones portentosas, sino también por medio del sufrimiento voluntario e inocente de Cristo en su pasión y dando a cada hombre la posibilidad de asociarse a ella. En efecto, “el mismo Cristo, que no cometió ningún pecado, sufrió en su pasión penas y tormentos de todo tipo, e hizo suyos los dolores de todos los hombres: cumpliendo así lo que de Él había escrito el  profeta Isaias(cf.Is 53 4-5)”.(4) Pero hay más:”En la cruz de Cristo no sólo se ha cumplido la redención mediante el sufrimiento, sino que el mismo sufrimiento humano ha quedado redimido.(…)Llevando a efecto la redención mediante el sufrimiento, Cristo ha elevado juntamente el sufrimiento humano a nivel de redención. Consiguientemente, todo hombre, en su sufrimiento, puede hacerse también partícipe del sufrimiento redentor de Cristo.”

 Ahora Todo deseo de sanarse del enfermo es bueno y profundamente humano, especialmente cuando se traduce en la oración llena de confianza dirigiéndose a Dios. Pero fíjense lo que dice de esto nuestra religión Católica, publicado en el documento anterior.

 “Obviamente, el recurso a la oración no excluye, sino que al contrario anima a usar los medios naturales para conservar y recuperar la salud, así como también incita a los hijos de la Iglesia a cuidar a los enfermos y a llevarles alivio en el cuerpo y en el espíritu, tratando de vencer la enfermedad. En efecto, “es parte del plan de Dios y de su providencia que el hombre luche con todas sus fuerzas contra la enfermedad en todas sus manifestaciones, y que emplee, por todos los medios a su alcance, para conservarse sano”.

 

Con base en todo lo que hemos propuesto aquí, debo decir que el llamado “poder de la oración” no es una pócima, ni una fórmula, ni una solución, orar es un estado al cual se llega para alcanzar tres cosas:

  1. Una comunicación con Dios; saber que existe un ser supremo, que necesito encontrarme con Él y por ello no sólo debo de disponer mi cuerpo, sino también de la mente, desprenderme de todo lo material, de todo lo que me agobia, para así dejarme inundar del Espíritu Santo, que envía el Padre, creer las palabras de Cristo en Mateo 11; 28-30. Orar es colocar tus cargas al Señor.
  1. Para recibir paz y sabiduría; esta es la segunda etapa de la oración, una vez despojados de todo problema, el Espíritu Santo te llenará de la paz que necesita tu corazón y calmará tu ansiedad, con esto tendrás la lucidez para ver la solución donde no la había o para comprender lo que no tenía sentido.
  1. Para dejar obrar a Dios; es el último paso de la oración, después de esto entenderás que tú no eres Dios, que nuestro tiempo no es el tiempo de Dios (Kairos) y que nuestra sabiduría es deferente a la de Él. Por ello sabrás que Dios actuará en el momento en el cual necesites, según su voluntad.

 

Aquí radica el poder de la oración, nadie después de haber orado correctamente sentirá angustia, depresión o soledad y verá en su vida la manifestación divina del obrar de Dios. Entendiendo el porqué y para qué está pasando por x situación.     

 

Eucaris Causil.


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