¿Jesús es rey?

Resultado de imagen para jesus rey

Por Anwar Tapias Lakatt

La Iglesia Católica celebra la Solemnidad de Cristo Rey como cierre del año litúrgico, que a su vez, abre paso al tiempo de Adviento, como inicio del nuevo año litúrgico. Con esta celebración reconocemos a Jesucristo como soberano del universo, como dueño y Señor de todo. Sin embargo, hace poco leí un artículo de un sacerdote que cuestionaba y pedía se dejara de llamar a Jesucristo como Rey. Basta leer el artículo y aflora de inmediato el veneno de esa teología marxista que reduce a Cristo a un simple revolucionario, cuya meta no trasciende más que a un bienestar temporal y caduco, quedando reducido no a lo que es: Dios encarnado, sino a un humano que lucha por causas sociales únicamente, pero vale aclarar que no es malo luchar por el oprimido, buscar que los derechos sean respetados y pelear por la dignidad, pero no hace falta caricaturizar a Jesús para eso, reduciéndolo a un simple guerrillero espiritual.

Iré mencionando algunos puntos del artículo, que usted puede Ver aquí

Inicia mencionando:
"Llamarle a Jesucristo Rey es una verdadera ofensa, porque el testimonio que tenemos de los reyes de este mundo, salvo alguna rarísima excepción, es verdaderamente nefasto: llenos de boato, de privilegios, de corrupción, de aforamientos, de lujos y ostentación"

Si bien es cierto que por lo general los reyes han sido representados así, hay buenos ejemplos católicos de reyes que vivieron el Evangelio: San Luis, rey de Francia, San Wenceslao, rey de Praga, o San Eduardo. Por tanto, es un error asumir que al decir que Jesús es rey, lo que se le venga a la mente a un cristiano sean los malos reyes, y no precisamente los reyes que imitaron a Cristo.
Del mismo, bajo la premisa inicial, sería una ofensa llamar a Jesús como Maestro, pues hay muchos malos maestros, o sería ofensa llamarlo pastor, porque hay muchos malos pastores, o sería una ofensa incluso llamarlo Señor, porque hay muchos malos señores. El problema no es la palabra, pues si vemos en las definiciones de la RAE, ninguna hace alusión a ostentación o corrupción.

Sigue el artículo:
esta fiesta debería desaparecer de inmediato del calendario de la liturgia de la Iglesia, porque además esta celebración la "inventó" la Iglesia Oficial el año 1925
Este sacerdote llama "Iglesia oficial" a la Iglesia, ¿con qué fin? ¿de qué se quiere desmarcar este sacerdote? ¿Tiene la fe católica aun? Uno puede ponerlo en duda cuando lo oye escribir que rezar por los difuntos es una ofensa a Dios. Pero es aquí donde vale la pena mencionar que el Papa Pio XI escribió una encíclica Quas Primas, para explicar el sentido de la Solemnidad de Cristo Rey, en la que logra mencionar:

Ha sido costumbre muy general y antigua llamar Rey a Jesucristo, en sentido metafórico, a causa del supremo grado de excelencia que posee y que le encumbra entre todas las cosas creadas. Así, se dice que reina en las inteligencias de los hombres, no tanto por el sublime y altísimo grado de su ciencia cuanto porque El es la Verdad y porque los hombres necesitan beber de El y recibir obedientemente la verdad. Se dice también que reina en las voluntades de los hombres, no sólo porque en El la voluntad humana está entera y perfectamente sometida a la santa voluntad divina, sino también porque con sus mociones e inspiraciones influye en nuestra libre voluntad y la enciende en nobilísimos propósitos. Finalmente, se dice con verdad que Cristo reina en los corazones de los hombres porque, con su supereminente caridad y con su mansedumbre y benignidad, se hace amar por las almas de manera que jamás nadie —entre todos los nacidos— ha sido ni será nunca tan amado como Cristo Jesús. Mas, entrando ahora de lleno en el asunto, es evidente que también en sentido propio y estricto le pertenece a Jesucristo como hombre el título y la potestad de Rey; pues sólo en cuanto hombre se dice de El que recibió del Padre la potestad, el honor y el reino; porque como Verbo de Dios, cuya sustancia es idéntica a la del Padre, no puede menos de tener común con él lo que es propio de la divinidad y, por tanto, poseer también como el Padre el mismo imperio supremo y absolutísimo sobre todas las criaturas.

Después de lo expuesto, no queda duda que este sacerdote no entiende el título de Cristo Rey y mucho menos ha leído las razones que expuso el Papa Pio XI para colocar esta celebración al final del año litúrgico, llegando el documento del Papa a decir que es una costumbre muy antigua, así que ese intento de ver el título como una añadidura dañina no funciona. Pongamos lo que decía San Juan Crisóstomo en el siglo IV en una Homilía acerca de la Cruz y el ladrón:

Por ella (la cruz) no tememos ya al tirano, pues estamos al lado del Rey. Y por esto, al celebrar la memoria de la Cruz, hacemos fiesta por la Cruz..

Cierto que ningún rey soporta que un ladrón, ni aun otro cualquiera de sus criados, entre a la ciudad sentado junto a él. Pero Cristo sí lo hizo así

Mientras que el ladrón, contemplando a todo el pueblo que lo rodeaba y gritaba y profería blasfemias y dicterios, no se cuidó de eso, ni pensó en la vileza presente del Crucificado; sino que, pasando por encima de todo, con los ojos de la fe, y dejando a un lado todos esos viles impedimentos, reconoció al Rey de los cielos; y con el ánimo humillado ante él, le decía: ¡Acuérdate de mí cuando estés en tu reino! 

¿Ves de cuántos y cuan grandes bienes ha sido causa la Cruz? ¿Buscas el reino? Pero ¿qué es lo que ves? ¡Clavos y Cruz es lo que está ante tu vista! ¡Pero esa misma cruz, dice el ladrón, símbolo es del Reino! ¡Y por esto mismo llamólo Rey a él, porque es propio de los reyes morir por sus súbditos! Y éste mismo lo dijo: ¡El buen Pastor da su vida por sus ovejas! Luego el buen rey también da su vida por sus súbditos. De manera que por eso, porque dio su vida, lo llamó Rey: ¡acuérdate, Señor, de mí en tu Reino!

Es suficientemente clara la concepción de los Padres de la Iglesia sobre que Jesús sí es rey y nunca temieron reconocerlo así, incluso en una época en donde el rey era común en muchos pueblos, a diferencia de hoy, y aun así, este sacerdote osa negarle a Cristo el título de rey.

Continúa el artículo:
Jesús no es rey, es todo lo contrario. El dijo: "Sabéis que los jefes de las naciones las gobiernan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande será vuestro servidor, y el que quiera ser primero que sea esclavo vuestro, de la misma manera que el Hijo del Hombre (Jesus) no ha venido para ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por todos".

Toca aclarar algo que no debería hacer falta, Jesús no es rey como los reyes de este mundo, no que no fuera rey. Cualquier católico le puede entender si quiere mantener la fe católica, y es algo que el mismo Benedicto XVI explicó lucidamente en el 2009 en un Angelus:

...una fiesta de institución relativamente reciente, pero que tiene profundas raíces bíblicas y teológicas. El título de "rey", referido a Jesús, es muy importante en los Evangelios y permite dar una lectura completa de su figura y de su misión de salvación. Se puede observar una progresión al respecto: se parte de la expresión "rey de Israel" y se llega a la de rey universal, Señor del cosmos y de la historia.

Precisamente ofreciéndose a sí mismo en el sacrificio de expiación Jesús se convierte en el Rey del universo, como declarará él mismo al aparecerse a los Apóstoles después de la resurrección: "Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra." (Mt 28, 18).


Decir que Jesús no es rey, es querer cargarse la Escritura que lo deja claro muchas veces:

 Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado. La soberanía reposa sobre sus hombros y se le da por nombre: "Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre para siempre, Príncipe de la paz". Su soberanía será grande, y habrá una paz sin fin para el trono de David y para su reino; él lo establecerá y lo sostendrá por el derecho y la justicia, desde ahora y para siempre. El celo del Señor de los ejércitos hará todo esto. (Is 9, 5-6)

"El será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin". (Lc 1, 32-33)

"Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso" (Mt 25, 31)

"Al encontrar un asno, Jesús montó sobre él, conforme a lo que está escrito: No temas, hija de Sión; ya viene tu reymontado sobre la cría de un asna". (Jn 12, 15)

"Y de Jesucristo, el Testigo fiel, el Primero que resucitó de entre los muertos, el Rey de los reyes de la tierraÉl nos amó y nos purificó de nuestros pecados, por medio de su sangre (Ap 1, 5)

"La Mujer tuvo un hijo varón que debía regir a todas las naciones con un cetro de hierro. Pero el hijo fue elevado hasta Dios y hasta su trono" ((Ap 12, 5)

Ellos lucharán contra el Cordero, pero el Cordero los vencerá, porque es Señor de los señores y Rey de los reyes. Con él triunfarán también los suyos, los que han sido llamados, los elegidos, los fieles. (Ap 17, 14)

"En su manto y en su muslo lleva escrito este nombre: Rey de los reyes y Señor de los señores". (Ap 19, 16)

¿Aun así, por qué le cuesta al autor del artículo entender desde la fe católica que Jesús es rey? Siguiendo lo que menciona Benedicto XVI en el Angelus, pasa a explicar cómo es rey, Jesús:
"Pero, ¿en qué consiste el "poder" de Jesucristo Rey? No es el poder de los reyes y de los grandes de este mundo; es el poder divino de dar la vida eterna, de librar del mal, de vencer el dominio de la muerte. Es el poder del Amor, que sabe sacar el bien del mal, ablandar un corazón endurecido, llevar la paz al conflicto más violento, encender la esperanza en la oscuridad más densa. Este Reino de la gracia nunca se impone y siempre respeta nuestra libertad. Cristo vino "para dar testimonio de la verdad" (Jn 18, 37) —como declaró ante Pilato—: quien acoge su testimonio se pone bajo su "bandera", según la imagen que gustaba a san Ignacio de Loyola".

Avanza más el artículo señalando:
Jesucristo no es Rey de este mundo. Fue un esclavo, y por tanto acusado y condenado a muerte de cruz como un esclavo por ir contra el sistema de poder absoluto impuesto por la religión judía y sus representantes oficiales de Jerusalén, y por Roma, por lo que es acusado de subversivo contra el orden establecido. De ahí su condena a morir crucificado, como establecía la Ley romana para los esclavos.

Lo sabemos, Jesús mismo dijo que su reino no era de este mundo, pero eso no quita que sea rey, entendido desde la fe católica. Pero analicemos bien las palabras de Jesús:
"Pilato le dijo: "¿Entonces tú eres rey?" Jesús respondió: "Tú lo dices: yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. (Jn 18, 37).
Jesús nunca negó que fuera rey, así nació y al morir, así quedó escrito en la Cruz:
Colocaron sobre su cabeza una inscripción con el motivo de su condena: "Este es Jesús, el rey de los judíos". (Mt 27, 37)
Tan fácil que es cuando se es católico y se quiere ser fiel, entender que ese condenado a muerte como esclavo en la Cruz manifestó su realeza. Y aquí cabe bien lo que San Pablo decía: 
El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden, pero para los que se salvan —para nosotros— es fuerza de Dios. (1 Cor 1, 18)
Sí, es una locura que no se comprenda que en la Cruz, Cristo manifestó su realeza de modo esplendido. Es más, el mismo Papa Francisco, al que admira el autor del artículo por la canonización de San Oscar Romero, llega a expresar en una homilía en la fiesta de Cristo Rey, el 20 de noviembre de 2016:
Su realeza es paradójica: su trono es la cruz; su corona es de espinas; no tiene cetro, pero le ponen una caña en la mano; no viste suntuosamente, pero es privado de la túnica; no tiene anillos deslumbrantes en los dedos, sino sus manos están traspasadas por los clavos; no posee un tesoro, pero es vendido por treinta monedas”.

Es también interesante notar que el Papa Pio XI, en Quas primas expresa:

Sin embargo, los textos que hemos citado de la Escritura demuestran evidentísimamente, y el mismo Jesucristo lo confirma con su modo de obrar, que este reino es principalmente espiritual y se refiere a las cosas espirituales. En efecto, en varias ocasiones, cuando los judíos, y aun los mismos apóstoles, imaginaron erróneamente que el Mesías devolvería la libertad al pueblo y restablecería el reino de Israel, Cristo les quitó y arrancó esta vana imaginación y esperanza. Asimismo, cuando iba a ser proclamado Rey por la muchedumbre, que, llena de admiración, le rodeaba, El rehusó tal título de honor huyendo y escondiéndose en la soledad. Finalmente, en presencia del gobernador romano manifestó que su reino no era de este mundo. Este reino se nos muestra en los evangelios con tales caracteres, que los hombres, para entrar en él, deben prepararse haciendo penitencia y no pueden entrar sino por la fe y el bautismo, el cual, aunque sea un rito externo, significa y produce la regeneración interior.
 
¿Qué podemos notar de esto? Que Cristo rechazó la imagen de rey temporal, que venía simplemente a libertar una tierra de una opresión. Jesús es más que eso. Es claro que él no vino a portarse como los reyes de este mundo, pero es que son estos reyes de este mundo los que distorsionan la forma de la realeza y la ejercen indebidamente. El pueblo imaginaba a Jesús como un libertador, pero es precisamente esto lo que el artículo quiere que sea lo que solo resaltemos de Jesús, por eso dirá:

No le llamemos a Jesucristo Rey, sino el Libertador, porque fue uno de los seres humanos más comprometidos con la dignidad del hombre, con la justicia, con la verdad, la libertad, el amor, la igualdad, la vida, la esperanza, la solidaridad, la defensa de los débiles, el compromiso con los pobres, la denuncia de las injusticias y los injustos, la reivindicación específica y absoluta de la dignidad de la mujer y de los niños porque entonces lo necesitaban más (y aún ahora), la apertura a la dimensión trascendente de la persona humana, la claridad absoluta con que veía el camino que debería seguir la humanidad, el descubrimiento humano de Dios a nivel de la persona humana concreta, la fe y la seguridad con que afrontó las exigencias y los retos hasta la muerte que le pedía su misión liberadora integral. Esa es la verdad del hombre.

Y yo pregunto, ¿para buscar la defensa de los pobres, acabar con las injusticias, tenía Jesús que dejar de ser rey? ¿No será mas el anhelo del autor del artículo de convertir a Jesús en un líder guerrillero como los que le inspiran y menciona emocionado en el artículo, como por ejemplo Gaspar García Laviana? En qué parte menciona que Jesús venció el pecado y el reino de Satanás? Veamos en cambio con qué claridad habla la Iglesia (Instrucción sobre algunos aspectos de la teología de la liberación):

La liberación es ante todo y principalmente liberación de la esclavitud radical del pecado. Su fin y su término es la libertad de los hijos de Dios, don de la gracia 

La experiencia radical de la libertad cristiana constituye aquí el primer punto de referencia. Cristo, nuestro Liberador, nos ha librado del pecado, y de la esclavitud de la ley y de la carne, que es la señal de la condición del hombre pecador. Es pues la vida nueva de gracia, fruto de la justificación, la que nos hace libres. Esto significa que la esclavitud más radical es la esclavitud del pecado. Las otras formas de esclavitud encuentran pues en la esclavitud del pecado su última raíz.

Y con mayor lucidez dirá:
No se puede tampoco localizar el mal principal y únicamente en las « estructuras » económicas, sociales o políticas malas, como si todos los otros males se derivasen, como de su causa, de estas estructuras, de suerte que la creación de un « hombre nuevo » dependiera de la instauración de estructuras económicas y sociopolíticas diferentes. Ciertamente hay estructuras inicuas y generadoras de iniquidades, que es preciso tener la valentía de cambiar. Frutos de la acción del hombre, las estructuras, buenas o malas, son consecuencias antes de ser causas. La raíz del mal reside, pues, en las personas libres y responsables, que deben ser convertidas por la gracia de Jesucristo, para vivir y actuar como criaturas nuevas, en el amor al prójimo, la búsqueda eficaz de la justicia, del dominio de sí y del ejercicio de las virtudes


Qué diferencia vemos cuando habla la Iglesia como madre, a cuando habla algún miembro desde sus teologías personales. Y el artículo sigue pisando ya otros terrenos en los que si bien denuncia como los poderosos oprimen a los que no tienen, mete a la Iglesia y la hace cómplice en la no defensa por la muerte de algunos, en los que lamentablemente tiene la desfachatez de de juntar a San Oscar Romero que dijjo en 1979: De nada sirven las reformas si van teñidas de tanta sangre"; y lo pone al lado del guerrillero Gaspar García.

Terminemos mostrando lo que el Catecismo expone sobre la realeza de Cristo

783 Jesucristo es Aquél a quien el Padre ha ungido con el Espíritu Santo y lo ha constituido "Sacerdote, Profeta y Rey". Todo el Pueblo de Dios participa de estas tres funciones de Cristo y tiene las responsabilidades de misión y de servicio que se derivan de ellas (cf .RH18-21).

786 El Pueblo de Dios participa, por último, en la función regia de Cristo. Cristo ejerce su realeza atrayendo a sí a todos los hombres por su muerte y su resurrección (cf. Jn 12, 32). Cristo, Rey y Señor del universo, se hizo el servidor de todos, no habiendo "venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos" (Mt 20, 28). Para el cristiano, "servir a Cristo es reinar" (LG 36), particularmente "en los pobres y en los que sufren" donde descubre "la imagen de su Fundador pobre y sufriente" (LG 8). El pueblo de Dios realiza su "dignidad regia" viviendo conforme a esta vocación de servir con Cristo.

No, el autor del artículo no conoce la fe católica, con la pena, aunque sea sacerdote. Debería tener la capacidad de leer la enseñanza de la Iglesia como hijo de la Iglesia, y no confundir a los lectores.
Comments