La Bondad de Dios expresada en el Sacramento de la Orden Sacerdotal

La Bondad de Dios expresada en el
Sacramento de la Orden Sacerdotal


Querida Comunidad:


Hace unos años yo no sabía cuan gran bendición es para mi vida el Sacramento del Orden Sacerdotal. Quizás como muchos de ustedes , conocía y respetaba los curas de una manera lejana y bastante fría, quizás los miraba hasta con desconfianza.  Mis confesiones era esporádicas y vivía la Misa como una obligación. Tenia grandes mis concepciones y veía a los sacerdotes como cualesquier otra persona.

Al mismo tiempo que los misioneros llegaron a nuestra comunidad y comenzaron su labor ,comencé por acción de la Divina Providencia a involucrarme en la vida de la comunidad y a pesar de grandes tentaciones en mi vida interior, comencé a ver a los sacerdotes de una manera distinta. Confieso que desde que conozco a estos misioneros Sociedad San Juan (http://www.socsj.org/principal/), mi visión de los sacerdotes y de las personas consagradas a la vida religiosa ha cambiado dramáticamente, no solo por el ejemplo de vocación y entrega férrea que ellos nos han mostrado, sino también por los beneficios en mi propia vida interior que con su presencia de padres espirituales, Dios,
a través de ellos me ha brindado.


Hoy en día veo a los sacerdotes como personas con un llamado excepcional, no como cualquier persona, el más grande llamado, el de representar a Cristo en la vida de la Iglesia. Si ellos no existieran, no podríamos tener a Cristo en nuestra mesa como banquete y alimento perfecto para nuestras almas y cuerpos. Cristo ha instituido este Sacramento por medio del cual El se da a nosotros de una manera muy especial, se da como padre, como guía, como sacrificio permanente, enteramente dado para el bien de toda la iglesia. Cada Sacerdote es administrador de la Gracia de Dios. En las manos de cada sacerdote del mundo esta depositada la Bondad de Dios para con su pueblo.

En este Año Sacerdotal que vivimos , alegrémonos por las nuevas vocaciones sacerdotales para el mundo y propongámonos atesorar a cada sacerdote, con el respeto y la oración que ellos merecen, por dar su vida en forma completa y por el bien de las almas.

Ina Hecker
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