La Eucaristía y los divorciados vueltos a casar . Fundamento patrístico





Por Anwar Tapias

La Iglesia desde sus inicios fue clara en lo que respecta a la condena al divorcio y en que no se puede comulgar en pecado. Las citas son abundantes por lo que colocaremos algunas para tratar de exponer el consenso de los Padres de la Iglesia en este sentido. Sin embargo, los que tratan de defender o justificar los segundos matrimonios intentan apelar erradamente a los Padres de la Iglesia al respecto, y muchas veces sin el contexto claro del momento, además de tomar una cita para avalar una situación general que ofende el mandato indisoluble de Dios.


Siglo II

Desde el primer siglo, los cristianos tuvieron claro que a la comunión no se podía acceder estando en pecado. La Didaché[1], texto del siglo II enseña respecto a la comunión:

En el día del Señor reuníos y romped el pan y haced la eucaristía, después de haber confesado vuestros pecados, a fin de que vuestro sacrificio sea puro. Todo el que tenga disensión con su compañero, no se junte con vosotros hasta que no se hayan reconciliado, para que no sea profanado vuestro sacrificio. Este es el sacrificio del que dijo el Señor: «En todo lugar y tiempo se me ofrece un sacrificio puro: porque yo soy el gran Rey, dice el Señor, y mi nombre es admirable entre las naciones» (Mal 1, 11) (cap. 14).

Este texto primitivo es claro en que la Eucaristía es un sacrificio que no puede ser profanado por el pecado.


San Ignacio de Antioquía en los inicios del siglo II, nos muestra el valor de la Eucaristía y lo que significaba para los cristianos: la misma carne de quien padeció en la Cruz:

Apártense también de la Eucaristía, y de la oración porque no confiesan que la Eucaristía es la carne de nuestro Salvador Jesucristo; la misma que padeció por nuestros pecados, la misma que por su bondad, la resucitó el Padre (Carta de San Ignacio a los Esmirneos, VII)

Para los cristianos del siglo II, la comunión eucarística era degustar la misma carne que padeció por nuestros pecados, por lo que no podrían permitir que quien atentara contra el mandato bíblico de Cristo sobre el divorcio y nueva relación, lo pudiera hacer.


El Pastor de Hermas es el primer escrito temprano, que va a tocar directamente el tema del divorcio. Las medidas que menciona dan un primer indicio de cómo el divorcio era una medida permitida en caso de adulterio sino había arrepentimiento en el cónyuge pecador, pero no permitía una nueva unión, lo cual se consideraba adulterio.

«Señor, si un hombre que tiene una esposa que confía en el Señor la descubre en adulterio, ¿comete pecado el marido que vive con ella?» «En tanto que esté en la ignorancia», me dijo, «no peca; pero si el marido sabe que ella peca, y la esposa no se arrepiente, sino que continúa en la fornicación, y el marido vive con ella, él se hace responsable del pecado de ella y es un cómplice en su adulterio.» Y le dije: «¿Qué es, pues, lo que ha de hacer el marido si la esposa sigue en este caso?» «Que se divorcie de ella», dijo él, «y que el marido viva solo; pero si después de divorciarse de su esposa se casa con otra, él también comete adulterio».[2]

Lo que el Pastor de Hermas enseña sobre la licitud de la separación va acorde a lo que establece el CDC[3]

 

Este escrito incluso, mostrará que la reconciliación era primordial para un matrimonio, luego incluso del mismo divorcio, por lo que el divorcio no anulaba los derechos del matrimonio:

 «Así pues, Señor», le dije, «si después que la esposa es divorciada se arrepiente y desea regresar a su propio marido, ¿no ha de ser recibida?» «Sin duda ha de serlo», me dijo; «si el marido no la recibe, peca y acarrea gran pecado sobre sí; es más, el que ha pecado y se arrepiente debe ser recibido, pero no varias veces, porque sólo hay un arrepentimiento para los siervos de Dios. Por amor a su arrepentimiento, pues, el marido no debe casarse con otra. Esta es la manera de obrar que se manda al esposo y a la esposa.

 

El texto es claro en que el marido no debe casarse con otra, insiste en que permanezcan sólo según sea el caso, por la posibilidad del arrepentimiento.

Por esta causa, se os manda que permanezcáis solos, sea el marido o la esposa; porque en estos casos es posible el arrepentimiento.

Es importante notar como en el mismo siglo II se tiene claro que:

·         Si por el pecado consentido del cónyuge hay divorcio, el otro debe quedarse sólo

·         Si vuelve a casarse comete adulterio

·         Si el cónyuge pecador regresa arrepentido debe perdonarlo

·         Si no lo perdona, se comete pecado

·         Y el perdón se daba una sola vez.

Es claro por tanto, que si la segunda relación es un pecado ofensivo a Dios, mucho más lo sería comulgar en ese estado.


Luego encontraremos a los apologistas griegos, en especial a Justino Martir y Atenágoras. Del primero, en su Apología nos expresa:

Sobre la castidad dijo lo siguiente: …Y el que se casa con una divorciada de otro marido, comete adulterio (Mt 5, 32)[4]

 

Así, para nuestro Maestro, no sólo son pecadores los que contraen doble matrimonio conforme a la ley humana, sino también los que miran a una mujer para desearla. No sólo rechaza al que comete adulterio de hecho, sino también al que lo querría, pues ante Dios son patentes tanto las obras como los deseos.[5]

El texto de Justino es claro y diciente: es un PECADO el doble matrimonio, porque el divorcio no anula los derechos divinos del sacramento, y por tanto cualquier segunda relación o matrimonio es una ofensa grave a Dios, por tanto se entiende el que Dios rechace al que comete adulterio. Es imposible pensar en acercarse a la comunión eucarística en este estado.


Atenágoras a su vez nos expresará[6]:

O permanecer cual se nació o no contraer un segundo matrimonio, pues el segundo es un decente adulterio. Cualquiera dice la Escritura, que deje a su mujer y se case con otra adultera (Mt 19, 9; Mc 10, 11) no permitiendo ni dejar aquella cuya virginidad deshizo, ni casarse nuevamente. Porque quien se separa de su primera  mujer, aun cuando haya muerto, es un adultero disimulado. 

Son fuertes las palabras de Atenágoras, pues considera que incluso un matrimonio luego de la muerte de un cónyuge es un adulterio disimulado. Si bien esto es extremista en comparación con la enseñanza de San Pablo, que permitía un segundo matrimonio luego de la muerte del cónyuge, muestra lo celosos que eran en los primeros siglos del cristianismo. Ni Justino, ni Atenágoras muestran que el adulterio fuera una excepción válida para permitir el divorcio.

 

SIGLO III

Para el siglo III, encontramos textos alusivos en Clemente de Alejandría, Orígenes y Tertuliano. Y empezamos acá a a ver cómo los que justifican el que en los inicios, se permitía en algunos casos el divorcio, apelan a estos Padres de la Iglesia.

Tertuliano, en su obra sobre la Monogamia expresa cosas como:

Pero otra razón, también conspira; no, no otra, pero si (una) que impuso la ley del principio, y movió la voluntad de Dios para prohibir el divorcio: el hecho de que el que debía haber despedido a su mujer, salvo por causa de adulterio, hace que ella cometa el adulterio; y quien se casó con una despedida por su marido, por supuesto, comete adulterio. Una mujer divorciada ni siquiera puede casarse legítimamente; y si ella comete tal acto sin el nombre del matrimonio, ¿no entra en la categoría de adulterio, en la que el adulterio es un crimen en el camino del matrimonio?[7]

Tertuliano nos refleja que no puede haber matrimonio legal luego del divorcio. Es claro que en todo, los Padres de la Iglesia apelaban al designio de Dios establecido en el Génesis, algo que el mismo Cristo hace en Mt 19. Y además, Tertuliano nos deja ver que un segundo matrimonio luego de un divorcio es un crimen al matrimonio.


San Clemente de Alejandría, siendo de la escuela griega expresa en su obra Stromata[8]:

Y ¿qué significa lo que el Señor respondió a los que le preguntaban sobre el divorcio, si era lícito repudiar a la mujer, puesto que Moisés lo había permitido? «Por la dureza de su corazón, dice, Moisés escribió esto. ¿Pero ustedes no han oído lo que Dios dijo al primer hombre: “Serán los dos una sola carne?”. Por tanto aquél que repudia a la mujer, sin culpa de fornicación, la expone al adulterio» (Mt 19,4-9)

San Clemente reconoce que el divorcio puede conducir al adulterio. Si bien recalca la culpa de la fornicación en ello, no hace mención a que sea válido o legal un segundo matrimonio, y recuerda bien la ley establecida por Dios en un principio.


Orígenes, será el primero que mencione un caso de líderes que permitieron matrimonio a una mujer con el marido aun vivo, pero aun así reconoce que esto va contra la Escritura y la Tradición. En su comentario al Evangelio de San Mateo[9] narra:

Pero esto también, una mujer casada está ligada por tanto tiempo como su marido vive; pero si su marido muere, ella queda libre para casarse con quien quiera sólo en el Señor. (1 Cor 7,39) fue dicho por Pablo en vista de nuestra dureza de corazón y la debilidad de aquellos que no quieren desear ardientemente los mejores dones y ser más bendecidos. Pero ahora al contrario de lo que estaba escrito, algunos incluso de los gobernantes de la iglesia han permitido a una mujer contraer matrimonio, incluso cuando su marido estaba vivo, haciendo contrariamente a lo que estaba escrito, donde se dice: La mujer está ligada durante tanto tiempo mientras su esposo vive, y por eso, si, mientras vive su marido, ella se une a otro hombre; ésta será llamada adúltera; (Rom 7,3) no hecho del todo sin razón, ya que es probable que esta concesión se le permitió, en comparación con peores cosas, al contrario de lo que era desde el principio ordenado por la ley y por escrito.

Orígenes es usado por quienes justifican que la Iglesia primitiva permitía el divorcio. Un libro católico que  trata el tema llega al extremo de colocar:

Posteriormente encontramos a Tertuliano y Orígenes, como testigos calificados de los siglos II y III, que reconocen a la mujer el derecho de casarse, viviendo aun su primer marido[10].

Pero si analizamos realmente el texto de Orígenes encontramos que:

·         Se trata de UN SOLO caso mencionado


·         Orígenes reconoce que la decisión de los gobernantes va en contra de la Escritura misma y la Ley


·      Trata de buscar una razón que explique esa decisión, pero no indica un cambio de postura respecto al divorcio y al adulterio, pues Orígenes desconoce las causas en ese caso.

 

Es por tanto ligero, asumir que Orígenes apoyaba el divorcio en algún caso. Sin embargo, el mismo cardenal Kasper, hace mención de Orígenes en estos términos:

Este derecho consuetudinario está expresamente testimoniado por Orígenes, que lo considera no irrazonable[11]


Creo que el cardenal Kasper no entendió que una cosa es que Orígenes trate de darle una explicación al caso mencionado y otra que esté de acuerdo o valide la llamada “tolerancia pastoral”. El profesor Roberto Di Mattei hace mención a que se cite a Orígenes pero deja claro:

Y Orígenes, aunque buscando alguna justificación a la praxis adoptada por unos Obispos, puntualiza que esta praxis contradice la Escritura y la Tradición de la Iglesia[12]

 

De otra parte, el Rev James Dylan, en una conferencia titulada: "La práctica de la "oikonomia en la Iglesia ortodoxa griega""[13] menciona:

¿Es que no debe tomarse como profundamente significativo que la primera vez que este enfoque de "condescendencia" es comentado se señale, incluso por parte de quien lo defiende, que contradice las Sagradas Escrituras?

Otro autor menciona que a pesar de lo que expresó Orígenes, posteriormente dirá que esto era sólo un matrimonio en apariencia[14]

Pero sí debemos reconocer que Orígenes representa el inicio de una postura que se va dando en la Iglesia, de permisividad o tolerancia en algunos casos, pero del lado oriental o griego. Consideraban por un lado el rigor de la ley y por el otro el de la benevolencia. ¿Cuál es el enfoque que ven en Orígenes y posteriormente en la iglesia griega? Se trata el del término oikonomía o condescendencia. Recomiendo el artículo[15]:

¿Qué significa “oikonomia“?

Oikonomia es la palabra griega que se refiere a la gestión de la casa de Dios (oikos), de la Iglesia, por el administrador (oikonomos) de la Iglesia, es decir, el obispo local. En particular, se refiere a una relajación de la aplicación estricta (akribea) de una ley en favor de una flexibilización de esa ley en un caso particular, en lo que se llama la práctica de la «oikonomia». La justificación de la relajación de la ley es la condescendencia de Dios (sunkatabasis) ante la debilidad humana. De acuerdo con este enfoque, tal y como es seguido por las Iglesias ortodoxas orientales, Dios sabe que somos débiles, que con frecuencia fallamos en vivir de acuerdo con su ley, y por ello ha establecido a sus obispos como los administradores de su casa para determinar en qué ocasiones la ley no se debe aplicar estrictamente sino que su aplicación debe relajarse.

Es con esta medida de benevolencia, que algunos padres orientales trataron de regular el tema de las segundas nupcias, pero siempre reconociendo como sacramento sólo al primer matrimonio.


Siglo IV

El siglo IV será uno de los más importantes para consolidar la doctrina católica latina, y para continuar la postura flexible de la iglesia griega.

San Agustín, será quien reafirme y coloque la doctrina de la Iglesia en la forma actual que tiene. En varias de sus obras es claro respecto al tema del divorcio y segundos matrimonios, y sobre comulgar en pecado:

Respecto a que Judas haya comulgado en la última cena expresa:

¿Cómo muchos no reciben en el altar y morir, y mueren de hecho recibiendo? De donde el apóstol dice, come y bebe su propia condenación. 1 Corintios 11:29 Porque no era el bocado dado por el Señor que era el veneno de Judas. Y sin embargo, él lo tomó; y cuando la sacó, el enemigo entró en él: no porque él recibió una cosa mala, sino porque siendo malos recibió una buena cosa en el mal camino.[18]

 

Respecto al vínculo indisoluble del matrimonio, San Agustín reconocerá como única causa válida la fornicación, pero no para permitir un segundo matrimonio por ello:

Sin duda, la res (virtud propia) del sacramento consiste en que el hombre y la mujer, unidos en matrimonio, perseveren unidos mientras vivan y que no sea lícita la separación de un cónyuge de otro, excepto por causa de fornicación.[19]

 

Seguirá el doctor, defendiendo que el vínculo matrimonial se mantiene incluso aun cuando se tenga una segunda relación, por lo que nada excepto la muerte, lo puede romper:

Hasta tal punto permanecen entre los esposos vivos los derechos del matrimonio una vez ratificados, que los cónyuges que se han separado el uno del otro siguen estando más unidos entre sí que con el que se han juntado posteriormente, pues no cometerían adulterio con otro si no permaneciesen unidos entre sí. A lo más, muerto el varón, con el que existía un auténtico matrimonio, podrá realizarse una verdadera unión con el que antes se vivía en adulterio. Por tanto, existe entre los cónyuges vivientes tal vínculo, que ni la separación ni la unión adúltera lo pueden romper. Pero permanece para el castigo del delito, no para el vínculo de la alianza, igual que el alma del apóstata, que se separa, por decirlo de alguna forma, del matrimonio con Cristo: por más que haya perdido la fe, no destruye el sacramento de la fe, que recibió con el baño de la regeneración. Sin duda, le sería devuelto al tornar, si lo hubiera perdido alejándose. Pero quien se haya separado lo tiene para aumento del suplicio, no para mérito del premio.

 

San Agustín, a su vez mantendrá  que en este tipo de relaciones, permanece el castigo del delito, por lo que cualquier relación fuera del primer matrimonio, es un pecado; impensable para permitirles acceder a la comunión. La rigurosidad mostrada en los primeros siglos sobre el adulterio, era tal que el Concilio de Ancyra a inicios del siglo IV expresaba:

Si la esposa de alguien ha cometido adulterio o si cualquier hombre comete adulterio parece conveniente que se restablezca plenamente la comunión después de siete años pasados ​​en los grados prescritos [de la penitencia][20]

Es decir, para quien cometía ese pecado había un tiempo de penitencia de 7 años, por lo que sería absurdo pensar que  para el que se casó con otra, pudiera existir la mínima posibilidad de comunión.


En otra obra, San Agustín volverá a insistir en que una separación producto de un adulterio, no permite nuevas nupcias[21]:

Ahora bien, si le es lícito al marido repudiar a su mujer adúltera, le será lícito asimismo desposarse con otra. La Sagrada Escritura nos ofrece a este propósito una dificultad de no fácil resolución, pues, según el testimonio del Apóstol, hay un precepto expreso del Señor que prohíbe a la mujer separarse de su marido, y, en caso de separación, la intima a que permanezca innúbil o, en todo caso, a que se reconcilie con su marido, ya que solo el adulterio puede ser causa de separación. Pero en este mismo caso debe guardarse de contraer nuevas nupcias, no sea que separándose de su marido, si él no ha caído en el adulterio, sea causa de que venga a caer en él. En todo caso, siempre será mucho más recomendable que se avenga a una reconciliación con él, o tolerándole o después que se haya corregido, si es ella la que no puede guardar continencia.

 

Y en esta misma obra, San Agustín vuelve a remarcar la indisolubilidad del vínculo matrimonial:

En nuestros mismos días, según las leyes romanas, no le está permitido al marido tomar una segunda mujer mientras la primera mujer legítima viviere. El caso es, pues, el mismo, bien sea el hombre el que abandona a la mujer, bien sea que ésta abandone a aquél por causa de adulterio, ya que uno y otro, si pudieran contraer un nuevo matrimonio, lograrían tener multiplicada descendencia. Ahora bien, si esto no es permisible, como parece deducirse de la divina prescripción, ¿quién no ve aquí toda la íntima solidez e inquebrantable fuerza del vínculo matrimonial?

 

Por último, de los textos de San Agustín que compartimos, esa parte de la misma obra es muy importante para zanjar cualquier duda:

Yo no puedo creer en ningún modo que haya podido el matrimonio tener tanta eficacia y cohesión si, dado el estado de fragilidad y de mortalidad a que estamos sometidos, no se diera en él el signo misterioso de una realidad más grande aún, es decir, de un sacramento cuya huella imborrable no puede ser desfigurada, sin castigo, por los hombres que desertan del deber o que tratan de desvincularse del sagrado lazo. Porque ni con el divorcio legalizado puede quebrarse aquella alianza nupcial, puesto que, aun separados el uno del otro, ambos siguen siendo cónyuges, y cometen adulterio con aquellos con quienes se unieren aun después del repudio, ya sea ella con el varón, ya sea él con la mujer.

Esta postura tan clara y radical sobre la indisolubilidad del matrimonio en occidente, parece contradictoria con la permisividad dada en Oriente, que es a lo que apelan quienes piden que la Iglesia cambie su doctrina. Pero aun así, debemos dejar claro que en Oriente sólo el primer matrimonio es considerado sacramento.

 

Otro de los Padres que se citan para mostrar la línea tolerante es San Basilio. El mismo Kasper lo cita como otro de los que no consideraban irracional permitir una nueva relación como un mal menor. Es peligroso apelar a San Basilio sin entender dos cosas: (a) en Oriente, los emperadores tuvieron mas injerencia sobre la legislación eclesiástica, y (b) el manejo pastoral de San Basilio, giró enfocado en el cónyuge abandonado inocentemente, y no en una puerta para el divorcio en cualquier caso.

San Basilio es presentado como testigo de la actitud benevolente con los divorciados, o como quien se deja inspirar por la enseñanza de los que deseaban ser indulgentes con aquellos que se habían dejado arrastrar por la debilidad[22]. Lo cierto es que San Basilio expresa en sus Moralias, lo siguiente que recoge el Catecismo:

«No es lícito al varón, una vez separado de su esposa, tomar otra; ni a una mujer repudiada por su marido, ser tomada por otro como esposa» (San Basilio Magno, Moralia, regula 73, 1).[23]

(quod non licet viro, uxore dimissa, aliam ducere, neque fas est repudiatam  a marito, ab alio duci uxorem)

San Basilio debe ser leído en el contexto de su época y no debe pretenderse apelar a San Basilio para justificar un segundo matrimonio, con la misma validez del primero. San Basilio en las cartas que dirige a Anfiloquio, expresa lo siguiente:

LXXVII. El que abandona a la esposa, legalmente unida a él, está sujeto por la palabra del Señor, a la pena de adulterio. Pero se ha establecido como un canon por nuestros padres que tales pecadores deben llorar por un año, ser oyentes durante dos años, en los que se arrodilla por tres años, de pie con los fieles en el séptimo; y por lo tanto ser considerado digno del sacrificio, si se han arrepentido de lágrimas[24].

Es decir, que San Basilio no desconoce que el adulterio sea un pecado, pero aun cuando pecado, establece una normatividad relativa a la penitencia que debe cumplir quien esté arrepentido dese pecado. No se trata de una enmienda para validar la relación pecaminosa, sino de una penitencia para pagar por el pecado cometido.


San Basilio, planteará el asunto del cónyuge abandonado en una de sus cartas a Anfiloquio, en la cual expresaba:

Por tanto no sé si la mujer que vive con un hombre que ha sido abandonado puede llamarse una adúltera; la acusación en este caso, se fija a la mujer que ha abandonado a su marido, y depende de la causa por la que abandonó el matrimonio…He aquí, pues la esposa, si ella deja a su marido y se va a otro, es adúltera. Pero el hombre que ha sido abandonado es perdonable, y la mujer que vive con un hombre así, no es condenada. Pero si el hombre que ha abandonado a su esposa, ella va a otro, él mismo es un adúltero, porque hace que ella adultere; y la mujer que vive con él es adúltera, porque ha provocado el marido de otra mujer para llegar a ella[25].

 Es claro entonces que el asunto del abandono voluntario para ir a otro es pecado de adulterio para San Basilio, y sólo el caso de un cónyuge abandonado es en donde el santo se planteó el asunto de la tolerancia y benevolencia.


En otra de sus cartas, San Basilio será claro en que no se dé la comunión a quien vive en adulterio con la esposa de otro hombre:

Hacemos un llamado el hombre que vive con la esposa de otro hombre adúltero, y no lo recibimos en la comunión hasta que haya cesado de su pecado; y así ordenamos en el caso de aquel que tiene una virgen[26].

Por tanto, los padres orientales como San Basilio sólo fueron condescendientes en casos excepcionales como en el cónyuge abandonado, basados en el principio de oikonomía.

Y en la tercera de sus cartas, menciona una serie de normas en donde por un lado apela a la benevolencia en el caso del abandonado es fuerte e implacable en el caso del adulterio premeditado[27]:

XXXIX. La mujer que vive con un adúltero es adúltera todo el tiempo

XXXV. En el caso de un hombre abandonado por su esposa, la causa de la deserción se debe tener en cuenta. Si ella parece haberlo abandonado sin razón, es merecedor del perdón, y la mujer del castigo.

XLVIII. La mujer que ha sido abandonada por su marido, debería, a mi juicio, en quedarse como está. El Señor dijo: Si alguno deja a su mujer, salvo por causa de fornicación, hace que ella adultere; (Mt 5,22) Por tanto, al llamarla adúltera, Él le excluye de las relaciones sexuales con otro hombre. Porque ¿cómo puede el hombre ser culpable, por haber causado el adulterio, y la mujer, ir sin culpa, cuando ella se llama adúltera por el Señor, para tener relaciones sexuales con otro hombre?

Es por tanto necesario que San Basilio, no sea usado de manera arbitraria para enseñar que la Iglesia aprobaba y consideraba sacramentos un segundo matrimonio. Sin embargo, como bien recalca Luis Glinka[28], la Iglesia Oriental tomó una actitud de misericordia sirviéndose de la oikonomía  para conceder el divorcio  a aquellos matrimonios destruidos culplablemente o por motivos especiales.

 

Terminamos los aportes de los Padres, haciendo mención a San Juan Crisóstomo, que en su Homilía sobre Mateo escribe:

Y lo observan por todas partes abordar su discurso al hombre. Por lo tanto, el que repudia a su mujer, dice Él, hace que ella adultere; y el que se casa con una mujer repudiada, comete adulterio. Es decir, el primero, a pesar de que no tome otra esposa, por ese solo hecho se ha hecho responsable a quien culpar, después de haber hecho la primera adúltera; este último ha vuelto a ser un adúltero tomando la que es de otro. Porque no me digas que esto, el otro la ha echado fuera; es más, para cuando echamos fuera ella sigue siendo la esposa de él que la expulsó.[29]


Posterior al siglo V, la Iglesia de Oriente se verá más influenciada por la intromisión de los emperadores en las leyes. Los primeros siglos nos muestran que la Iglesia siempre condenó el divorcio y rechazó el adulterio.



[1] Didaché, 6. Padres Apostólicos y apologistas (SII), BAC

[2] (Pastor de Hermas, Cuarto mandato, 4). Padres Apostólicos y apologistas (SII), BAC. Pág 762.

[3] De la separación permaneciendo el vínculo. CDC. 1151-1155

[4] Apología, Justino Martir 15, 3. Padres Apostólicos y apologistas (SII), BAC. Pág 1028

[5] IB, 15.4 Pág. 1029.

[6] (Legación en favor de los cristianos, 33). Padres Apostólicos y apologistas (SII), BAC. Pág 1385

[7] Sobre la Monogamía. Tertuliano, Capítulo 9. http://www.newadvent.org/fathers/0406.htm

[9] Orígenes (Comment. in Mat., XIV. http://www.newadvent.org/fathers/101614.htm

[10] BOTERO, Silvio. Divorciados vueltos a casar. San Pablo, pág 176.

[11] http://www.infobae.com/2014/03/03/1547495-se-conocio-el-texto-vaticano-los-divorciados-vueltos-casar

[12] http://statveritasblog.blogspot.com/2014/03/roberto-de-mattei-lo-que-dios-ha-unido.html

[13] http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=35922

[14] GRANADOS, José. Una sola carne, un solo espíritu: Teología del Matrimonio. Ed. Pelicano, 2014. Versión digital

[15] http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=35922

[18] Tratado 26 sobre San Juan 6, 41-59

[19] El Matrimonio y la concupiscencia

[20] Canon 20. http://www.newadvent.org/fathers/3802.htm

[21] La bondad del matrimonio

[22] BOTERO, Silvio. Divorciados vueltos a casar. San Pablo, pág 178

[23] Citado en el CIC en el numeral 2384. Ver referencia en http://www.documentacatholicaomnia.eu/02g/0330-0379,_Basilius_Magnus,_Moralium,_MGR.pdf

[24] San Basilio, Carta 217, http://www.newadvent.org/fathers/3202217.htm (en inglés)

[25] San Basilio, Carta 188, 9 http://www.newadvent.org/fathers/3202189.htm (en inglés)

[26] San Basilio, Carta 199, 18 http://www.newadvent.org/fathers/3202199.htm

[27] San Basilio, Carta 199, 18 http://www.newadvent.org/fathers/3202199.htm

[28] GLINKA, LUIS. Indisolubilidad y divorcio en las Iglesias Ortodoxas: una contribución al diálogo ecuménico. Teología: revista de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina, ISSN 0328-1396, Nº. 51, 1988, pags. 59-70 01/1988;

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