La otra noche tuve un sueño

   “La  otra  noche  tuve  un  sueño…”

        
 
Y quiero compartirlo con ustedes,

              mis hermanos en la fe…

 

La otra noche tuve un sueño…

me ví en una playa solitaria, al atardecer.

Podía oler la sal de la inmensidad,

podía sentir la brisa cálida de una tarde de verano,

y mis ojos se deleitaban en ese maravilloso espectáculo multicolor

del cielo y las nubes atravesados caprichosamente por los rayos del sol.

Caminaba por la orilla, disfrutando ese momento,

contemplando todo detenidamente…

pensando en mi vida, mis problemas,

mis sueños, mis ansias de felicidad.


De repente, me sentí extraña,

invadida en mis reflexiones,

sentí la presencia de “alguien”,

ya no estaba sola, “alguien” caminaba a mi lado.

Lentamente me dí vuelta y miré…lo ví…

Era  Jesús!, sí, Jesús!,

en toda su real majestuosidad,

humanidad y divinidad, caminaba conmigo !!!

 

El, también miraba con admiración y deleite

ese maravilloso atardecer…

Yo, ya no miraba el paisaje,

sinceramente ya había palidecido todo su encanto

ante la belleza y luminosidad de Jesús.

Estaba radiante, hermoso, tan vivo y real,

que sentí deseos de tocarlo, de mirarlo a los ojos…

 

Como si El adivinara mis pensamientos, se detuvo,

Lentamente giró su bello rostro y me miró…

Es indescriptible lo que sentí,

mis ojos quedaron atrapados en su mirada,

no podía dejar de contemplarlo.

Me sonrió, me tomó de la mano y me dijo:

- “Estoy siempre contigo…”


Me quedé muda, no podía contestar,

me sentía tan pequeña ante El, tan indigna de su amor,

de esa ternura con la que me miraba…


Tiene que haber notado mi confusión,

porque me brindó una sonrisa conciliadora,

me tomó de ambas manos y me invitó a sentarme en la arena,

tal como lo hizo El.

Estábamos ahí, frente a frente, Jesús y yo…

 

Seguía mirándome…

y yo buscaba inconcientemente una mirada de reproche,

de enojo, de condena…

Pero nada de eso había en sus ojos,

Solo ternura, bondad, sabiduría

y una profunda paz que inundaba mi alma entera.

 

Me sentía desnuda ante El, pobre, sin nada…

sentía que podía ver mi alma mi corazón,

leer mis pensamientos, mi conciencia,

que conocía todos mis actos.

Nada, absolutamente nada de mí

podía escaparse a su mirada…

Qué pequeña me sentía !!!

Con mucho esfuerzo logré decir:

- “Soy tan pequeña Señor, pero te amo tanto…”

 

El, me sonrió, había complacencia, benevolencia

y aprobación en su mirada…

Me dijo:

- “Lo sé, sé que me amas, lo que no sabes es…

   Cuánto te amo Yo”.

 

Al escuchar estas palabras, mi alma se estremeció,

mi corazón comenzó a palpitar locamente,

y las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos,

no podía contenerme ante Su Presencia, ante Su Amor…

Extendió su mano y con sus propios dedos

secó mis lágrimas, me dijo:

- “No llores, yo estoy aquí contigo,

     como siempre y para siempre…

     no sufras porque me duele…tanto…”

 

Bajé mi rostro, para tratar de contener mis lágrimas,

en eso reparé en sus pies, que estaban descalzos

y se asomaban bajo la túnica que llevaba…

y pude ver con tanto dolor,

las huellas de las llagas en sus pies.

Automáticamente mis ojos fueron a sus manos,

como buscando algo…sí, también allí tenía aquellas marcas…


¡Es El !!!, es mi Señor Jesús !!!

El Hijo de Dios Encarnado, el que se hizo

uno de nosotros, que padeció y murió en aquella cruz,

y que al tercer día resucitó de entre los muertos, por mí,

por ti, por todos !!!

Y ahora está aquí, frente a mí, a mi miseria,

a mi fe sin frutos, a mis faltas,

consolándome y hablándome de amor…

 

Sentía que tanto gozo y emoción no cabían en mí,

quería decirle tantas cosas…

pero las palabras y las ideas se me agolpaban en la cabeza

y se quedaban como atoradas en mi garganta, no podía pronunciar nada…

 

El, seguía mirándome…aprisionando mis ojos y mi ser.

Yo pensaba: “¡Qué ojos tan hermosos Dios mío!, ¡Qué bello es mi Señor!

No hay ninguna imagen en este mundo

que refleje su presencia, su belleza, su perfección,

su ternura…y esa paz que inunda el alma…”

 

-“Nuca lo olvides- me dijo- Yo te amo inmensamente.

  Solo quiero que me sigas amando.

  Sé de tu amor, como también de tus flaquezas, de tus faltas,

  solo quiero que me ames como Yo te amo, se que tú puedes,

  porque Yo estoy contigo…”

 

- “Yo jamás te haría daño, te amo desesperadamente,

     he dado mi vida por ti, solo te pido que

     no me hieras con esos momentos de indiferencia,

     de desesperanza, de falta de fe y amor…

     quiero verte libre, feliz !!!

     Y te amos así…como tú eres…”

 

Vinieron a mi mente todos mis errores,

mi pecado, mi podredumbre;

mis mentiras, mi egoísmo,

las veces que no fui a Misa por flojera

o falta de ganas, los días en que no me acordaba de El…

porque estaba tan “ocupada o cansada”…,

mis depresiones, mis deseos de morir, mi vanidad,

mi orgullo, mi soberbia, mi indiferencia ante el sufrimiento…

¡¡¡ Tantas cosas !!!

 

Algo muy extraño comencé a sentir…

cada vez que recordaba mis errores, mis ofensas,

pude descubrir que Jesús también las sentía, las sufría,

pude sentir su propio dolor…lo miré desesperada,

y me dí cuenta que ante cada uno de mis pecados,

sus bellos ojos se nublaban de dolor…

no solo un dolor del alma, sino que también físico.

Quedé impresionada al ver como sangraban sus llagas

ante cada falta que yo recordaba,

de su frente brotaban gotas de sangre…

 

Jamás imaginé que yo pudiese hacerle tanto daño,

nunca comprendí su amor…

Sentí un dolor tan profundo, una vergüenza tan denigrante,

que casi no podía respirar, no podía mirarlo a los ojos,

estaba tan arrepentida…

Pero El, me tomó de las manos y me dijo:

- “Yo te perdono, ya he pagado por ti,

     no sufras más, comencemos de nuevo,

     siempre podemos comenzar de nuevo…no lo olvides”.

Solo pude decirle:

- “Gracias Señor, gracias”.

Me sonrió otra vez y me preguntó:

-“¿Es inmenso el mar para ti?”

Miré el mar, observé que aquellas aguas mansas

y brillantes, no tenían fin…

me volví hacia El y le respondí:

- “Sí Señor, ¡es tan inmenso!”.

 

El, miró el mar y lentamente volvió sus ojos hacia mí,

diciéndome:

-“Infinitamente más inmenso que este mar,

   es mi amor por ti…

   y si estas aguas representaran tu amor por mí,

   Yo aún te pediría muchos mares más…”

Lo miré, estaba absorta ante esta declaración de amor tan grande,

no sabía qué responder…¡¡¡Tanto me amaba!!!

Al fin, tomé aliento y pude pronunciar estas palabras:

- “Mi Señor, yo no merezco tu amor tan grande,

    y Tú no mereces sufrir por mí…”

Me miró, con tanta dulzura, con tanta comprensión,

con esa infinita Misericordia de la que tantas veces hablamos,

pero que no imaginamos como luce en sus ojos,

en su rostro…Y me contestó:

- “Sí, si mereces mi amor, por eso me entregué por ti,

    por tu corazón, por tu alma, por tu vida…

    Quiero que  VIVAS !!! Quiero que ames la vida,

    que sonrías, que seas fuerte, que luches,

    y que correspondas…a mi amor…

    Tengo sed de ti, quiero beber

    hasta la última gota de amor de tu corazón,

    tú, bebe del mío…

    En cada Eucaristía me vuelvo a entregar por ti,

    vuelvo a resucitar para arrancarte de la muerte

    y darte vida, la vida que tú mereces…

    para que encuentres en mi Corazón la felicidad

    que anhela el tuyo, acude a Mí…no me abandones.

    Por eso, no me vuelvas a decir que no mereces mi amor,

    tú, y cada uno de tus hermanos merecen el Amor de Dios,

    porque fueron creados Por Amor y Para el Amor…

    Todo esto, todo lo que ves, es para ustedes,

    son los dueños y señores de esta creación que admiras,

    yo vine a este mundo por ustedes…

    Tu corazón está hecho para buscarme, para amarme…

Mi Padre los ha llamado hijos por Mí,

y esa es tu mayor dignidad, ser hija del Padre.

¡Tenemos puestas tantas esperanzas en ti…!

¿Quieres vivir eternamente conmigo? ”

 

No podía contener mis emociones, levanté mi rostro,

y no sé cómo, tuve la fuerza para responderle:

- “Sí mi Señor, mi gran anhelo,

    mi gran sueño es vivir contigo,

    ahora y para siempre.

    Puedo comprender que Tú eres

    el amor de mi vida, y mi felicidad

    solo está contigo…

    Sé que te he fallado mi Señor

    y ya no quiero hacerte sufrir más…

    me duele, me duele tanto hacer daño

    a quien tanto me ama !!!

    Ayúdame a ser fuerte, a ser obediente,

    humilde…Te amo !!!

    No me abandones nunca por favor !!!”

 

En ese momento hizo algo que yo anhelaba

con todas mis fuerzas:

se inclinó hacia mí y me rodeó con sus brazos,

con tanta familiaridad, que sentí que antes ya lo había hecho.

Fue el abrazo más hermoso y gratificante

de toda mi vida. El…callaba,

sentía como latía mi corazón junto al suyo,

sentía su calidez, su ternura.

Su silencio me lo decía todo !!!

Yo, no podía parar de llorar…

El comenzó a acariciar mi cabeza,

consolándome, conteniéndome…

sentía que mi pobre corazón

iba a explotar de tanto amor…

 

En sus brazos… pude calmar mi dolor,

mi vergüenza, mi arrepentimiento culpable.

De pronto sentí como sis mis ojos, súbitamente,

se hubiesen secado, ya no podía llorar más,

se habían acabado las lágrimas.

Me sentí invadida por una sensación de paz y gozo…

que no podría explicar.

 

Me miró fijamente y me dijo:

- “Nunca te he abandonado, jamás lo haría,

     te amo inmensamente, siempre estoy contigo.

     Cuando has caído, he sido Yo quien te ha levantado,

     cuando has llorado, como ahora,

     he sido Yo quien ha secado tus lágrimas…

     He reído contigo en tus momentos de alegría,

     y cuando no has tenido fuerzas para seguir,

     te he llevado en mis brazos…

     Por favor, nunca dudes de cuánto te amo !!!

 Confía en Mí, en mi Misericordia,

siempre y a pesar de todo…”

 

Lo miré, mientras El se levantaba,

me tendió sus manos, me ayudó a levantarme,

y me dijo:

- “Recuerda siempre este sueño y todas mis palabras,

    estoy contigo, siempre y para siempre!

    No me falles por favor, aunque cada vez

    estaré dispuesto a perdonarte, a comenzar de nuevo.

    Te amo demasiado para enojarme contigo

    y te daré las fuerzas necesarias para seguirme.

    Tienes la vida, la fe, la gracia, la verdad…

    no necesitas nada más…que tu voluntad.

    Quédate siempre conmigo, no me abandones,

    bebe sin medida de mi Corazón…que arde de Amor

    por ti y por toda la humanidad”.

 

Comenzó a caminar y se fue alejando lentamente…

su imagen se fue haciendo parte de ese hermoso atardecer,

de aquella luz, de aquellos colores.

Me quedé muda viéndolo desaparecer…

Cómo olvidar su presencia, sus palabras,

sus manos, su belleza, sus llagas, su mirada…

¡ Qué sueño tan hermoso !

¿Saben? Este sueño cambió mi vida,

aquella mañana desperté diferente,

sentí que todo aquello fue más que un sueño…

que ese encuentro con Jesús en aquella playa

fue una experiencia real !!!

 

Ese encuentro me hizo comprender tantas cosas,

y arrepentirme de muchas otras.

Pero lo más importante es que este sueño

me hizo “renacer”,

he iniciado una nueva relación con Jesús.

Veo el mundo, a mis hermano, mi Iglesia,

mis problemas y mi realidad, todo lo veo con otros ojos,

con otra mentalidad…con tanto amor.

Ya no me deprimo como antes…

¿Cómo dejarme consumir por una pena si tengo a Jesús?

Si El me Ama y está conmigo siempre !!!

¿Qué más puedo desear?

Lo que me falta es la nada misma en comparación a lo que tengo.

Me esfuerzo cada día, cada momento en hacerlo feliz,

porque he comprendido, que el verdadero amor

es buscar la felicidad del otro…

es dar sin medida, como lo hace El…

 

Sé que aún me queda mucho por avanzar en mi fe,

en mi experiencia con Dios. Pero, ya no temo nada…

mi Jesús está conmigo !!!

 

Me cuesta, sí, me cuesta mucho “ser perfecta para El”,

he vuelto a fallar, pero menos que antes.

Y mi Jesús me ha levantado, me toma de las manos otra vez

y me perdona en el Sacramento de la Reconciliación.

¡Qué alegría, qué gozo, qué agradecimiento siento!

cuando El me alivia, me sana y me renueva

cada vez que me perdona y me dice:

comencemos de nuevo…”

 

Acudo cada domingo a la Eucaristía,

y hasta los días de semana cuando puedo…

Ahí, me vuelvo a encontrar con El, con su Amor.

Y aunque no lo crean, cada vez que comulgo

vuelvo a sentir su abrazo, su calidez, su ternura,

su corazón palpitando junto al mío…

es tan hermoso !!!

 

Y aquí estoy, compartiendo esta experiencia con ustedes,

un sueño hermoso y real, que ha transformado mi vida,

que ha renovado mi fe.

Espero que les sirva, que los aliente a creer y vivir

el Amor de Dios y sus maravillas.

Somos pequeños, pero dignificados por el Amor del Padre,

reconciliados en el Amor y la entrega del Hijo,

y alentados cada día por su Santo Espíritu.

 

Ese Dios-hombre maravilloso, fascinante, único,

es el que amo con todas mis fuerzas.

Vivo por El, para El y en El. Jesucristo es MI VIDA !!!

Cada día lo alabo, lo busco, lo encuentro.

¿Y saben qué?

Ahora puedo decir sinceramente,

que vivo con paz, alegría, fortaleza, en el amor, en libertad…

es decir…ahora…Soy Feliz !!!

 

                                              Este texto ha sido inspirado por mi fe y mi amor a Jesús.

                                              En palabras sencillas he querido proyectar ese encuentro

                                              Que muchos(as) quisiéramos tener con Nuestro Señor Jesús.

                                              Espero haber cumplido mi objetivo, 

                                   que es enviarles un mensaje de Amor y Esperanza.

                                              Un abrazo en el Amor de Cristo !!!

-Orietta Elizabeth

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