La Vigilia Pascual

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Por Anwar Tapías Lakatt


El Sábado Santo la Iglesia espera vigilante al Señor que va a resucitar, y esa espera se da en una de las celebraciones más hermosas de la Liturgia: La Vigilia Pascual.
Cada parte de la Vigilia Pascual podemos vivirla y meditarla desde el encuentro con Cristo resucitado. Vamos a analizar cada una de ellas:

- La bendición del fuego:
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Cristo es la luz de la Salvación. En esta parte se bendice el fuego y nuestra luz se enciende desde el Cirio Pascual, de esta forma sabemos que la luz en nuestra vida sólo viene de Cristo. En el cirio está la inscripción con las letras alfa y omega para saber que Cristo es principio y fin de todo, y tiene 5 granos que simbolizan las 5 llagas de Jesucristo.
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Cristo como luz nos saca de las tinieblas de la muerte. San Pablo nos invita a esto:
"Antes, ustedes eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de la luz. (Ef 5, 8).
Esa vida como hijos de la luz, nos tiene que hacer buscar las cosas celestiales y eso sólo es posible si verdaderamente hemos resucitado con Cristo:
"Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios". (Col 3, 1)
Tener un encuentro con Cristo resucitado, nos saca de las tinieblas y nos lleva a la luz. En este signo de la bendición de la luz, tengamos presente que quien vive la Resurrección vive la luz,
En esta parte se da el Pregón Pascual, una oración litúrgica que reconoce el valor de lo celebrado, que exalta lo que ocurre en la noche: en que las cadenas de la muerte son rotas por la victoria de Cristo. 

2. Liturgia de la Palabra.
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La Liturgia de la Palabra en la Vigilia Pascual es extensa, y aborda la acción salvadora de Dios en la humanidad. Son siete lecturas del Antiguo Testamento con un salmo responsorial, y dos lecturas del Nuevo Testamento. La celebración del Resucitado es una oportunidad para meditar la Palabra de Dios, que es salvadora y fuente de vida.

Al encuentro con Cristo resucitado, nuestro corazón cobra un impulso para salir a anunciarlo. Eso sucedió con las mujeres una vez supieron que Cristo había resucitado:
"Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y corrieron a dar la noticia a los discípulos" (Mt 28, 8)
Eso produce la Resurrección, una fuerza interior que nos lleva a anunciar a Cristo. Eso lo podemos comprender y meditar en esta parte de la celebración.

3. Liturgia Bautismal
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En la celebración, renovamos nuestras promesas bautismales. Es evidente la relación entre Bautismo y Resurrección. En esta celebración se acostumbra que los catecúmenos reciban los sacramentos de la iniciación cristiana, porque precisamente lo que se celebra es el paso de la muerte a la vida.

Cristo cuando dio los mandatos de bautizar a las naciones, lo hizo ya resucitado. Es importante comprender esto, Cristo mandó a sus discípulos muchas cosas en vida terrena, pero cuando resucitó los dio el mandato de Bautizar. San Pablo nos muestra este vínculo:
"Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva.
Porque si nos hemos identificado con Cristo por una muerte semejante a la suya, también nos identificaremos con él en la resurrección" (Rom 6, 4-5)

Por eso en esta parte se dice de los bautizados:
"Para que por la gracia del bautismo hagas renacer a estos elegidos tuyos. Escúchanos, Señor."
Muramos al pecado y renunciemos a satanás y a las obras del mal. Que el agua pura y santa, bendita del Señor, ahuyente al mal de nuestra vida.

4. Liturgia Eucarístca

Finalmente, estamos en la liturgia eucarística. Recibimos al Señor en su cuerpo, sangre, alma y divinidad.
Tenemos nuestro alimento, al Dios vivo y eterno, que una vez vencida la muerte, ha roto el pecado que nos dominaba.
La Resurrección es el centro de la vida litúrgica, porque si no hay resurrección vana sería nuestra fe.

Los discípulos de Emaús pudieron reconocer a Cristo resucitado al partir el pan. Fue ahí que sus ojos pudieron contemplar a Cristo vivo y resucitado. En esta comunión, pidamos al Padre, ojos espirituales para comprender y vivir el misterio del Dios encarnado, que se nos entrega de forma sacramental en las especies de pan y vino, y que como los discípulos de Emaús, sintamos un fuego ardiente en nuestro pecho en esta noche.

Que esta Vigilia Pascual, que este encuentro a la espera del Resucitado, ns haga llenar de gozo y vivamos una vida nueva.


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