LLenando los cántaros

“Llenando los cántaros”

Por: Ada Mireya Espinosa

 

Cuando depositamos nuestra confianza en Dios, dejamos de lado las preocupaciones que nos roban la paz. Es necesario que el cristiano, para honrar su condición de fe en Jesús el Señor, comience a depositar en Dios la certeza de que proveerá todo cuanto necesita.

Confiar en el Señor es asumir que no solamente El tiene poder y cuidado de los detalles en apariencia mínimos, sino que vela y desea atender nuestras necesidades ya que significamos mucho para El. Cuando confiamos en Aquél que todo lo puede, reinvertimos las prioridades: nos ocupamos de buscarle y andar en Su voluntad.

En medio de la sequía que hubo, Elías pudo ver como Dios lo sustentó en el desierto. Cuando a la viuda le faltó el aceite, Dios operó un milagro y no escaseo.

En nuestro caminar cristiano, en la búsqueda de crecimiento y de servicio, llegan momentos de desierto, de desolación y de espera en el cumplimiento de una promesa de Dios o de un milagro para nuestra vida. En ocasiones, la espera prolongada apaga la fe y en casos extremos causa alejamiento de Dios. Hoy día vemos muchas personas que esperan por un milagro de Dios y se preguntan: “¿Qué pasa con el Señor?” ¿Por qué no hace el milagro?”.

Hoy día esperamos promesas y milagros de parte de Dios sin hacer la parte que nos corresponde. Es a nosotros a quien nos toca conservar el cántaro lleno de aceite

El conformismo espiritual está apagando el fuego de Dios en la Iglesia. Hasta que tú y yo, no nos dispongamos a hacer nuestra parte

Llenar tu cántaro de aceite es sinónimo de enfrentar tus miedos y lanzarte, abandonar la comodidad, despojarte de las excusas y estar al servicio total del Maestro. Llena tu tiesto y tus cántaros siendo sensible a su voz y obediente a sus mandatos, no al estar ante los demás, sino en la intimidad de tu vida. Llena tus cántaros dando a Dios la posición que realmente se merece en tu vida, la primera. Echa a un lado tus intereses. Será en este momento que Jesús llenará tus cántaros de una nueva unción.

Lánzate a hacer lo que Jesús te diga. Si eres un hijo de Dios, si eres un servidor del Señor, camina como uno. Sal a preparar tu campo para recibir la lluvia del Espíritu Santo que va a descender sobre tí

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