Los ángeles en el Plan de Dios


a) Los ángeles existen

La existencia de los ángeles se recoge expresamente en las fórmulas de fe o Credos de la Iglesia, a partir del Símbolo Niceno-constantinopolitano (381), en el que confesamos creer «en un solo Dios... Creador del cielo y de la tierra, de todas las cosas visibles e invisibles» .

Lo mismo se dice en las profesiones de fe católica elaboradas por los concilios de Letrán IV en 1215  , Lyon 11 en 1274 , Florencia en 1441  y Trento en 1564 . El Concilio Vaticano I (1869-70) habla de la criatura angélica como parte de la obra creadora producida por Dios . Los Hechos de los Apóstoles nos informan que los saduceos negaban «la resurrección y la existencia de ángeles y espíritus» .

Numerosos contemporáneos hablan de ángeles, pero los consideran productos de la imaginación literaria, y proyecciones de la conciencia estética del hombre, que se apoya en la idea de esos seres misteriosos para expresar reflexiones y fantasías del espíritu humano. La existencia de ángeles es negada finalmente por algunos autores protestantes, que los consideran un mito bíblico necesitado de nueva interpretación . Y con frecuencia este modo de pensar, busca difundirse, actualmente, en los medios de comunicación. A estas, y parecidas opiniones derivadas de ellas, se refería la Encíclica Humani Generis (1950) al afirmar que «algunos se plantean la cuestión de si los ángeles son criaturas personales» .

 


El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que «La existencia de seres espirituales, no corporales, que la Sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe. El testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición» .


b) Son seres de naturaleza espiritual

El Catecismo de la Iglesia Católica precisa que «En tanto que criaturas puramente espirituales, tienen inteligencia y voluntad: son criaturas personales  e inmortales ( Lc 20, 36). Superan en perfección a todas las criaturas visibles. El resplandor de su gloria da testimonio de ello ( Dn 10, 9-12)» .


c) Fueron creados por Dios


Los ángeles han sido creados por Dios a partir de la nada. Son criaturas. No son aspectos de Dios ni emanaciones del ser divino. Tampoco son seres divinos intermedios entre el Altísimo y el mundo visible. Pertenecen al conjunto de la creación, que es visible e invisible.

Esta doctrina de fe se encuentra afirmada en los Credos y subrayada particularmente por el Concilio IV de Letrán (vide supra).

La Sagrada Escritura no describe la creación de los ángeles «pero al presentarlos como dependiendo completamente de Dios enseña implícitamente esta verdad» . La enseñanza bíblica sobre los seres angélicos se desarrolla por entero en el marco del más estricto monoteísmo.

 Funciones de los seres angélicos

 Los ángeles contemplan siempre el rostro de Dios, le adoran y le dan gloria en el cielo. Esta alabanza de Dios constituye la perfección y felicidad de los ángeles. Es precisamente el estado o situación sobrenatural que llamamos cielo, que consiste en ver, amar y adorar a Dios. Puede decirse que la esencia del ser angélico es la adoración.

Los ángeles realizan en este sentido el fin más importante y profundo de la entera creación, que es la gloria de Dios.

«Bendecid a Yahvéh vosotros sus ángeles todos, alabadle todos sus ejércitos»

 El «Sanctus» de la liturgia eucarística no es otra cosa que el eco de lo que, según el profeta Isaías, repiten los ángeles en el cielo.

Dice Isaías: «Había ante El serafines... y los unos y los otros se gritaban y se respondían: Santo, Santo, Santo, Yahvéh de los ejércitos. La tierra está llena de tu gloria». La liturgia de la Iglesia, cuyo primer fin es doxológico o laudatorio, es como un reflejo de la liturgia del cielo, a la que trata de parecerse. En la Carta a los Hebreos leemos: «Vosotros os habéis aproximado al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, a la Jerusalén celestial, y a las miríadas de ángeles, a la asamblea y congregación de los primogénitos, que están inscritos en los cielos» .

El Catecismo de la Iglesia Católica recoge esta enseñanza: «S. Agustín dice respecto a ellos: «El nombre de ángel indica su oficio, no su naturaleza. Si preguntas por su naturaleza, te diré que es un espíritu; si preguntas por lo que hace, te diré que es un ángel» .

Con todo su ser, los ángeles son servidores y mensajeros de Dios. Porque contemplan «constantemente el rostro de mi Padre que está en los cielos» (Mt 18, 10), son «agentes de sus órdenes, atentos a la voz de su palabra» (Sal 103, 20)» . Además, Cristo es el centro del mundo de los ángeles. Los ángeles le pertenecen: «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles...» (Mt 35, 31). Le pertenecen porque fueron creados por y para El: «Por que en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades: todo fue creado por él y para él» (Col 1, 16)»
 
Sin abandonar la contemplación y la alabanza divinas, los ángeles intervienen en la historia de la salvación como mensajeros de Dios en su solicitud hacia los hombres. «Son espíritus servidores, enviados para ayudar a aquellos que han de heredar la salvación». Es tarea de los ángeles, por lo tanto, expresar y llevar a cabo la protección que Dios dispensa a la Creación humana y a cada uno de los que la componen. «El te encomendará a sus ángeles, para que te guarden en todos tus caminos».

«Desde la creación, donde los ángeles son llamados «hijos de Dios» y a lo largo de toda la historia de la salvación, los encontramos, anunciando de lejos o de cerca, esa salvación y sirviendo al designio divino de su realización: cierran el paraíso terrenal ( Gn 3, 24), protegen a Lot ( Gn 19), salvan a Agar y a su hijo ( Gn 21, 17), detienen la mano de Abraham ( Gn 22, 11), la ley es comunicada por su ministerio ( Hch 7, 53), conducen al pueblo de Dios ( Ex 23, 20-23), anuncian nacimientos  y vocaciones (Is 6, 6), asisten a los profetas (1 R 19, 5), por no citar más que algunos ejemplos. Finalmente, el ángel Gabriel anuncia el nacimiento del Precursor y el de Jesús (Lc 1, 11.26)»

«De la Encarnación a la Ascensión, la vida del Verbo encarnado está rodeada de la adoración y del servicio de los ángeles. Cuando Dios introduce «a su Primogénito en el mundo, dice: "adórenle todos los ángeles de Dios" (Hb 1, 6). Su cántico de alabanza en el nacimiento de Cristo no ha cesado de resonar en la alabanza de la Iglesia: «Gloria a Dios...» (Lc 2, 14). Protegen la infancia de Jesús ( Mt 1, 20; 2, 13.19), sirven a Jesús en el desierto ( Mc 1, 12; Mt 4, 11), lo reconfortan en la agonía ( Lc 22, 43), cuando El habría podido ser salvado por ellos de la mano de sus enemigos ( Mt 26, 53) como en otro tiempo Israel ( 2 M 10, 29-30; 11,8). Son también los ángeles quienes «evangelizan» (Lc 2, 10) anunciando la Buena Nueva de la Encarnación ( Lc 2, 8-14), y de la Resurrección ( Mc 16, 5-7) de Cristo. Con ocasión de la segunda venida de Cristo, anunciada por los ángeles ( Hb 1, 10-11), éstos estarán presentes al servicio del juicio del Señor ( Mt 13, 41; 25, 31; Lc 12, 8-9)» . «De aquí que toda la vida de la Iglesia se beneficie de la ayuda misteriosa y poderosa de los ángeles ( Hc 5, 18-20; 8, 26-29; 10, 3-8; 6-11; 27, 23-25)».

 «En su liturgia, la Iglesia se une a los ángeles para adorar al Dios tres veces santo; invoca su asistencia así en el  («Te pedimos humildemente...») del Canon romano .

El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice que «Desde la infancia (Mt 18, 10) a la muerte ( Lc 16, 22), la vida humana está rodeada de su custodia ( Sal 34,8; 91, 10-13) y de su intercesión   ( Jb 33, 23-24; Za 1, 12; Tb 12, 12).

El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que Cristo «los ha hecho mensajeros de su designio de salvación: "¿Es que no son todos ellos espíritus servidores con la misión de asistir a los que han de heredar la salvación?"» (Hb 1, 14)».

Sto. Tomás aclara algunos errores sobre los ángeles en su “Suma teológica”:


1) Los ángeles no tienen los mismos poderes que Dios.

- “Sólo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo son eternos”. “Los ángeles y todo lo que no es Dios, ha sido hecho por Dios” . El ángel “no está en todas partes, ni en muchos lugares, sino solamente en uno”

- “El ángel, al contrario de Dios, “sólo tiene un conocimiento general”. “En la mente de los ángeles están las semejanzas de las criaturas, pero no tomadas de ellas, sino de Dios, que es la causa de las criaturas y en quien primeramente existen las semejanzas de las cosas”

- “Lo que es signo propio de la divinidad [como saber el futuro] no les corresponde a los ángeles”. Además, “conocer los pensamientos de los corazones es propio [sólo] de Dios”. “Aun cuando los ángeles bienaventurados contemplan la esencia divina, no por eso la comprenden, y, por lo tanto, no es necesario que sepan todo lo que hay en ella escondido.”


2) Los ángeles no son como los hombres ni pueden convertirse en hombres

- Los ángeles son “criaturas incorpóreas” , que “no tienen cuerpo al que estén unidos por naturaleza , pero que “algunas veces, toman cuerpo”  y “un lugar corpóreo, no como contenido, sino como el que de algún modo lo contiene” . No son limitados por el espacio, sino que su presencia limita el espacio.

- Son “cuerpos sensibles aptos para representar las propiedades inteligibles del ángel”, pero “de ningún modo se puede decir que los ángeles sienten por medio de los órganos corporales que asumen” . “Conocen las cosas sensibles presentes, pero sin ningún proceso discursivo” .

- “Ellos no tienen pasiones de concupiscencia, ni de temor, ni de audacia, que sea necesario moderar con la fortaleza y la templanza. Pero sí se les atribuye templanza en cuanto que hacen su voluntad moderadamente siguiendo lo ordenado por la voluntad divina. También la fortaleza, en cuanto que cumplen con entereza la voluntad divina. Todo esto se hace por la voluntad; no por el apetito irascible o el concupiscible”


3) Los ángeles bienaventurados no pueden pecar ni son promovidos de una jerarquía a otra

“Los ángeles bienaventurados no pueden pecar. El porqué de esto radica en que su bienaventuranza consiste en que ven a Dios por esencia. La esencia de Dios es la esencia de la bondad.”

- “El hecho de que entre los seres haya algunos que son superiores a otros, se debe a que aquéllos están más próximos y son más semejantes al ser primero, Dios”

- “Así, pues, cada una de las criaturas racionales de tal manera es llevada por Dios a la bienaventuranza, que también es llevada por predestinación divina a un determinado grado de bienaventuranza. Por eso, conseguido aquel grado, no puede pasar a otro más elevado. […] ningún bienaventurado en modo alguno puede merecer, a no ser que sea terreno y eterno, como le sucedió a Cristo, el único que fue terreno y eterno a un tiempo.”

 

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