•Sermon de Justino Martir Padre de la Iglesia

Sermon de Justino Mártir - Padre de la Iglesia
El Primer Apologista
 
(160 D.C)
San Justino nació en Flavia Neápolis. Fue el primer apologeta cristiano, laico. Como buscador incansable de la verdad, profundizó principalmente en el sistema de los estoicos, los pitagóricos y de Platón.

Tuvo un encuentro que le motivó a estudiar "una filosofía más noble" que las que él conocía. Así, comenzó a estudiar las Sagradas Escrituras y a informarse sobre el cristianismo. San Justino tenía 30 años cuando se convirtió al cristianismo y recorrió varios países discutiendo con los paganos, los herejes y los judíos sobre la fe. Los escritos de Justino mártir que han llegado completos hasta nosotros son las dos Apologías y el Diálogo con Trifón. En la primera Apología, San Justino protesta contra la condenación de los cristianos por razón de su religión o de falsas acusaciones. En ella fundamenta que es injusto acusarlos de ateísmo y de inmoralidad, ya que son ciudadanos pacíficos, cuya lealtad al emperador se basa en sus mismos principios religiosos. La segunda Apología es un apéndice de la primera. En su tercer libro, el mártir hace una defensa del cristianismo en contraste con el judaísmo, bajo la forma de diálogo con un judío llamado Trifón.

San Justino se negó a la orden dada por Crescencio de ofrecer sacrificios a los ídolos y, confesando valientemente a Cristo, fue condenado por el juez a morir decapitado [1]
 
 
 

Apologia
Porque Eva, cuando era todavía virgen e incorrupta, habiendo concebido la palabra que recibió de la serpiente, dio a luz la desobediencia y la muerte: en cambio, la virgen María concibió fe y alegría cuando el ángel Gabriel le dio la buena noticia de que el Espíritu del Señor vendría sobre ella y el poder del Altísimo la cubriría con su sombra, por lo cual lo santo nacido de ella seria hijo de Dios; a lo que ella contestó: “Hágase en mi según tu palabra.” Justino Mártir (160 d.C.)
 
 

María, la antítesis de Eva.- “Eva, virgen e intacta, habiendo concebido la palabra de la serpiente, dio a luz la desobediencia y la muerte.
La Virgen María, habiendo concebido fe y alegría, cuando el ángel Gabriel le anunció que el Espíritu del Señor vendría a ella y la virtud del Altísimo la cubriría con su sombra, de suerte que el Ser Santo, nacido de Ella, sería el Hijo de Dios, respondió: Hágase en Mí según tu palabra; y de Ella nació Él… por quien Dios destruye la serpiente y a los ángeles y hombres que a ella –a la serpiente- se asemejan, y libra de la muerte a los que se arrepienten de su maldad y creen en Él”. (Diálog. Con Trif., c.100, PG, VI, 700).

El binomio Eva-María es la primera visión de la era patrística sobre la Santísima Virgen. Esta primera raíz del paralelismo Eva-María irá creciendo pujante hasta formar un árbol exuberante: la Mariología.

La siempre Virgen María.- “Fue la virtud de Dios la que vino sobre la Virgen y la cubrió con su sombra, y, permaneciendo virgen, hizo que concibiera”. (Apolog. I, c.33, PG, VI, 381).

La doctrina sobre la virginidad de María se fue desarrollando lentamente en los primeros siglos de la Iglesia hasta culminar felizmente en la definición dogmática de la perpetua virginidad de María en el concilio provincial de Letrán, celebrado el año 649 por el papa San Martín I, como veremos luego.
María, Madre de Dios.- La maternidad divina de Nuestra Señora aparece ya también en san Justino.
No aparece, es verdad, el clásico theotókos, Deigenitrix, en estos comienzos de la literatura mariana que será más tarde el término técnico para expresar el dogma de la maternidad divina de María; pero la doctrina es exactamente la misma: la del Evangelio, la de la tradición primitiva.
He aquí dos textos de gran apologista del siglo II:

“El Hijo de Dios, que es también Dios, quiso el Padre naciera hombre de la Virgen”. (BAC, 116, p. 525).

La atribución de dos nacimientos en Cristo –eterno y temporal- a una misma persona está clara en Justino.

“Noé, Enoc, Jacob, etc., se salvaron junto con los que reconocen a Cristo, Hijo de David; Él por un lado, existía antes del lucero y de la luna; y, por otro, consintió, encarnándose, en ser engendrado por esta Virgen, que procedía del linaje de David”. (Ib., p. 376).

Si, pues, Jesús es el Hijo de Dios engendrado eternamente por el Padre y engendrado temporalmente, virginalmente, por María, síguese en buena lógica que María es la Madre de Dios.

(Cfr. ALDAMA, S. I., María en la patrística de los siglos I y II, BAC, 300).[3]
 
 
 
 

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Preparado Por:
Cesar Parra
 
Biografía:
[2] www.mercaba.org/TESORO/427-11.htm
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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