LA SANTÍSIMA VIRGEN, MODELO DE FE, ESPERANZA Y CARIDAD PARA EL III MILENIO

LA SANTÍSIMA VIRGEN, MODELO DE FE, ESPERANZA Y CARIDAD PARA EL III MILENIO
 
 
 
 
 
 
La Fe de la Virgen María
La Fe es la virtud por la cual creemos firmemente en las verdades que Dios ha revelado. "La fe es la garantía de los bienes que se esperan, la certeza de las realidades que no se ven" (Heb. 11,1).

La fe es una virtud infusa o sea dada por Dios directamente en el alma. Pero hay que alimentarla y hacerla madurar a través de nuestros actos de obediencia y confianza. Creer nunca ha sido fácil, ya que siempre implica una renuncia a las medidas propias para aceptar la medida de Dios, que es infinitamente superior a las nuestras.

La Virgen Santísima, tuvo una fe ejemplar. No ha existido criatura alguna que se pueda comparar a la fe de Nuestra Madre, ya que su vida requirió de su corazón una fe heroica capaz de poder responder en plenitud al misterio al cual se le llamó y en el cual siempre viviría.

Según el Evangelista San Lucas, la Virgen María se mueve exclusivamente en el ámbito de la fe.

La fe de María en la Anunciación:


Desde el saludo: "Ave, llena de gracia, el Señor está contigo" (Lc. 1,18), requiere fe pues el ángel le presentaba toda una identidad de la que ella no estaba consciente. Es por eso que leemos que María se turbó ante aquellas palabras. La razón es porque el ángel la invita a darse cuenta de lo privilegiada que había sido por Dios y de lo sublime que era la elección de Dios hacia ella. Solo la fe le permite aceptarse por lo que el ángel le dice que es en el plan de Dios: La llena de gracia. La fe de María la lleva a aceptar con humildad el misterio de su propio ser, ya que ella es situada en un lugar singular para una criatura humana.

Fe para creer que su Hijo, sería llamado hijo del Altísimo. El Dios hecho hombre, la Palabra encarnada
.La pregunta de María: "¿y cómo será esto pues no conozco varón?" no es una duda, o falta de fe, sino como muchos padres de la Iglesia concuerdan en decir, María aparentemente había hecho un voto de virginidad y aunque estaba desposada con José de hecho no intentaba romper su voto. Y es por eso la pregunta, pues ella debía oír de Dios como se daría esta concepción siendo ella virgen, ya que humanamente su maternidad era imposible. Pero es precisamente este camino de la imposibilidad el que Dios elige para demostrar que en realidad para Dios todo es posible.
La fe se convierte para María en la única medida para abrazar no solo su propio misterio, sino el de su mismo hijo: un puro don que Dios le ha dado no para su gozo o su exaltación, sino para el bien de todos.
Las palabras con que la Virgen María da su asentimiento: "Hágase en mi según su palabra", nos revelan la consciente aceptación de su función, ante el desafío de una realidad y de un conjunto de acontecimientos que están mas allá de la medida de la inteligencia, y los pensamientos humanos. Y esta respuesta solo la pudo dar un corazón lleno de fe.
"He aquí la esclava del Señor" esta es una profunda confesión de humildad y obediencia, pero sobre todo de confianza total en la palabra de Dios que, precisamente porque no encontrara el mas mínimo obstáculo o una sombra de vacilación en el corazón de María, se convertirá de manera absoluta en palabra creadora. ("la Palabra se hizo carne"). Ella creía tanto en la Palabra de Dios, que se hizo carne en su seno virginal. Si tuvieran fe como grano de mostaza, nos dijo el Señor, dirían a las montañas muévete y se moverían. Que clase de fe la de María Santísima que alcanzó ese inexplicable milagro: una concepción virginal....
San Agustín: "Ella concibió primero en su corazón (por la fe) y después en su vientre".

María escucha plenamente, acoge y medita dentro de su corazón, para dar fruto. Esta palabra, que requiere fe, disponibilidad, humildad, prontitud, es aceptada tal como se deben acoger las cosas de Dios. En María debemos reconocer las palabras de Jesús: "Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen" (Luc. 11,27) Por lo tanto, la maternidad de María no es solo ni principalmente un proceso biológico. Es ante todo el fruto de la adhesión amorosa y atenta a la palabra de Dios.

Cuando María dijo: "Hágase en mi según su Palabra", dio su consentimiento no solo a recibir al Niño, sino un sí a todo lo que conllevaba el ser la Madre del Salvador. Este consentimiento de María pone de relieve la calidad excepcional de su acto de fe. Fe: es ante todo conversión, o sea, entrar en el horizonte de Dios, en la mente de Dios, en los pensamientos de Dios y de sus obras.
En el Cántico del Magníficat: Isabel dice a la Virgen María: "Bienaventurada por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor" (Lc. 2:45), e inmediatamente después María responde a ese reconocimiento de su fe, con el cántico del Magníficat, que considero es un canto de fe profunda, que fluye de un corazón auténticamente humilde. Pues la fe solo nace en un corazón humilde y sencillo.

"Miró con bondad la humillación de su sierva" -Solo reconociéndose nada es que puede apreciar y a la vez necesitar fe para creer en las maravillas que Dios había hecho y haría con ella.
"En adelante me felicitaran todas las generaciones" -Fe de que la vida plena en Dios da frutos abundantes
."El poderoso ha hecho grandes cosas en mi" -Fe de que Dios interviene en la vida de sus hijos.

"Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que le temen". [1]


La Santísima Virgen nos ha prometido en Fátima que al final de la gran batalla espiritual que tendríamos que vivir, su Corazón Inmaculado triunfará”. El triunfo de su Inmaculado Corazón es la victoria de la gracia sobre el pecado, de la santidad sobre la corrupción. Pero hasta que esta victoria ocurra, estamos en el medio de esta gran batalla, estamos todavía en los momentos decisivos en los que se decide por la vida o la muerte. Es por esto, que podríamos decir que estamos en tiempos de sufrimientos, persecución y tribulación. “La Iglesia de el primer milenio nació de la sangre de los mártires. Al final de este segundo milenio, la Iglesia una vez mas se ha convertido en iglesia de mártires.” Este martirio o sufrimiento esta siendo experimentado hoy en muchas y diferentes formas: en el cuerpo o en el corazón. Es el sentir de muchos que estamos en un momento de calvario o pasión del Cuerpo místico de Cristo, la Iglesia. Nadie puede negar el hecho de que el sufrimiento, el pecado mortal, la falta de fe y de moral, ha tocado de alguna forma a nuestras familias o a nuestros amigos. Esta es hora de Cruz.

Nuestra Señora estuvo al pie de la cruz, uniendo su Corazón a los sufrimientos del Corazón de Jesús. Es precisamente por esta unión de los Dos Corazones, que el Corazón de nuestra Madre fue místicamente traspasado por la misma espada que traspasó el Corazón de Jesús. Esta fue la hora mas dolorosa para la Virgen Santísima, sin embargo, las Escrituras nos dicen que ella estuvo de pie junto a la cruz de su Hijo.

El estar de pie es una postura que manifiesta las realidades internas del Corazón de María. Al estar de pie, Ella nos reveló la fortaleza e integridad de su corazón, la indivisión de amor por Dios y por la humanidad, y su fidelidad a la misión que se le había encomendado. Estando de pie junto a la cruz, nos enseñó que su Corazón siendo inmaculado y nunca tocado por la oscuridad ni el pecado, tampoco podía ser tocado por el mal, en la mas oscura y dolorosa de las horas: la pasión y muerte de su Hijo.

Ella no permitió que las consecuencias del mal que la rodeaban entraran en su Corazón, aunque el sufrimiento si entró traspasando su corazón. La Santísima Virgen mantuvo su libertad interior como hija de Dios porque no fue invadida por el miedo, la desesperación o el odio. Como dice 2 Ped 3:19 “pues uno se hace esclavo de aquel que le vence”. Ella nunca estuvo sujeta a la oscuridad, siempre se mantuvo, tal y como un día proclamó: “esclava del Señor y su plan.”. En la encíclica de S.S. Juan Pablo II, Madre del Redentor (MR) # 37, leemos: “María, al lado de su Hijo, es la imagen mas perfecta de la libertad y de la liberación de la humanidad.”

Porque en la hora mas oscura, el Corazón de María no fue empañado por la desesperación, odio o duda, sino que mas bien manifestó las virtudes opuestas, es que hoy Ella puede llamarnos a imitar esas virtudes en nuestras propias dificultades y sufrimientos. Ella no solo nos llama, sino que nos imparte las gracias que necesitamos para ser fieles y para responder con santidad en todas las adversidades y dificultades que podemos experimentar personalmente, como familias, sociedad, en el mundo y en la Iglesia.

Tres pilares sostuvieron el Corazón de Maria al pie de la Cruz. -su fe inconmovible, su firme esperanza y su amor profundamente sacrificial. Si a través de toda su vida, vemos estas tres virtudes actuar poderosamente en Ella por sus privilegios especiales, es en el calvario que contemplamos hasta donde pueden estas virtudes sostenernos para que seamos files a Cristo en los momentos mas difíciles. Si alimentamos estas tres virtudes seremos capaces de hacer lo que nuestra Madre hizo en el calvario, estar de pie al lado de la Cruz.

De la Stma. Virgen aprendemos a vivir en fe, esperanza y caridad en nuestras propias cruces. No solo nos enseña a estar de pie y firmes en medio de la tormenta, por el poder de estas tres virtudes, sino que viene a nosotros para defendernos con su presencia maternal y llevarnos de la mano a través del desierto de la tribulación.. (Gen 13,21-22) Así como la columna de nube durante el día, y la columna de fuego durante la noche precedía a los israelitas en el desierto para enseñarles el camino, y nunca dejó de ocupar su lugar en frente del pueblo, la Virgen Stma. la nueva columna descrita en el sueño de San Juan Bosco, va delante de nosotros en tiempos de confusión y batalla, llevándonos seguros al Corazón de Jesús y a su Iglesia.

El S. Padre nos dice en Tertio Milenio Adveniente (TMA): “El mayor homenaje que todas las Iglesias tributarán a Cristo en el umbral del tercer milenio, será la demostración de la omnipotente presencia del Redentor mediante los frutos de fe, esperanza y caridad.”
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Preparado Por
Cesar Parra
 
 
Biografía:
 
 
 
 
 
 
 
 
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