Sermon de San German Las Homilías Marianas que nos dejó verdaderas joyas de sabiduria

Sermon de San German - Las Homilías Marianas que nos dejó (verdaderas joyas de sabiduría)
 
 
 
Nació en Constantinopla o en sus inmediaciones, en una fecha
incierta entre el año 634 y el 654. Hacia el 705 fue nombrado
obispo de Cicico, metrópoli de la provincia eclesiástica del
Helesponto. En el 715 fue nombrado Patriarca de Constantinopla,
donde permaneció hasta el 729 [1]
 
 
 

Entre sus homilías Marianas figuran:

 

Los sermones rebosan de la sublimidad y la grandeza del mundo divino. Sin embargo, a pesar de su perfección y de su extrema superioridad, el Cielo no se encuentra distante de la tierra: Dios, a través de María, se abaja hasta el hombre para atraerlo a si. Por eso, se comprende bien que el punto central de la teología mariana de San Germán sea la Maternidad divina de la Santísima Virgen. [3]

1ra. Sobre la entrada de la Santísima Madre de Dios.

2da. Panegírico cuando a la edad de tres años fue presentada en el templo por sus padres.

3ra. Sobre la fiesta de la Anunciación.

4ta. 5ta y 6ta. Sobre: la Dormición de la Madre de Dios y Siempre Virgen María.

7ma. Sobre la Dedicación del venerable templo de la Virgen María y sobre los santos pañales de nuestro Señor Jesucristo
.

 
 
 

EN LA FIESTA DE LA ANUNCIACIÓN

San Germán, en la Fiesta de la Anunciación de la Santísima Madre de Dios en una de sus partes lleno de júbilo proclama:

“Hoy el patriarca Jacob exulta de gozo y, con espíritu profético nos presenta aquella mística y bienaventurada escalera, que se apoya sobre la tierra y llega hasta el cielo (Gen 28,12).

Hoy el vetusto Moisés, profeta y guía del pueblo de Israel, nos habla claramente de aquella zarza situada sobre el monte Horeb (Ex 3,15).

Hoy el antiguo Zacarías, célebre como profeta, alza su voz diciendo: He aquí que yo he visto un candelabro todo de oro, con una lámpara encima. (Za 4, 2).

Hoy el gran heraldo Isaías, maravilloso entre todos los profetas, a grandes voces profetiza, diciendo: Saldrá un retoño de la raíz de Jesé y de él brotará una flor. (Is 11, 1).

Hoy el admirable Ezequiel exclama: He aquí que la puerta estará cerrada y nadie entrará por ella, más que el Señor Dios, y la puerta permanecerá cerrada. (Ez. 44, 2).

Hoy el admirable Daniel proclama cosas futuras, como si ya estuvieran presentes: La piedra se desprendió del monte, sin intervención de mano alguna. (Dn. 2, 45), es decir: sin la acción de ningún hombre.

Hoy David, acompañando a la Esposa y entonando cánticos que se refieren a la Virgen, bajo la figura de una ciudad, levanta la voz diciendo: Cosas gloriosas se han dicho de ti, oh ciudad del gran Rey. (Sal 87, 3).

Hoy Gabriel, caudillo de la milicia celestial, después de recorrer el arco del cielo, el Señor es contigo. (Lc. 1,28)”.

Ella es el atrio sagrado de la incorruptibilidad, el templo santificado de Dios, el altar de oro de los holocaustos (Ex 30, 28), el perfume divino del incienso (Ex. 31, 11), el óleo santo de la unción (Ex 30, 31; 31, 11), el preciosísimo vaso de alabastro que contiene el ungüento del místico nardo (Ct 1, 12), el efod sacerdotal (Ex. 28, 6ss), la lámpara de oro sostenida por el candelabro de siete brazos (Ex. 25, 31-39); ella es así mismo el arca sagrada material y espiritual, recubierta de oro por dentro y por fuera, en la que se hallan el incensario de oro, la vasija del maná y las demás cosas ya mencionadas (Hb 9, 4; Ex 16, 1 y Nm 17, 25); ella es la becerra primogénita y que no conoce yugo (Nm 19, 1ss), cuyas cenizas, o sea, el cuerpo del Señor formado y nacido de ella, purifican de la contaminación a los que participan de sus dones; ella es la puerta que mira al Oriente y que pertenece cerrada, desde la entrada y salida del Señor; ella es el libro de la Nueva Alianza, por la que el poder de los demonios fue al punto quebrantando entregándosele los hombres que estaban en prisión (Ef. 4, 8. Sal. 68, 19); ella, representa los tres géneros de la humanidad -griegos, bárbaros y judíos- y en ella la inefable sabiduría de Dios encubrió la levadura de su propia bondad (1 Corintios 5, 8, referencia a Mt 13, 33); ella es el tesoro de la alabanza espiritual (Ef. 1, 3) y también la que transporta desde Tarsis (Ct 5, 14) la incorruptible riqueza real, haciendo que en los países gentiles se establezca la Jerusalén celestial; es la bella esposa de los Cantares que se reviste con la antigua túnica, enjuga los pies terrenales y, con reverente veneración, acoge al esposo inmortal en la cámara del alma; es el nuevo carro de los fieles, que ha llevado el arca viviente del designio salvador de Dios y se dirige por el camino recto de la salvación, arrastrado por las dos terneras primerizas (1S 6, 7); ella es la tienda del testimonio (Ex 26, 1ss, 27, 21, etc.), de la cual, a los nueve meses después de la concepción, inesperadamente ha salido el verdadero Jesús.

Ella es la cestilla recubierta por dentro y por fuera, adornada de prudencia y piedad, en la que el espiritual Moisés está a salvo de las insidias del Faraón de la ley, mientras que la Iglesia de los gentiles, criada entre los brazos virginales, recibe la promesa del premio de la vida eterna (Ex 2, 5); ella es el quinto pozo del juramento de la alianza, del que brotó el agua de la inmortalidad a través de la encarnación y de la presencia del Señor, en el cumplimiento de la quinta alianza, pues la primera fue establecida en los tiempos de Adán, la segunda en tiempos de Noé, la tercera en tiempos de Abraham, la cuarta en tiempos de Moisés y la quinta en tiempos del Señor, del mismo modo que cinco veces salió a recompensar a los piadosos operarios de la viña de la justicia (Mt 20, 1ss) a la hora primera, a la tercera, a la sexta, a la nona y a la undécima.

Ella es el vellón incontaminado (Jc 6, 36ss) puesto sobre la era terrenal, sobre el cual bajó la lluvia del cielo que, con bienes copiosos generosamente concedidos, fecundó toda la tierra reseca por la abundancia del mal y, por otra parte, eliminó la humedad de las pasiones, que se infiltraba en la carne.

Ella es el fecundo olivo, plantado en la casa de Dios, del cual el Espíritu Santo tomó una ramita material (Gn 8, 11) y llevó a la naturaleza humana, combatida por las tempestades, el don de la paz, gozosamente anunciado desde lo alto; ella es el jardín siempre verde e inmarcesible, en el cual fue plantado el árbol de la vida (Gn 2, 9) que proporciona a todos liberalmente el fruto de la inmortalidad; ella es el fruto de la nueva creación, del que rebosa el agua de la vida; ella es la exultación de las vírgenes, el apoyo de los fieles, la diadema de la Iglesia, la marca de la ortodoxia (Ap 13, 16s) Por contraposición la marca de la bestia), la auténtica medida de la verdad, el vestido de la continencia, el manto recamado de la virtud, la fortaleza de la justicia, la glorificación de la Santa Trinidad, de acuerdo con lo que dice la narración evangélica: El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cobijará con su sombra y el que ha de nacer será santo y se llamará Hijo de Dios. (Lc 1, 35).

Oh Señora mía, tú eres para mí el consuelo que dimana de Dios, el divino rocío que me refresca en el ardor, la gota de agua que el Señor hace correr sobre mi corazón reseco, la lámpara luminosa que disipa las tinieblas de mi alma, la guía de mi inexperiencia, la fuerza de mi debilidad, el recubrimiento de mi desnudez, el enriquecimiento de mi pobreza, el remedio de mis heridas incurables, la extinción de mis lágrimas, el fin de mis gemidos, la transformación de mis desdichas, el alivio de mis dolores, la liberación de mis cadenas, la esperanza de mi salvación. Ea, pues, escucha mis plegarias, ten compasión de mis gemidos, acoge mi llanto, conmuévate mis lágrimas y ten piedad de mí”. [2]

 

Comentarios:
 

Perfecta semejanza entre la predestinación de Jesús y de María

 
 "Aumentaría aún más lo dicho, para mostrar la perfecta semejanza que hay entre la predestinación del Hombre-Dios y la de su Madre que, como aquella es el principio primero de todas las demás predestinaciones de los verdaderos hijos de Dios, ésta es en cierto modo parecida a la causa segunda. «Nadie se salva a no ser por vos, ¡Oh Santísima Virgen!», dice San Germán, Patriarca de Constantinopla. (...) [5]
 
 
María obtiene todo de Jesucristo, en nuestro favor
 
"Vencido por los ruegos de María, concede Cristo sus favores. Pues, en el parecer de San Germán, Jesús no puede dejar de escuchar a María en todo lo que Ella le pide, queriendo así obedecerla como su verdadera Madre. (...) Busquemos la gracia, pero busquémosla por medio de María, repito con San Bernardo, continuando con las palabras de la Virgen a Santa Matilde: «El Espíritu Santo me colmó de toda su dulzura y me hizo tan grata a Dios que cuantos por mi intercesión le piden gracias a Él, todos, con certeza, las obtienen». (...) [5]
 
 

 
 
 
MADRE DE LA GRACIA
(Homilía sobre la zona de Santa María)
 
 
Oh Tú, completamente casta, totalmente buena y
misericordiosísima Señora, consuelo de los cristianos, el más
seguro refugio de los pecadores, el más ardiente alivio de los
afligidos: no nos dejes como huérfanos privados de tu socorro.
¿En quién nos ampararemos si somos abandonados lejos de ti?
¿Qué sería de nosotros, Santa Madre de Dios, que eres aliento y
espíritu de los cristianos? Así como la respiración es señal cierta
de que nuestro cuerpo posee la vida, así también tu santísimo
nombre, incesantemente pronunciado por la boca de tus siervos
en todo tiempo y lugar, es no sólo signo, sino causa de vida, de
alegría y de auxilio para nosotros. Protégenos bajo las alas de tu
bondad, auxílianos con tu intercesión, alcánzanos la vida eterna,
Tú que eres la Esperanza de los cristianos, esperanza nunca
frustrada. Nosotros somos pobres en las obras y en los modos
divinos de actuar; pero, al contemplar las riquezas de benignidad
que Tú nos muestras, podemos decir: la misericordia del Señor
llena toda la tierra (Sal 32, 5).
 
Estando lejos de Dios por la muchedumbre de nuestros
pecados, por medio de ti le hemos buscado; y, al encontrarle,
hemos sido salvados. Poderoso es tu auxilio para alcanzar la
salvación, oh Madre de Dios; tan grande que no hay necesidad de
otro intercesor cerca del Señor. A ti acude ahora tu pueblo, tu
herencia, tu grey, que se honra con el nombre de cristiano, porque
conocemos y tenemos experiencia de que recurriendo
insistentemente a ti en los peligros, recibimos abundante respuesta
a nuestras peticiones. Tu munificencia, en efecto, no tiene límites;
tu socorro es inagotable; no tienen número tus dones.
 
Nadie se salva, oh Santísima, si no es por medio de ti. Nadie sino
por ti se libra del mal, oh Inmaculada. Nadie recibe los dones
divinos, oh Purísima, si no es por tu mediación. A nadie sino por ti,
oh Soberana, se le concede el don de la misericordia y de la
gracia. Por eso, ¿quién no te predicará bienaventurada?, ¿quién
no te ensalzará?, ¿quién no te engrandecerá con todas las fuerzas
de su alma, aunque nunca sea capaz de hacerlo como te
mereces? Te alaban todas las generaciones porque eres gloriosa
y bienaventurada, porque has recibido de tu divino Hijo maravillas
sin cuento y admirables.
 
¿Quién, después de tu Hijo, se interesa como Tú por el género
humano? ¿Quién como Tú nos protege sin cesar en nuestras
tribulaciones? ¿Quién nos libra con tanta presteza de las
tentaciones que nos asaltan? ¿Quién se esfuerza tanto como Tú
en suplicar por los pecadores? ¿Quién toma su defensa para
excusarlos en los casos desesperados?
 
En virtud de la cercanía y del poder que por tu maternidad has
conseguido de tu Hijo, aunque seamos condenados por nuestros
crímenes y no osemos ya mirar hacia las alturas del cielo, Tú nos
salvas—con tus súplicas e intercesiones—de los suplicios eternos.
Por esta razón, el afligido se refugia en ti, el que ha sufrido la
injusticia acude a ti, el que está lleno de males invoca tu asistencia.
Todo lo tuyo, Madre de Dios, es maravilloso, todo es más grande,
todo sobrepasa nuestra razón y nuestro poder.
 
También tu protección está por encima de toda inteligencia. Con
tu parto has reconciliado a quienes habían sido rechazados, has
hecho hijos y herederos a quienes habían sido puestos en fuga y
considerados como enemigos. Tú, diariamente, extendiendo tu
mano auxiliadora, sacas de las olas a quienes han caído en el
abismo de sus pecados. La sola invocación de tu nombre ahuyenta
y rechaza al malvado enemigo de tus siervos, y guarda a éstos
seguros e incólumes. Libras de toda necesidad y tentación a los
que te invocan, previniéndoles a tiempo contra ellas.
 
Por esto acudimos diligentemente a tu templo. Cuando estamos
en él, parece como si nos encontrásemos en el mismo Cielo.
Cuando te alabamos, tenemos la impresión de estar cantando a
coro con los ángeles. ¿Qué linaje de hombres, aparte de los
cristianos, ha alcanzado tal gloria, tal defensa, tal patrocinio?
¿Quién no se llena inmediatamente de alegría, tras levantar
confiadamente los ojos para venerar tu cinturón sagrado? ¿Quién
se fue con las manos vacías, sin conseguir lo que imploraba,
después de haberse arrodillado fervorosamente ante ti? ¿Quién,
contemplando tu imagen, no se olvidó inmediatamente de sus
penas? Es imposible expresar con palabras la alegría y el gozo de
los que se reúnen en tu templo, donde quisiste que venerásemos
tu cinturón precioso y las fajas de tu Hijo y Dios nuestro, cuya
colocación en esta iglesia celebramos hoy.
 
¡Oh urna de la que bebemos el maná del refrigerio quienes
experimentamos el ardor de los males! ¡Oh mesa que sacia con el
pan de vida a los que estábamos a punto de desfallecer a causa
del hambre! ¡Oh candelabro que con su fulgor ilumina con intensa
luz a quienes yacíamos en las tinieblas! Dios te ensalza con honor
sobresaliente y digno de ti, y sin embargo no rechazas nuestras
alabanzas, indignas y de poca calidad, pero ofrecidas con nuestro
fervor y nuestro cariño más grande.
No rehuses, oh alabadísima, los cantos de loor que salen de
unos labios manchados, pero que se ofrecen con ánimo
benevolente. No abomines de las palabras suplicantes
pronunciadas por una indigna boca. Al contrario, ¡oh glorificada
por Dios!, atendiendo al amor con que te lo decimos, concédenos
el perdón de los pecados, los goces de la vida eterna y la
liberación de toda culpa.
.......................
1. Según la tradición, en la iglesia de Constantinopla donde San
Germán pronunció esta homilía se veneraban algunas reliquias muy
valiosas, como el cinturón («zona») de la Virgen. [1]
 
 
 
 
 
 

 
Como buen iconófilo reprimió con gran firmeza al emperador León el Isaúrico cuando publicó un decreto contra la veneración de las sagradas imágenes.
Ferviente enamorado de Nuestra Señora, escribe de Ella con tierna devoción
.
 
 
 
  • María, preservada inmune de toda culpa.- “Ave, María, llena de gracia, más santa que los santos, más excelsa que los cielos, más gloriosa que los querubines, más digna de veneración que toda criatura.
  • Ave, palacio de Dios, Rey sumo, santamente edificado, inmaculado y purísimo, adornado todo él por la munificencia del mismo Dios Rey…
 
  • Oh Virgen purísima y dignísima de toda alabanza y obsequio, tesoro dedicado a Dios,…virgen que engendra y madre que no conoce varón, tesoro escondido de inocencia y esplendor de toda santidad”. (Or. In Praescnt. M.).
 
  • María, Madre de Dios.- “La castísima y sin ninguna mancha, María Madre de Dios, que excede con mucho a todos por la grandeza de sus virtudes divinas y extraordinarias y por su maravillosa pureza.
 
  • En Ella vivió el que verdaderamente fue Rey de reyes y Señor de los que dominan; o mejor: en Ella tuvo corporalmente su morada toda la plenitud de la divinidad.
     
  • Esta sí que es ciudad gloriosa: ésta espiritual Sión: ya que esta fue la ciudad de Cristo Rey”.
 
  • Y en una carta del Santo, que fue leída y aprobada en el concilio VII ecuménico, Niceno II, a. 787, se lee:
  •  Nosotros honramos y glorificamos en la Virgen María, a Aquella que es propia y verdaderamente Madre de Dios, y como tal la tenemos por superior a todas las criaturas visibles e invisibles”. (PG, 98,160 Y 372).
 
    • María auxiliadora.- “Es poderoso su auxilio para salvarnos; y tal, que ningún otro intercesor necesita para con Dios… Nadie consigue la salvación si no es por Ella… Nadie logrará salvarse si no por Ti, oh Virgen santísima. Nadie líbrase de males sino por Ti. Nadie halla indulgencia sino por Ti, ¡oh Castísima! A nadie, sino por Ti, ¡oh gloriosísima!, se le concede misericordiosísimamente el don de la gracia”. (PG, 98,309, ss.).
 
    • María, refugio de pecadores.- “Tú que gozas de autoridad materna sobre Dios, alcanza para aquellos que han caído en pecado mortal la poderosa gracia del perdón; porque necesariamente eres escuchada, ya que Dios realizará los deseos de su verdadera e inmaculada Madre en todas las cosas y en todo para todos los hombres…
 
    • Si nos abandonas, ¿qué será de nosotros, oh vida de los cristianos?(PG, 98,351).
 
    • Plena confianza en María.- “¿Quién, después de tu Hijo, cuida del linaje humano como Tú? ¿Quién tan prontamente nos previene y nos libra de las tentaciones? ¿Quién suplicando lucha tanto a favor de los pecadores?...
 
    • Tu santísimo nombre, puesto incesantemente en boca de tus siervos y pronunciado en toda ocasión, lugar y tiempo… es causa de vida, de alegría y de auxilio.
 
    • Más protección recibimos de tu nombre que deleite de la suavidad de las brisas”. (Serm. 2, in Dorm. Deipa.).
 
    • Defiende la Asunción de la Virgen.- En la constitución apostólica de Pío XII, Munificentissimus Deus, 1-XI-1950, sobre la definición dogmática de la Asunción, se citan tres Padres, que la defendieron en la edad antigua: el Damasceno, san Germán y una homilía atribuida a san Modesto de Jerusalén.
 
    • San Germán deduce el hecho de la Asunción de María de su divina maternidad y de la santidad de su cuerpo virginal, como veremos por el texto que copio.
 
    • “Tal como fue escrito, apareces bellísima, y tu cuerpo virginal es todo santo, todo casto, todo domicilio de Dios; por eso también es preciso que sea inmune de resolverse en polvo, sino que debe ser transformado, en cuanto humano, hasta convertirse en incorruptible; y debe ser vivo, gloriosísimo, incólume y dotado de plenitud de la vida”. (PG, 98,346).
 
    • La Mediación universal de María.- De un himno precioso, donde el Santo canta la universal Mediación de María, selecciono algunos versos:
      • “Como la respiración es indicio cierto de vida para nuestro cuerpo, así tu nombre es santísimo, proferido incesantemente por los labios de tus siervos, es, no sólo indicio seguro, sino también causa de vida, de alegría y de auxilio…
      • Protégenos con las alas de tu bondad; sé Tú nuestro auxilio con tus intercesiones, dándonos la vida eterna, oh Tú, que eres la Esperanza de los cristianos, esperanza nunca frustrada.
      • Tu auxilio es poderoso para dar la salvación, oh Madre de Dios…
      • Con sólo la invocación de tu nombre, Tú pones en fuga al enemigo de tus siervos, y los guardas seguros e incólumes”. (PG, 98,307-310).  [6]
 

 
Oración a la Virgen María - San Germán
 
¿Quién no se llenará la admiración ante ti?
Tú eres firme protección, refugio seguro,
intercesión vigilante, salvación perenne,
auxilio eficaz, socorro inmutable,
sólida muralla, tesoro de delicias,
paraíso irreprensible, fortaleza inexpugnable,
trinchera protegida, fuerte torre de defensa,
puerto de refugio en la tempestad,
sosiego para los que están agitados,
garantía de perdón para los pecadores,
confianza de los desesperados,
acogida de los exiliados, retorno de los desterrados,
reconciliación de los enemistados,
ayuda para los que han sido condenados,
bendición de quienes han sufrido una maldición,
rocío para la aridez del alma,
gota de agua para la hierba marchita,
pues, según está escrito,
por medio de ti nuestros huesos florecerán como un prado [4]
 
 
 
 
Iconografia Copta

 

Preparado por:
Cesar Parra
 
 
Biografía:
 
 
 
 
Notas:
 

María obtiene todo de Jesucristo, en nuestro favor

"Todo cuanto la Santísima Virgen pide en favor de sus siervos, lo obtiene, con certeza, de Dios" Esta frase es de San Alfonso María de Ligorio. "Meditad -continua él, citando a Buenaventura Baduario- en la gran virtud que tuvieron las palabras de María en la Visitación. Pues por su voz, fue concedida la gracia del Espíritu Santo, tanto a su prima Isabel como a Juan, su hijo, según cuenta el Evangelista. (...)

"Vencido por los ruegos de María, concede Cristo sus favores. Pues, en el parecer de San Germán, Jesús no puede dejar de escuchar a María en todo lo que Ella le pide, queriendo así obedecerla como su verdadera Madre. (...) Busquemos la gracia, pero busquémosla por medio de María, repito con San Bernardo, continuando con las palabras de la Virgen a Santa Matilde: «El Espíritu Santo me colmó de toda su dulzura y me hizo tan grata a Dios que cuantos por mi intercesión le piden gracias a Él, todos, con certeza, las obtienen». (...)

"No nos apartemos jamás de los pies de esta tesorera de las gracias, diciéndole siempre con San Juan Damasceno: «¡Oh Madre de Dios!. Ábrenos las puertas de tu misericordia, ruega siempre por nosotros, pues vuestras oraciones son la salvación de todos los hombres». Recurriendo a María, lo mejor será pedirle que ruegue por nosotros y nos obtenga aquellas gracias que reconozca más convenientes para nuestra salvación"(27).

Intercesión omnipotente

Tanto más debemos implorar este patrocinio de Nuestra Señora cuanto él es omnipotente. Así lo explica, en conformidad con la enseñanza de los Santos y de los doctores eclesiásticos, el ilustre teólogo dominico, Fr. Garrigou-Lagrange:

"El sentido cristiano de todos los fieles estima que una madre beatificada conoce en el Cielo las necesidades espirituales de los hijos que ella dejó en la tierra, e intercede por su salvación. Universalmente en la Iglesia, los cristianos se recomiendan a las oraciones de los Santos que han llegado al término de su viaje. (...) El Concilio de Trento (sess.XXV), definió que los Santos en el Cielo ruegan por nosotros y que es útil invocarlos. (...)

Jesucristo viviendo siempre, no cesa de interceder por nosotros», dice San Pablo (Hebr. VII,25). Él es sin duda el intercesor necesario y principal. Pero la Providencia y Él mismo quieren que recurramos a María, para que nuestras oraciones presentadas por Ella tengan más valor.

"En su calidad de Madre de todos los hombres, Nuestra Señora conoce todas las necesidades espirituales de estos, y lo que concierne a su salvación; en virtud de su inmensa caridad, María intercede por ellos. (...)

"Esta oración de la Santísima Virgen es omnipotente. Por eso la Tradición la proclama omnipotentia supplex, la toda poderosa en el orden de la súplica. (...)

"Bossuet en su Sermón sobre la Compasión de María, se explica así: «Intercede por nosotros, ¡oh Bienaventurada María!: tenéis en vuestras manos, me atrevo a decir, la llave de las bendiciones divinas. Vuestro Hijo es esta llave mediante la cual son abiertos los cofres del Padre Eterno. Él cierra y nadie abre; Él abre y nadie cierra. Es su Sangre inocente la que hace derramar sobre nosotros los tesoros de las gracias celestiales. ¿Y a quién dará Él más derecho sobre esa Sangre, sino a Aquella de la que obtuvo toda su Sangre?. Además, vivís con Él en una tan perfecta unión, que es imposible que no seáis atendida». Basta, como dice San Bernardo, que María hable al Corazón de su Hijo. (...)

"Se ve, así, que la intercesión de María es mucho más poderosa y más eficaz que la de todos los demás Santos reunidos, pues ellos no obtienen nada sin Ella. Su mediación está sujeta a la de Ella, que es universal, por supuesto siempre subordinada, a su vez, a la de Nuestro Señor Jesucristo"[5] Fr. Garrigou-Lagrange, O.P., La Mère du Sauveur et notre vie intérieure, Ed. Du Lévrier, Ottawa (Canadá), 1948, pp. 232, 234-236, 238-239

 
 
 
 
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