María y la persona que evangeliza; Maria, modelo de la Evangelizacion

III.María y la persona del que evangeliza

Fuente: http://multimedios.org/docs/d000353/

El evangelizador ha de ser cabal discípulo de Cristo. Sólo así podrá no limitarse a un mere predicar, sino que será testigo («martys») de Cristo (cf. Lc. 24, 48; Hch. 1, 8). Mientras que la predicación se hace con los labios, el testimonio («martyrion») se da con la vida. No en vano se reservo muy pronto en ambientes cristianos la palabra, como término técnico para el hecho de dar la vida por Cristo. Pablo VI en la Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi insistió en la importancia y necesidad de este testimonio de vida por parte del evangelizador 57 . Ahora bien, en San Juan, aunque sea de modo disperso, se enumeran las diversas cualidades que ha de reunir el discípulo de Cristo para serlo realmente: ha de guardar sus mandamientos (Jn. 14, 14.21 y 23), partiendo de un amor a Dios (lJn. 5, 2); los discípulos han de amarse mutuamente (Jn. 13, 35); han de creer que Jesús ha sido enviado por Dios (Jn. 17, 8); han de adoptar una actitud de humildad y servicio, siguiendo el ejemplo del Maestro (Jn. 13, 13-17). Entre esas cualidades, Jn. 19, 27, señala una ulterior cualidad que ha de tener el discípulo de Cristo: «Desde aquella hora el discípulo la tomó como cosa suya». «Eis ta idia» hay que traducirlo no por «en su casa», como se hace frecuentemente, sino por «entre sus cosas»; en San Juan ¡la expresión nunca tiene el sentido de «en su casa» 58 . Por ello, el sentido es que desde aquella hora el discípulo, todo discípulo (de eso se trata en la perícopa de Jn. 19, 25 ss., y no sólo de Juan) ha de tener a María como cosa suya; entre sus estructuras espirituales tiene que haber una dimensión mariana que le haga acoger («lambanein» no significa «mirar», sino «tomar» o «acoger») a María como a Madre; la palabra «acoger» implica así todo un comportamiento filial con respecto a María 59 .

Es lo que Pablo VI dijo en su homilía en el santuario de Nuestra Señora del Bonaria, el 24 de abril de l970, con motivo de su viaje a Cerdeña: «si queremos ser cristianos, debemos ser marianos» 60 . La frase puede parecer expresión de un mero pensamiento piadoso. En realidad, con ella Pablo VI se limitó estrictamente a traducir, con otras palabras, el auténtico sentido de Jn. 19, 27: desde entonces, todo discípulo de Jesús, para serlo, ha de tener una profunda dimensión mariana. Y no olvidemos que sólo un buen discípulo de Cristo puede ser un buen evangelizador.

IV. María, modelo en la Evangelización

En el último número de su Exhortación apostólica Catechesi tradende, Juan Pablo II propone a María como modelo de acción evangelizadora. El Papa nos recuerda que en el Sínodo de octubre de 1977 se oyeron en el aula expresiones que proclamaban a María «catecismo viviente» o «Madre y modelo de los catequistas» 61 . Y así es con toda justeza. A nivel de ciencia humana adquirida, Jesús aprendió de Ella su propia religiosidad de judío piadoso. «En su regazo y luego escuchándola, a lo largo de su vida oculta en Nazaret, este Hijo, que era el Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad, ha sido formado por Ella en el conocimiento humano de las Escrituras y de la historia del designio de Dios sobre su Pueblo, en la adoración al Padre» 62 .

Pero María, como dijo San Agustín profundamente, es «Madre» y, a la vez, «discípula» 63 . De Jesús adolescente recibe María «unas lecciones que conserve en el corazón» (cf. Lc. 2, 51) 64 .

En toda acción evangelizadora habrá que aprender de María, amorosa donación enseñante como la que Ella dedicó a Jesús, y apertura discente, aunque nuestros evangelizados no sean nunca tan buenos maestros como el suyo (entre ellos y El hay una distancia infinita). En todo caso, ¡qué mal maestro es el que no aprende nada de sus discípulos! 65 . La imitación de María en la Evangelización es tanto más urgente cuanto que la Evangelización tiene alga de función maternal. Así la describió San Pablo dirigiéndose a los Gálatas: «Hijitos míos, por quienes de nuevo sufro dolores de parto hasta que Cristo se forma en vosotros» (Gal. 4, 19).


57  Cf. Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 21, 41, 76: AAS 68 (1976) 19s., 31s., 67s.

58  Cf. I. de la Potterie, 'La parole de Jésus «Voici ta Mère» et l'accueil du Disciple (Jn. 19, 27b)' Mar 36 (1974) 25-32.

59   Cf. ibid., pp. 32-35.

60   AAS 62 (1970) 300 s.

61  Exhortación apostólica Catechesi tradendae, n. 73: AAS 71 (1979) 1340

62  Ibid.: AAS 71 (1979) 1339 s.

63  Cf. Sermo 25, 7: PL 48, 937. Véase Juan Pablo II, Exhortación apostólica Catechesi tradendae, n. 73 AAS 71 (1979) 1340.

64  Exhortación apostólica Catechesi tradendae, n. 73: AAS 71 (1979) 1340.

65 El alumna enriquece al maestro, como el que recibe misericordia enriquece al que la da; cf. Juan Pablo II, Encíclica Dives in misericordia, n. 14: L'Osservatore Romano, 3 diciembre 1980, p. 4.

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