Maria en las Escrituras

MARÍA EN LAS ESCRITURAS

 

“Yo salí de la boca del Altísimo,

Y cubrí como niebla la tierra.

Antes de los siglos, desde el principio,

Me creó, y por los siglos subsistiré”.

Eclesiástico 24

 

1.         María profetizada en el Antiguo Testamento

El Antiguo Testamento se refiere a Nuestra Señora tanto en sus profecías como en sus tipos o figuras en diversos pasajes.

Génesis 3:15

La primera profecía referente a María se encuentra en los capítulos iniciales del Libro del Génesis: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y el suyo; ella te aplastará la cabeza y tú estarás al acecho de su talón”.

Isaías 7:1-17

La segunda profecía referente a María dice:

“Mira bien, no te inquietes, no temas nada y ten firme corazón ante esos dos cabos de tizones humeantes”. El plan de los enemigos no tendrá éxito: “no aguantará y esto no sucederá”.

Miqueas 5:2-3

Presenta una tercera profecía referente a Nuestra Señora: “Y tú, Belén de Efrata, pequeño para ser contado entre las familias de Judá, de ti me saldrá quien señoreará en Israel, cuyos orígenes vienen del comienzo, de los días de la eternidad. Los entregará hasta el tiempo en que la que ha de parir parirá, y el resto de sus hermanos volverá a los hijos de Israel”.

Jeremías 21:22

Contiene una cuarta profecía referente a María: “El Señor ha creado algo nuevo sobre la tierra: una mujer conseguirá un hombre”.

 

2.         María en los Evangelios

En los siguientes párrafos agruparemos brevemente lo que se conoce de la vida de Nuestra Señora antes del nacimiento de su Divino Hijo, durante la vida oculta de Nuestro Señor, durante su vida pública y después de su resurrección.

Ascendencia davídica de María

San Lucas (2:4) narra que San José se desplazó de Nazaret a Belén para empadronarse, “por ser él de la casa y de la familia de David”. Como si quisiera eliminar cualquier duda referente a la ascendencia davídica de María, el evangelista (1:32,69) afirma que al niño nacido de María sin intervención de varón, le será otorgado “el trono de David, su padre”, y que el Señor Dios ha “levantado a favor nuestro un cuerno de salvación en la casa de David, su siervo”.

San Pablo también da fe de que Jesucristo “nacido de la descendencia de David según la carne” (Romanos 1:3).

Si María no hubiese sido descendiente de David, su Hijo, concebido por el Espíritu Santo, no hubiera podido considerarse “de la descendencia de David”.

Por ello los comentaristas nos dicen que en el texto “En el mes sexto fue enviado el ángel Gabriel… a una virgen desposada con un varón de nombre José, de la casa de David” (Lucas 1:26-27); la última frase “de la casa de David” no se refiere a José, sino a la doncella Virgen que es el personaje principal de la narración; así tenemos un testimonio inspirado directo de la ascendencia davídica de María.

Tomado de: Ave María, Oraciones a la Santísima Virgen. Zamora Editores LTDA, Colombia, 1997.


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