Navidad es Vida Nueva

Traducir el cristianismo en nuestro tiempo se puede hacer con nuevo lenguaje, con doctrinas, ritos y espectáculos adaptados…, pero también se puede hacer acercándonos a la vida de Jesús de Nazaret, como hicieron los primeros discípulos y cristianos de nuestra era. 
La vida de Jesús comenzó y acabó, como toda vida humana temporal, pero su recuerdo y su presencia viajan con nosotros en el tiempo, año tras año y siglo tras siglo. Somos herederos de los que nos han precedido y en la medida en que nos acercamos a ellos y los conocemos mejor, en esa medida nos pueden ayudar, les proyectamos sobre nosotros mismos y en el mundo que nos ha tocado vivir.
Como ya hemos dicho en espacios anteriores la Navidad se puede orientar de mil maneras, y esto en sí mismo ya es un tema para tomar muy en consideración. Hay cosas en la vida que se agotan al recorrerlas una vez y otras, en cambio, hay que recorrerlas mil veces, porque tienen mil posibilidades y ofrecen mil caminos para ser conocidas. Hoy nos vamos a acercar a la Navidad leyendo el capítulo 2º de San Lucas, un capítulo muy denso.
Ya dijimos que la Navidad no es una fecha, no es un acontecimiento histórico en el sentido periodístico, es mucho más que un aniversario. Si los evangelistas Mateo y Lucas, que son los únicos que cuentan la Navidad, hubiesen querido hacer historia, nos hubieran dado la fecha y la hora exactas del nacimiento. Sin embargo, lo histórico no era de su interés, les interesaba más bien el relato, el cuento. Me gusta decir la palabra “cuento”, que viene de contar, y además contiene esa evocación de los cuentos famosos que nos contaba mamá y que siguen acunando los amaneceres de la humanidad en cada hombre.
Por esto hablaré de cuento, no en lo que tiene de ficticio o irreal, sino porque lo que se quiere decir es tan real que sólo el cuento y la leyenda lo pueden recoger. Si alguno no entiende esto, que haga un esfuerzo, porque si no, no nos entenderemos. Cuando una cosa no cabe en las palabras hay que usar la capacidad simbólica que éstas tienen. Las grandes experiencias vitales no caben nunca en palabras, y por eso se inventó la poesía, la música, la danza, como eco del interior que te hace decir: ¡Ah, he aquí la Navidad! ¿Cómo se puede contar la Navidad para revivir el nacimiento de Cristo? Porque esto es lo que interesa. El problema no es que Cristo naciera en Belén, sino el terremoto que produjo su nacimiento. Y con esa intención lo cuenta San Lucas, para celebrarlo, para que nos conmueva y sacuda, como sucedió hace 2.000 años.
Cuando llega la Navidad iluminamos las calles, organizamos cenas y descorchamos botellas para invitar a los amigos. Navidad por todas las esquinas, pero, ¿es esto celebrar la Navidad? Celebrar el nacimiento de un niño produce alegría, nos cambia el humor y sucede algo en nuestro interior que nos lleva a celebrarlo. Se celebra la vida, se comparte la ilusión y la esperanza, se llena de sentido la casa porque hay futuro, y esta ilusión y este futuro se palpan en la mirada del niño, en su llanto, en su indigencia.
Cuando esto me lo cuentan no tengo más remedio que revivirlo para que suceda en mí, implicarme en esa mirada y en esa indigencia del niño, si no el relato queda hueco, con la vaciedad de las palabras. Para que la Navidad suceda hay que pasar de la nostalgia a la presencia, a lo que sigue sucediendo después de dos mil años. Es verdad que siempre nos asaltan las dudas, pero si sabemos atar los cabos, las dudas no duran, por una razón muy sencilla, porque el futuro ya ha empezado entre nosotros el día de Navidad. Ya no podemos decir que lo que nos cuentan no es verdad... ¿Cómo no va a ser verdad si la vivimos?
Lo que nos cuenta en el relato de la Navidad no es sólo que nace un niño, sino que este niño es Dios, la vida de Dios en la tierra, la vida futura en el tiempo, el amor definitivo en nuestras casas, la felicidad sin fin, la fiesta de Dios en el corazón de cada uno. Dios está con nosotros, Dios es uno de nosotros. Cuando la Navidad sucede, sucede Dios en el hombre. Esto sí hay que celebrarlo y la mejor forma es como lo hacen los niños,poniendo el Belén en un rincón de la casa, colocando el pesebre dentro, el nacimiento dentro, y no sólo como paisaje, sino como símbolo y sacramento.
Esto es fundamental: para que suceda la Navidad, hay que tener un pesebre dentro, y añadir las montañas, y el río, y ovejitas paciendo a la orilla, y estrellas en el cielo, y un camino por donde llega todo el universo hasta el portal. Ha nacido un niño, que es Dios, y la creación entera salta de alegría, porque todo ha comenzado de nuevo. Si celebramos así la Navidad, nuestra tierra ya no será igual.

Extraido de : Navidad es una vida nueva ( Radio Vaticano)Martes, 30 dic (RV)
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