Oficina de correos mariana



Por Anwar Tapias Lakatt

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En noviembre del 2013, el Papa Francisco se refirió a una situación que se da con quienes se sienten videntes o mensajeros de la Virgen María. Dijo estas palabras: "pero yo conozco a un vidente, a una vidente, que recibe cartas de la Virgen, mensajes de la Virgen. Pero, mire, ¡la Virgen es Madre! Y nos ama a todos nosotros. Pero no es un jefe de la oficina de Correos, para enviar mensajes todos los días".

Esas palabras del Papa fueron muy acertadas, sobre todo en estos tiempos en donde pululan profetas, videntes y emisarios, todos con mensajes apocalípticos o anunciantes de catástrofes (puede verse el caso de la falsa María Divine Mercy Aquí). ¿Qué podemos pensar como católicos? Lo primero aquí es ver cómo hay una sed de curiosidad en los fieles de querer siempre estar sabiendo lo que se viene, y esto obviamente no puede provenir del Espíritu Santo, ni mucho menos de la Santa Madre de Dios, que nos enseñó a decir: Hágase en mí según tu Palabra.
Y es que lastimosamente es a la Virgen María la que han cogido de escudo, los supuestos videntes, que en nada se parecen a los auténticos a quienes la Virgen se les ha manifestado, como San Juan Diego, los pastorcitos de Fátima o a Santa Bernardita. A diferencia de ellos, la Iglesia enfrenta hoy el fenómeno Medjugorje, una devoción que mueve millones de personas, una devoción que según muchos testigos ha sido fuente de conversiones, pero una devoción que ha enfrentado conflictos, disputas y una extraña forma de vivirse a diferencia del resto.

Sería bueno recordarle a los encariñados con las revelaciones, que la Iglesia nunca colocará una revelación privada, por encima de la Revelación completa traída por Cristo y que se cerró con el Apocalipsis. Bien enseña el Catecismo de la Iglesia Católica:

[67 CIC] A lo largo de los siglos ha habido revelaciones llamadas "privadas", algunas de las cuales han sido reconocidas por la autoridad de la Iglesia. Estas, sin embargo, no pertenecen al depósito de la fe. Su función no es la de "mejorar" o "completar" la Revelación definitiva de Cristo, sino la de ayudar a vivirla más plenamente en una cierta época de la historia. Guiado por el Magisterio de la Iglesia, el sentir de los fieles (sensus fidelium) sabe discernir y acoger lo que en estas revelaciones constituye una llamada auténtica de Cristo o de sus santos a la Iglesia.

La fe cristiana no puede aceptar "revelaciones" que pretenden superar o corregir la Revelación de la que Cristo es la plenitud. Es el caso de ciertas religiones no cristianas y también de ciertas sectas recientes que se fundan en semejantes "revelaciones".

La Iglesia es prudente y se toma el tiempo suficiente para avalar una aparición o manifestación como auténtica. Cuanto nos falta a muchos católicos tomar esta actitud, cuando más bien somos damos a creer cualquier cosa que nos digan. Ese extremo inocente tampoco es bueno, más cuando ya anteriormente la Iglesia ha discernido algunas manifestaciones que eran falsas.

Después de su viaje a Bosnia, fue pregunta obligada al Papa sobre la situación de Medjugorje, a lo que sólo respondió: 
“Estamos por tomar decisiones y luego serán comunicadas. Por el momento, se dan solo algunas indicaciones a los obispos”. 
Declaraciones que nos dejan con la misma incertidumbre de qué postura adopte la Santa Sede, aunque no es menos importante lo que el Prefecto para la Congregación de la Doctrina y la Fe, Cardenal Muller le pidió al Nuncio en Estados Unidos que enviará una carta a los Obispos, alertando que no se podía considerar como auténtica la aparición de Medjugorje, debido a la visita de uno de los "videntes"

La carta enviada a las diócesis de Estados Unidos

Esta carta fue enviada en octubre de 2103, un mes antes de las palabras del Papa, aduciendo a mensajes diarios de la Virgen, algo similar a lo que pasa con los videntes, aunque no lo menciono directamente.

Pero es más importante que justo el 9 de junio de 2015, el Papa vuelva a opinar sobre videntes y mensajes, justo días de volver de su viaje a Sarajevo. Dijo el Papa:

«Por este camino», están también «los que siempre necesitan la novedad de la identidad cristiana: olvidaron que fueron elegidos, ungidos, que tienen la garantía del Espíritu, y buscan: “¿Dónde están los videntes que nos comunican hoy la carta que la Virgen nos mandará a las 4 de la tarde?”. Por ejemplo, ¿no? Y viven de esto». Pero «esto no es identidad cristiana. La última palabra de Dios se llama “Jesús” y nada más».

Las palabras del Papa tiene un mensaje claro:
  • Los cristianos no necesitamos andar buscando novedades, experiencias nuevas para "vivir" la fe. Hay personas que sabe más de mensajes y profecías que de la doctrina católica.
  • La revelación publica termina en Cristo porque EL es el centro y plenitud.
  • Las manifestaciones de la Virgen no son cronometrables ni predecibles. Ella aparece cuando Dios así lo dispone.
Esta editorial es para que pongamos nuestra fe en Cristo

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