Oración intercesora

Este Rosario quiere ser una simple guía para hacer una oración de intercesión, ya que los católicos creemos en el poder de orar los unos por los otros, tal como afirma Santiago cuando dice: “oren los unos por los otros, para ser curados. La oración perseverante del justo es poderosa.” (Santiago 5, 16).

El arzobispo de la Arquidiócesis de Buenos Aires, el Cardenal Jorge Mario Bergoglio, cuando uno se despide de él suele decir: “oren por mi”, o “reza por mi”, reafirmando la necesidad que también tienen los obispos, al igual que tenemos los religiosos y los sacerdotes, de que oren por nosotros.

Con frecuencia, después de que he predicado un retiro espiritual en el cual ha habido mucho combate espiritual, o a continuación de haber celebrado una misa para orar por los enfermos y afligidos, en donde se han dado liberaciones y el Señor ha realizado sanaciones, yo suelo pedirle a algunos servidores que oren por mí. Y les aseguro que enseguida puedo comenzar a experimentar el efecto restaurador de tal oración. 

Un autor anónimo, al escribir sobre la oración de Intercesión, dijo:

Hay un lugar dónde usted puede tocar los ojos de hombres ciegos y cambiarlos instantáneamente en visión perfecta; ¡Hay un lugar dónde usted puede decir “Levántese!”, a los cautivos agonizantes, atados en cadenas de noche.  Hay un lugar dónde usted puede alcanzar el depósito de oro acumulado y librarlo para el Señor;  Hay un lugar en alguna tierra distante, donde usted puede enviar el obrero y la Palabra;  Hay un lugar dónde el poder resistente del cielo sensiblemente se mueve a causa de su súplica insistente;  Hay un lugar – una hora secreta silenciosa – donde el propio Dios desciende y lucha por usted.  ¿Dónde está ese lugar secreto?  ¿Usted pregunta dónde?¡Ó alma, es el lugar secreto de la oración!

Ten presente la promesa que Jesús nos ha hecho, cuando dijo: “Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá.” (Mateo 7, 7-8).

Confía en el poder que Dios ha querido darle a tu oración.  Con ella permites que sucedan cosas positivas por la intervención directa de Dios.

Si hay algo que no te gusta de tu párroco, religiosos o laicos conocidos, no lo solucionarás con la crítica, el chisme o la queja, o alejándote de la Iglesia. Así solo le estarás dando gusto a satanás.  Comienza a orar con la confianza puesta en Dios y en María; pide para ti el don de la misericordia y  el verdadero amor meditando 1º Corintios 13; si Dios muestra una ocasión favorable dialoga con esa persona; ten gestos efectivos de amor concreto; y recuerda que todos nosotros necesitamos que el Señor nos quite la viga del propio ojo, antes de censurar la paja del ojo ajeno (cf. Mateo 7, 3).

Yo creo que el Señor sabe recompensar a quienes dan de beber por medio de la intercesión a sus hijos dilectos, ya que el mismo Jesús lo prometió cuando dijo: “Les aseguro que no quedará sin recompensa el que les dé de beber un vaso con agua por el hecho de que ustedes pertenecen a Cristo.” (Marcos 9, 41)

Y también, según la versión de san Mateo:

“Les aseguro que cualquiera que dé de beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa”. (Mateo 10, 42).

Recién en la eternidad, junto a Dios, sabrás cuantas veces diste de beber por medio de la oración de intercesión y de los gestos concretos de amor y de desinteresada colaboración hacia tus sacerdotes, consagrados y Obispos. Entonces Jesús te mirará a los ojos y de sus labios seguramente escucharás decir:

“’Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber” (Mateo 25, 34-35)

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