Peleando por la bendición


"Un pájaro que vivía resignado en un árbol podrido en medio del pantano, se había acostumbrado a estar ahí, comía gusanos del fango y se hallaba siempre sucio por el pestilente lodo. Sus alas estaban inutilizadas por el peso de la mugre hasta que cierto día un gran ventarrón destruyó su guarida; el árbol podrido fue tragado por el cieno y el se dio cuenta que iba a morir.
En un deseo repentino de salvarse comenzó a aletear con fuerza para emprender el vuelo, le costó mucho trabajo porque había olvidado cómo volar, pero enfrentó el dolor del entumecimiento hasta que logró levantarse y cruzar el ancho cielo, llegando finalmente a un bosque fértil y hermoso".



Los problemas son como el ventarrón que ha destruido tu guarida y te están obligando a  elevar el vuelo... o a morir...

Nunca es tarde. No importa lo que se haya vivido, no importa los errores que se hayan cometido, no importa las oportunidades que se hayan dejado pasar,  no importa la edad, siempre estamos a tiempo para decir basta, para oír el llamado que tenemos de buscar la perfección, para sacudirnos el cieno y volar alto y muy lejos del pantano.

 Ese ventarrón hoy puede ser esta reflexión.

 

Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que no había podido ser curada por nadie,

se acercó por detrás y tocó la orla de su manto, y al punto se le paró el flujo de sangre.

Jesús dijo: «¿Quién me ha tocado?» Como todos negasen, dijo Pedro: «Maestro, las gentes te aprietan y te oprimen.»

Pero Jesús dijo: «Alguien me ha tocado, porque he sentido que una fuerza ha salido de mí.»

Viéndose descubierta la mujer, se acercó temblorosa, y postrándose ante él, contó delante de todo el pueblo por qué razón le había tocado, y cómo al punto había sido curada.

        El le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz.» (Mc 5, 25-34)

 

Estamos llenos de problemas y algunos vivimos años en situaciones y sufrimientos que no tienen solución, a veces nos sentimos perdidos y sin esperanza. En medio de esa desesperación buscamos varias alternativas, nos encaminamos por muchos senderos, unos oscuros, otros llenos de luz y lo hacemos porque en nuestras fuerzas deseamos buscar la solución.

Entonces, acudimos a todos los médicos y nos gastamos todo lo que tenemos ahorrado en los avances de la medicina o en medicamentos naturistas. Si estamos viviendo situaciones de desesperación con algún familiar o con la pareja, buscamos las ciencias esotéricas, brujería y todo lo que nos ofrezcan que nos muestre una solución a corto plazo.  O en algunos casos bajamos los brazos y nos conformamos con vivir esa situación que nos afecta, cobijándonos en si Dios quiere esto por algo será; vamos a ver que Dios está esperando que te decidas salir de esa situación para bendecirte, pero él no lo puede hacer por ti, así cómo el pájaro sufrió para levantar el vuelo después de tanto tiempo y así como la hemorroísa se arrastró hasta tocar la orla del manto de Jesús, así tienes que hacer tu, abandonar esa situación que te atormenta y te enferma.

 

Ahora, la mujer del texto, era mujer que hacía mucho tiempo sufría por aquella enfermedad, una  enfermedad penosa e incomoda, porque le marcaba su ropa, imaginemos cuánto gastaría en ropa, para un judío la sangre representaba vida, y esta botaba la sangre, es decir se le iba la vida. En esta situación, ¿cuánto ella no desearía buscar a nuestro Señor, en el Templo y arrodillarse para suplicarle que la sanara?, pero no podía y no podía porque ninguna mujer “impura”, es decir que estuviera en sus días menstruales podía ingresar al Templo, porque  no era digna de estar en él. Cuánta tristeza y angustia había en el corazón de esta mujer, cuánto sufrimiento debía abarcar, porque por más que quería encontrar a Dios, no podía. Cuántas puertas no se nos han cerrado, cuántas veces no hemos querido estar bien, pero entonces viene el miedo y el enemigo a bloquearte el camino para que te quedes donde estas, sufriendo, llorando, maldiciendo en algunas ocasiones tu vida, queriéndote morir en otras, eso es lo que el enemigo quiere, que mueras ahí en esa situación para tenerte presa por siempre.

 

Pero esta mujer, observó como la gente seguía a Jesús y oía que Él sanaba, tal vez en ese momento ella no tenía nada que ofrecerle al Maestro, pues había gastado todo en busca de su sanación, si acaso pensaba que Jesús pudiera pedirle algo. Tal vez por eso se va por detrás de Jesús, como para que no la notara y toca el borde de su manto y fue valiente y se metió entre la gente, se abrió paso, se arrastró, pero lo tocó, peleó por su bendición y la encontró, cuantos católicos pelean por su bendición el día de hoy?

 

Muchas personas rodeaban a Jesús, no lo dejaban caminar decía Pedro, y tengan la plena seguridad que todos no estaban sanos, y necesitaban sanación o liberación, más sin embargo lo tocaban por el forcejeo cuando caminaban y ninguno se sanó, sólo la hemorroisa, así muchos de nosotros que leemos este mensaje, pero ¿quien resulta de aquí con la sanación en sus manos? Depende de su fe, que lo lleve a vivir una vida sacramental y de oración. Los que rodeaban a Jesús buscaban el espectáculo, lo seguían por curiosidad, pero ninguno tenía fe en El.  Esta mujer sabía que con sólo tocar la orla de su manto se sanaría. Notemos que en ese momento Jesús iba para la casa de Jairo a sanar a su hija, Jairo tenía fe y por ello le pidió que fuera a su casa, pero hubo uno con una fe más grande que Jairo, el Centurión, que le dijo” no soy digno que entres en mi casa, basta con una sola palabra tuya y mi siervo estará sano”. Mateo 8; 5-8

 

No tenía Jesús que moverse, no tenía que hacer ninguna señal, este Romano al igual que la hemorroisa vio en Jesús a Dios y sabía que tenía un poder tan grande que con sólo quererlo bastaría para sanar a quien se lo pidiera.

 

Ahora, cuando Jesús preguntaba quien lo había tocado? Observo tres cosas:

*      Jesús sabía que las personas que lo rodeaban no tenían fé y quería darles una lección resaltando la sanación de esta mujer.

*      Jesús quiere devolver la dignidad a esta mujer, que la había perdido por su enfermedad, hermano cuando todo el mundo te humilla, Jesús te enaltece y no solamente sana su cuerpo y tu mente, sino que coloca en orden tus cosas.

*      Y cuando Jesús siente que se desprende una fuerza de él, pareciera que esta mujer le hubiese “arrancado” la sanación a Jesús, él estaba desprevenido, pero ella no vió lo ocupado que él estuviera, ni los obstáculos a su alrededor, peleó hasta obtener su sanación.

 

¿Quien se atreve a “arrancarle” una bendición a Cristo?.

 

En el Nuevo Testamento existen muchos milagros, en donde Jesús mostró el poder y la misericordia de Dios, en distintas maneras sanó, en cada lugar que predicaba, se encontraba personas enfermas y los sanaba, sólo unos pocos buscaron su bendición y su sanación, podemos contar con los dedos los que pelearon por su bendición:

 

El paralítico de Mateo 9; 2-7.

El ciego de Jericó Lucas 18; 35-39.

La mujer cananea Mateo 15; 22-28.

Y la mujer hemorroisa Lucas 8; 43-48.


Cada uno supo en su corazón que Jesús era su salvación y emprendieron su camino hacia Él, gritaron hasta que Jesús los escuchó, se abrieron paso entre la multitud para llegar a Jesús, se arrodillaron y suplicaron hasta lograr su sanación.

 

Hoy no tenemos a Jesús en la carne, más sin embargo existe un lugar donde está y pocos lo visitan: EL SANTISIMO.

Existe un modo de rogarle y suplicarle para que nos escuche: EL AYUNO.

Existe una manera de tocarlo: LA ORACIÓN.

 

La mujer hemorroísa duró 12 años enferma, ¿cuántos más vamos a durar nosotros?.

 

No estamos acostumbrados a pelear por la bendición, queremos que nos baje del cielo, sin hacer esfuerzo, sin hacer sacrificios, sólo con ir a un grupo, con asistir a misa y hacer un rosario, ya Dios tiene que responder. Hay otros que van a cuantos eventos publiquen “sanación y prosperidad”. El poder para sanar, para liberar, para prosperar, no está en un sacerdote, no está en un predicador, no está en una imagen, no está en un evento, está en CRISTO.

 

Sólo Él sana, libera y prospera, sólo Él, quien murió en la cruz por ti y por mi, alguien me decía “Dios no manda cosas imposibles, sino que, al mandar lo que manda, te invita a hacer lo que puedas y para que le pidas lo que no puedas y te ayuda para que puedas”.

 

 Eucaris Causil

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