Época Apostólica - Siglo I


Por Anwar Tapias Lakatt

Abordar el estudio de la historia de la Iglesia requiere identificarnos en el punto de partida. Ese punto es el Cristianismo en el siglo I, en donde vivió Jesús. Conocer cómo se desenvolvió el cristianismo en el primer siglo nos permite visualizar la forma en que los primeros creyentes habían comprendido el Evangelio y enfrentado los desafíos que implicaba seguir a los Apóstoles en la naciente Iglesia.


EL CONTEXTO

El pueblo de Dios

Si bien la Iglesia es fundada por Cristo, antes de la venida de Cristo ya estaba prefigurada la Iglesia. Ahondemos en esta figura para alcanzar a comprender la universalidad de la obra de Cristo.

La Lumen Gentium nos regala una explicación muy valiosa sobre Iglesia:

Y estableció convocar a quienes creen en Cristo en la santa Iglesia, que ya fue prefigurada desde el origen del mundo, preparada admirablemente en la historia del pueblo de Israel y en la Antigua Alianza, constituida en los tiempos definitivos, manifestada por la efusión del Espíritu y que se consumará gloriosamente al final de los tiempos[1]

Por tanto debemos ver a la Iglesia preparada desde el Antiguo Testamento. No es que la Iglesia fue algo que apareció simplemente como una ocurrencia novedosa de Cristo, sino que estaba en los planes divinos de Dios desde los orígenes. Israel es la semilla de la Iglesia, en la cual se prepara el Nuevo pueblo de Dios y por tanto podemos ver algunas figuras hermosas que mostraban la universalidad del pueblo de Dios. San Juan Pablo II en una audiencia[2] nos las resaltó:

Ya en el Antiguo Testamento se hallan textos que anuncian la futura universalidad. Esta universalidad aparece insinuada en la promesa hecha por Dios a Abraham: «Por ti se bendecirán todos los linajes de la tierra» (Gn 12, 3), promesa renovada en otras ocasiones y extendida a «los pueblos todos de la tierra» (Gn 18, 8). Otros textos precisan que esta bendición universal sería comunicada por medio de la descendencia de Abraham (Gn 22, 18), de Isaac (Gn 6, 4) y de Jacob (Gn 28, 14). La misma perspectiva, con otros términos, aparece en los profetas, y en especial en el libro de Isaías: «Sucederá en días futuros que el monte de la casa de Yahveh será asentado en la cima de los montes y se alzará por encima de las colinas. Confluirán a él todas las naciones, y acudirán pueblos numerosos. Dirán: "Venid, subamos al monte de Yahveh, a la casa del Dios de Jacob, para que él nos enseñe sus caminos y nosotros sigamos sus senderos"... Él juzgará entre las gentes, será árbitro de pueblos numerosos» (Is 2, 2-4). «El Señor de los ejércitos hará a todos los pueblos en este monte un convite de manjares frescos, convite de buenos vinos... Consumirá en este monte el velo que cubre a todos los pueblos y la cobertura que cubre a todas las gentes» (Is 25, 6-7). Del Deutero-Isaías provienen las predicciones referentes al «Siervo de Yahveh»: Yo, Yahveh,... te formé y te he destinado a ser alianza del pueblo y luz de las gentes» (Is 42, 6). Es también significativo el libro de Jonás, cuando describe la misión del profeta en Nínive, fuera del ámbito de Israel (cf. Jon 4, 10. 11).

Estos y otros pasajes nos dan a entender que el pueblo elegido de la Antigua Alianza era una prefiguración y una preparación del futuro pueblo de Dios, que tendría una dimensión universal. Por esto, después de la resurrección de Cristo, la «Buena Nueva» fue anunciada sobre todo a Israel (Hch 2, 36; 4, 10).

Es la Iglesia ese nuevo pueblo de Dios. Pueblo congregado por Cristo e impulsado día a día por el Espíritu Santo. Es la Iglesia, el cuerpo místico, a través del cual, Cristo nos entrega su gracia para que sea administrada.

 

SITUACIÓN DE ISRAEL ANTES DEL NACIMIENTO DE CRISTO

En el momento en que Cristo nace, hay un panorama político y geográfico muy diferente al que habría en la época del Rey David, por ejemplo. A finales del siglo I a.C, el pueblo de Israel y Judá están bajo dominio del imperio Romano.

Es bueno recordar un poco de historia cercana del pueblo judío. Cuando leemos 1 Mac 1 podemos notar que se hace mención de Alejandro Magno, el gran conquistador griego que había derrotado al Imperio Persa. Cuando Alejandro Magno murió, sus generales se repartieron el imperio y Seleuco tomó control de gran parte como podemos apreciar en la imagen


Abordar el estudio de la historia de la Iglesia requiere identificarnos en el punto de partida. Ese punto es el Cristianismo en el siglo I, en donde vivió Jesús. Conocer cómo se desenvolvió el cristianismo en el primer siglo nos permite visualizar la forma en que los primeros creyentes habían comprendido el Evangelio y enfrentado los desafíos que implicaba seguir a los Apóstoles en la naciente Iglesia.

De este Seleuco proceden varios descendientes, del cual el más conocido y perverso fue Antíoco IV Epifanes:

De ellos surgió un vástago perverso, Antíoco Epífanes, hijo del rey Antíoco, que había estado en Roma como rehén y subió al trono el año ciento treinta y siete del Imperio griego. (1 Mac 1, 10)

“Este rey fue célebre también por sus guerras contra los judíos, conducidos por los Macabeos, que se liberaron de la dominación Seléucida”[3]. Por tanto, los Macabeos fue una dinastía judía que se sublevó contra Antíoco Epifanes, liderados por Matatías y sus hijos conocidos como los Macabeos:

Matatías respondió en alta voz: "Aunque todas las naciones que están bajo el dominio del rey obedezcan y abandonen el culto de sus antepasados para someterse a sus órdenes, yo, mis hijos y mis hermanos nos mantendremos fieles a la Alianza de nuestros padres. (1 Mac 2, 19).

Dentro de los descendientes de los Macabeos, está Judas Macabeo (1 Mac 3, 1), muy famoso en la Biblia. Hubo varios sucesores entre los Macabeos entre quienes se destacan Jonatán y Simón. Luego los descendientes de Simón se conocen como los Asmoneos[4], de quien finalmente Juan Hircano II queda como Sumo sacerdote. Este nombre de Juan Hircano II será importante, pues justo debido a una guerra entre él y su hermano Aristóbulo, Roma interviene y es Pompeyo quien conquista Judea, y a partir de ahí toda la provincia judía queda bajo la jurisdicción de Roma. Pompeyo le deja a Hircano II el mando de Judea y Galilea, pero con la muerte de Pompeyo y Julio Cesar, se da fin a la República

 

Herodes

Herodes el Grande es un personaje importante en el Nuevo Testamento, sobre todo por querer dar muerte a Jesús. ¿Cómo entró en escena? Juan Hircano, uno de los Macabeos había conquistado Idumea, de donde es Antípatro, el padre de Herodes. Los había obligado a circuncidarse y a adoptar la Ley judía. Antípatro, el padre de Herodes había ayudado a Roma en el Oriente, por ello logran que a Herodes se le dé la corona en Judea. Pero no sólo eso, sino que empieza a dar muerte a los Asmoneos, y a la vez se casa con una de sus descendientes, Marienne. De esta forma Herodes logra enlazarse de algún modo con la dinastía Asmonea[5] como vemos en la siguiente gráfica

 

Es Herodes el causante de la total desaparición de los Asmoneos. Desde entonces Judea es una provincia romana. El Imperio lo concedió a Herodes el título de Rey de los judíos a cambio de defender los intereses de Roma en Asia.

Herodes es un personaje que supo jugar sagazmente para mostrarse favorable a los judíos y al Imperio al mismo tiempo. Si bien fue déspota y un cruel asesino, incluso de dos de sus hijos, logró impulsar para los judíos la reconstrucción del Templo y por ende llegar a darle a los judíos, el signo más preciado de la presencia de Dios. Pero ni siquiera esto, que edificara ciudades como Cesárea de Filipo o tratara de defender los derechos de los judíos, logró que el pueblo lo aceptara[6], pues Herodes construyó anfiteatros para los dioses romanos y nunca aceptó ser servidor del Dios Verdadero.

El segundo Templo se empezó a construir hacia el año 22-20 a.C. Sabemos por la Biblia que en este templo Cristo fue presentado (Lc 2, 22), allí fue encontrado por sus padres (Lc 2, 46), incluso de ahí expulsó a los vendedores (Mc 11, 15). Lo sorprendente es que Cristo profetiza la destrucción del Templo:

Jesús salió del Templo y, mientras iba caminando, sus discípulos se acercaron a él para hacerle notar las construcciones del Templo. 

Pero él les dijo: "¿Ven todo esto? Les aseguro que no quedará aquí piedra sobre piedra: todo será destruido". (Mt 24, 1-2)

El Templo fue destruido en el año 70 d.C por la incursión del General Tito, por orden del emperador Vespaciano para acabar con una revuelta judía que llevaba varios años[7]

 

Herodes el Grande fue también que quiso matar a Jesús cuando se entera de su nacimiento por los Magos de Oriente (Mt 2, 1-3; Mt 2, 16-18), lo que ocasiona que José y María viajen a Egipto para ponerse a salvo, hasta que Herodes el Grande muere.


Estructura política del Imperio

En la época en que nace Jesús, el Imperio romano es gobernado por Octavio Augusto, el primer emperador. Bueno es decir que en Roma hubo tres formas de gobierno: monarquía, república e imperio. El Imperio era gobernado por un emperador. El primer emperador fue Octavio y sus sucesores formaron la dinastía Julio Claudia. De esta dinastía en este módulo nos interesan todos, pues gobiernan Roma durante el siglo I.

 

Judea entonces en el siglo I está marcada por la dominación permanente, la lucha de los Macabeos se diluyó y nuevamente el pueblo de Dios se encuentra bajo un yugo opresor. Sumemos que hay cambios políticos, apenas se está consolidando la forma imperial pero igualmente se sigue expandiendo el imperio. La situación del judío es la de quien sigue esperando en Dios, pero agrupándose de forma que hagan resistencia a la dominación romana; y otros grupos que tratarán de adaptarse y aliarse para sacar provecho.

Durante el reinado de Herodes, él logró reinar sobre todo el pueblo, pero una vez muere en el año 4 a.C aproximadamente, sus hijos se reparten las provincias:

  • Arquelao gobierna en Judea y Samaría pero lo deponen al año 6 a.C (Cristo ya ha nacido y está en Egipto. Como Arquelao reina, en vez de regresar a Belén, se van a Nazareth en Galilea) (Mt 2, 19-23). Una vez depuesto Arquealo, el Imperio Romano coloca a la cabeza de esta provincia a Poncio Pilato (Jn 18, 29), que es quien juzga a Jesús para la muerte. 

  • Herodes Antipas gobierna en Perea y Galilea (Lc 23, 7) en donde Pilato se lo manda para que lo juzgue al enterarse que Jesús era de Galilea.

  • Filipo gobierna Iturea y Traconite, en donde se encuentra la ciudad de Cesárea de Filipo en donde Cristo llama a Pedro, piedra de la Iglesia (Mt 16, 13). Este Filipo era el esposo de Herodías, quien era la amante de Herodes Antipas, y quien manda a matar a Juan Bautista (Mt 14, 3)

San Lucas nos hace mención a los 3 hijos de Herodes el Grande. Cuando Cristo inicia su ministerio público ya Octavio Augusto no es el emperador (Lc 2, 1), sino que lo es Tiberio, su sucesor.

El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Filipo tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene (Lc 3, 1)

 

Situación religiosa

Respecto a la interpretación de la Ley se dieron divisiones que desencadenaron en grupos distintos. Entre ellos tenemos cuatro grupos principales, de los cuáles tres menciona claramente la Biblia:

Fariseos

Este grupo le dio mucha importancia a la pureza ritual y al cumplimiento estricto de la Ley.  “Junto a la Ley escrita (Torah o Pentateuco), fueron recopilando una serie de tradiciones y modos de cumplir las prescripciones de la Ley, a las que se concedía cada vez un mayor aprecio hasta que llegaron a ser recibidas como Torah oral, atribuida también a Dios. Según sus convicciones, esa Torah oral fue entregada junto con la Torah escrita a Moisés en el Sinaí, y por tanto ambas tenían idéntica fuerza vinculante”[8]. Por eso se dice que los fariseos tenían más de seiscientos preceptos.

Cristo tuvo muchos enfrentamientos con los fariseos, que se encuentran narrados en el Nuevo Testamento. Entre los más famosos está el enfrentamiento por el perdón de los pecados (Lc 5, 17-26), sobre el impuesto al Cesar (Mc 12, 13-17), sobre el divorcio (Mt 9, 1-9), o sobre el sábado (Lc 6, 1-5). Los fariseos eran teocráticos, no aceptaban ninguna autoridad humana por encima de Dios, por ello rechazaban al Imperio romano y por supuestos a los que colaboraban con ello como los cobradores de impuestos. Los fariseos se tenían por los representantes del judaísmo correcto, y su concepción de la ley y modo de observarla puede considerarse como expresión típica de la religiosidad judía en el primer siglo postcristiano[9]

Los fariseos no fallaban en lo que creían, sino en lo que vivían, por ello Cristo dirá unas famosas palabras:

“Ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen” (Mt 23, 3)

 

Saduceos

Este grupo era contradictor de los fariseos respecto a la Resurrección de los muertos, en la cual no creían, como tampoco en los ángeles. Era más que todo un grupo elitista, dado entre la gente rica. De entre ellos habían salido desde el inicio de la ocupación romana los sumos sacerdotes que, en ese momento, eran los representantes judíos ante el poder imperial”[10]. Según investigaciones provienen de Sadoc, quien sería el mencionado en (2 Sam 8, 17). Por tanto, a pesar de ser en cantidad muchos menos que los fariseos, tenían influencia religiosa y política, por su dinero y por su linaje sacerdotal.

Los saduceos sólo se limitaban al Pentateuco como verdadera Ley a seguir. Parece que se dieron dos facciones entre ellos, una dada a la vida ascética como la comunidad de Qumram, y otra más acomodada a vincularse al poder político y económico. Para ellos lo importante no era pensar en el más allá sino en vivir en la tierra, pues no existía nada después de la muerte, no había alma inmortal.

Cristo también tuvo que enfrentarlos en una ocasión para discutir sobre la Resurrección de los muertos en el famoso pasaje sobre la mujer que tiene siete maridos (Mt 22, 34-40)

En otros pasajes, los fariseos y saduceos fueron capaces de aliarse con tal de enfrentar a Jesús. Por ejemplo, juntos van a ponerlo a prueba con un signo del cielo (Mt 16, 1). De ahí que Jesús advierta de cuidarse de la levadura de unos y otros (Mt 16, 6)

San Pablo también en una oportunidad enfrentó a ambos bandos, e incluso dio una respuesta inteligente para aprovechar la diferencia doctrinal entre los dos grupos lo que atestigua Hechos:

Pablo, sabiendo que había dos partidos, el de los saduceos y el de los fariseos, exclamó en medio del Sanedrín: "Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseos,  y ahora me están juzgando a causa de nuestra esperanza en la resurrección de los muertos".

Apenas pronunció estas palabras, surgió una disputa entre fariseos y saduceos, y la asamblea se dividió. Porque los saduceos niegan la resurrección  y la existencia de los ángeles y de los espíritus; los fariseos, por el contrario, admiten una y otra cosa. (Hch 23, 6-8)

 

Los zelotes

Este grupo anhelaba la libertad del yugo opresor, pero a diferencia de los fariseos consideraban necesaria el uso de las armas. Históricamente este grupo humano, que alcanzó las dimensiones de un movimiento político revolucionario, es contemporáneo de Jesús, surgió en el año 6 d.C. a partir de una insurrección dirigida por Simón el Galileo a causa de un censo impuesto por Roma (Hechos 5, 37)[11]. Los zelotes esperaban a un Mesías terreno, conquistador, liberador, un caudillo que pudiera por las armas vencer al Imperio y devolverles la libertad.

Si bien fue un grupo más nuevo que los fariseos y los saduceos, también aparecen mencionados en el Nuevo Testamento. Por ejemplo cuando Cristo escogió a los doce apóstoles, uno de ellos debió ser de este grupo:

Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de Apóstoles: 
Simón, a quien puso el sobrenombre de Pedro, Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Simón, llamado el Zelote,
 Judas, hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor (Lc 6, 12-16)

Es llamativo que Jesús entre sus apóstoles escogiera a uno de este grupo. Se ha llegado a pensar que incluso San Pedro fuera cercano a los zelotes, al notar que andaba armado como cuando le cortó la oreja a Malco (Jn 18, 10)

Los zelotes podrían considerarse como la continuación del ideal macabeo en el siglo I, pero no duraron mucho, sobre todo por los fracasos continuos de sublevación frente al imperio romano. Gamaliel incluso miembro del Sanedrín mencionó a dos líderes que se levantaron como supuestos caudillos pero que al final fueron muertos, mostrando que había una conciencia de que debían ser libres, incluso por medio de las armas.

 

Los esenios

Este grupo como tal no es mencionado en el Nuevo Testamento pero sí tuvo su presencia en la época de Jesús. Concuerdan en muchos aspectos con la comunidad que vivió en Qumram y de la cual se encontraron rollos en 1947 en Israel. Flavio Josefo, Plinio y otros historiadores antiguos los mencionan.

Vivían en el desierto, se alejaban del mundo para en la soledad y la meditación vivir su espiritualidad. Estaban en contra de la helenización del judaísmo, vivían de una forma particular la escatología y basados en Daniel y el libro de Enoc [12], creían en una lucha angélica y apocalíptica.

Por vivir en el desierto, alejados de todo y enfocados en la santidad, algunos han postulado que Juan Bautista sería esenio precisamente por vivir en el desierto, alejado de todo lo mundano (Mt 3, 1)

 

 

JESÚS PARTE LA HISTORIA EN DOS

Jesucristo es el corazón del Evangelio y el centro de toda la Revelación de Dios. Cristo ha venido al mundo a traer la salvación y para ello se hará uno como nosotros. Dios había anunciado en muchos textos del Antiguo Testamento, de la venida del Mesías salvador:

Por eso el Señor mismo les dará un signo. Miren, la joven está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emmanuel” (Is 7, 14)

Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado. La soberanía reposa sobre sus hombros y se le da por nombre: "Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre para siempre, Príncipe de la paz” (Is 9, 6)

“Por eso, el Señor los abandonará hasta el momento en que dé a luz la que debe ser madre; entonces el resto de sus hermanos volverá junto a los israelitas”. (Mi 5, 2)

El Señor, tu Dios, te suscitará un profeta como yo; lo hará surgir de entre ustedes, de entre tus hermanos, y es a él a quien escucharán. (Deu 18, 15)

Cristo no vino por azar, vino como parte de un plan divino, vino a darnos vida, vino a prepararnos una casa en el cielo, vino a hacernos su cuerpo místico, vino a salvarnos y librarnos de la muerte. Ese es el corazón del Evangelio, anunciar el mensaje de Jesús. Y este mensaje de Jesús es la completa revelación de Dios.

Cristo viene al mundo de la forma menos esperada por un creyente, naciendo de una virgen pobre de una población pobre en una región de la cual no se esperaba nada. Naciendo en un pesebre oscuro, húmedo y lleno de animales. Ahí la salvación de los hombres se encarna y nace para traernos la vida que habíamos perdido por culpa del pecado. Cristo nace de mujer (Gal 4, 4) para mostrar que no cayó del cielo, aprende una profesión como la carpintería para ganarse la vida (Mc 6, 3) para mostrarnos que también trabajó y se esforzó.

Cristo no llegó como un profeta más, o como un simple líder que hablaba de revolución. Hay una dimensión que Cristo viene a manifestar y es el Reino de Dios. Cristo es el Rey de este Reino celestial, pero a la vez es el heredero del trono de David:

“El será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin". (Lc 1, 32-33)

Esto será lo que generará motivo para acusarlo por parte del Sanedrín, acusarlo de querer tomar el trono, sabiendo que la autoridad en ese momento era el Cesar. Cuando leemos en los mismos Evangelios, la acusación que los judíos presentan ante Pilato es sobre que se hace pasar como Hijo de Dios  (Jn 19, 7) y que se hacía llamar rey lo que se oponía a la autoridad del emperador (Jn 19, 12)

Esta problemática marcará incluso la forma en que los judíos traten a los discípulos de Cristo. Saben que el nombre de Cristo atrae masas y por ello serán represivos con los cristianos.

Cristo inicia su ministerio público teniendo en el escenario diferentes seguidores; por un lado están pobres, los fieles, ese rebaño de judíos que vivían el corazón de la Ley, que esperaban el cumplimiento de las promesas de Dios. Por ejemplo, Simeón y Ana, que esperaban ver el día del Mesías (Lc 2, 25. 37). Habían también los pobres de Yahvé, esos que no tenían protector, esos desvalidos, esos que tenían sed de experimentar a Dios, esos capaces de seguir a Cristo por ver el obrar de Dios (Mt 15, 29-31). Esos a los que les predica las Bienaventuranzas. En la Encíclica Redemptoris Missio [13] nos enseña San Juan Pablo II:

El Reino está destinado a todos los hombres, dado que todos son llamados a ser sus miembros. Para subrayar este aspecto, Jesús se ha acercado sobre todo a aquellos que estaban al margen de la sociedad, dándoles su preferencia, cuando anuncia la « Buena Nueva ». Al comienzo de su ministerio proclama que ha sido « enviado a anunciar a los pobres la Buena Nueva » (Lc 4, 18). A todas las víctimas del rechazo y del desprecio Jesús les dice: « Bienaventurados los pobres » (Lc 6, 20). Además, hace vivir ya a estos marginados una experiencia de liberación, estando con ellos y yendo a comer con ellos (cf. Lc 5, 30; 15, 2), tratándoles como a iguales y amigos (cf. Lc 7, 34), haciéndolos sentirse amados por Dios y manifestando así su inmensa ternura hacia los necesitados y los pecadores (cf. Lc 15, 1-32).      

Jesús trae un mensaje que rompe los esquemas, una luz en medio de tantas confusiones y opresiones. Sus oyentes quedan admirados (Lc 2, 47), anuncia que el Reino de Dios ha llegado (Mt 12, 28), afirma que Dios es su Padre (Jn 8, 38) y sobre todo edifica una Iglesia (Mt 16, 18-20) escogiendo doce apóstoles (Mc 6, 7-13) para anunciar el Evangelio.

Cristo se mueve en medio de seguidores y contradictores, aun en medio de milagros y prodigios, anuncia el camino de la Cruz, que deberá padecer y morir (Mt 17, 22-23) pero que resucitará al tercer día.

Cristo resucita, vence la muerte (Lc 24, 5), asciende a los cielos (Hch 1, 9-11) y promete al Espíritu Santo (Jn 16, 7-8). Con ello, nace la Iglesia, orante en Pentecostés junto a María, reciben la fuerza del Espíritu Santo (Hch 2, 1-11). Esos hombres temerosos, ahora se sienten impulsados a predicar, a llevar el Evangelio de Cristo a todos los confines de la Tierra (Jn 20, 21)

Jesús dentro de la Revelación de Dios es la revelación definitiva, es el Verbo hecho carne. No hay que esperar ya más revelaciones. Esto lo tuvo claro la cristiandad frente a las ideas gnósticas que fueron apareciendo tiempo después. La carta a los Hebreos expresa:

Muchas veces y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo a quien instituyó heredero de todo, por quien también hizo los mundos (Heb 1, 1-2)

 

SER TESTIGO DE LA RESURRECCIÓN

Sabemos que cuando Cristo estuvo en la Cruz sólo un apóstol se quedó con su madre María, pero que una vez resucitó se le apareció a todos los once (Jn 20, 19-31). La Resurrección es el acontecimiento que marca la vida de los Apóstoles, es la predicación de que Cristo ha resucitado lo que completa el Kerigma, el anuncio de que Cristo padeció, murió y resucitó. De ahí brota la primitiva comunidad.

En los inicios del Cristianismo, los apóstoles enfrentaron el hecho de que los reconocían como discípulos de Jesús (Hch 4, 13). En sus primeras predicaciones remarcan mucho el que sean testigos de la Resurrección. Así dejan claro que no están predicando una fábula sino que verdaderamente han tenido un encuentro con Jesús, un encuentro que los ha marcado y les hace ser testigos de dicho acontecimiento. Precisamente ese será el criterio para escoger el reemplazo de Judas. Los Apóstoles tenían claro que eran un cuerpo, un colegio, no simplemente doce personas con un ideal en común, sino que verdaderamente eran una comunidad, y por ello no pueden quedar incompletos:

Es necesario que uno de los que han estado en nuestra compañía durante todo el tiempo que el Señor Jesús permaneció con nosotros,  desde el bautismo de Juan hasta el día de la ascensión, sea constituido junto con nosotros testigo de su resurrección" (Hch 1, 21-22)

Cuando eligen a Matías para reemplazar a Judas se cuidan de no vincular a alguien que va a hablar de lo que le contaron. Incluso Matías ha sido testigo de la Resurrección, y de ahí brotará la fuerza.

En esa misma línea San Pablo predicará que si Cristo no resucitó vana es nuestra fe (1 Cor 15, 13-14).

Pasajes en donde se hace mención de ser testigo de la resurrección:

  •        San Pedro en el primer discurso en Jerusalén (Hch 2, 32)
  •       San Pedro ante el pueblo cuando sana a un tullido frente al Templo (Hch 3, 15)
  •       San Pedro frente al Sanedrín (Hch 5, 32)

Como vemos, la fuerza del Kerigma es un Cristo resucitado y eso es el mensaje que toca los corazones de quienes se convierten. Es la muestra de cómo un Cristo vivo guía la Iglesia, es la muestra que ese Espíritu Santo que lo resucitó (Rom 8, 11) sopla y los lleva a toda verdad.

 

LOS EVANGELIOS, TESTIMONIO ESCRITO DE UNA TRADICION ORAL

Cristo no escribió ni ordenó escribir nada a los Apóstoles, sin embargo la predicación oral del mensaje del Evangelio fue el motor de su misión. Los Apóstoles tenían claridad del mandato de Cristo:

 Vayan, entonces, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo". (Mt 28, 19-20)

El Evangelio, ese término que nos designa Buena Nueva, ese anuncio salvífico debe ser llevado a todo hombre. Si bien el término “buena nueva” no lleva toda la fuerza del término, Benedicto XVI en su libro Jesús de Nazareth nos amplia un poco sobre el alcance real de este término:

Cuando los evangelistas toman esta palabra —que desde entonces se convierte en el término habitual para definir el género de sus escritos—, quieren decir que aquello que los emperadores, que se tenían por dioses, reclamaban sin derecho, aquí ocurre realmente: se trata de un mensaje con autoridad que no es sólo palabra, sino también realidad. En el vocabulario que utiliza hoy la teoría del lenguaje se diría así: el Evangelio no es un discurso meramente informativo, sino operativo; no es simple comunicación, sino acción, fuerza eficaz que penetra en el mundo salvándolo y transformándolo. Marcos habla del «Evangelio de Dios»: no son los emperadores los que pueden salvar al mundo, sino Dios. Y aquí se manifiesta la palabra de Dios, que es palabra eficaz; aquí se cumple realmente lo que los emperadores pretendían sin poder cumplirlo. Aquí, en cambio, entra en acción el verdadero Señor del mundo, el Dios vivo.[14]

El Evangelio no es sólo un papel, una narración, es Palabra de Dios, es capaz de transformar, es capaz de permitir a Dios obrar a través de ese mensaje. Por ello es importante conocer un poco de los cuatro Evangelios que conforman la Buena Nueva de salvación:

II. Concepto Histórico  Armonía entre los evangelios  Mateo Marcos Lucas Juan  Jesús como Rey Jesús como Siervo Jesús como... 

No pueden tomarse como una “biografía” tal como se conoce hoy. Ni tan siquiera podemos considerar el género evangelio como una cronología de la vida de Jesús. De esta forma se presenta a Jesús y su mensaje como acontecimiento mesiánico y de salvación. Los evangelios pretenden dar testimonio de la fe, garantizar y afianzar la fe de los cristianos.

Actualmente podemos encontrarnos con posturas que intentan mostrar los Evangelios solamente como construcciones teológicas de las primitivas comunidades, lo que reduce la acción de Cristo a lo que la comunidad creía sobre él. Este enfoque nocivo se vino desarrollando en autores protestantes como Bultman, y lo que trataban de hacer era supuestamente “desmitificar” los Evangelios. Si bien existe un método de interpretación llamado histórico-crítico y que es valioso para la exégesis, no puede analizarse al margen de la Tradición y el Magisterio. Lastimosamente eso permeó en la Iglesia Católica[15] y hoy día se pueden encontrar teólogos y sacerdotes de esa línea como Sobrino, Pagola o Queiruga.

El sacerdote doctor en Teología, José María Iraburu publicó un libro sobre la veracidad histórica de los Evangelios, y en él cita algunos teólogos de importancia que lastimosamente se han desviado de esta verdad. Por ejemplo, cita uno que trata los milagros de Cristo como el caminar sobre las aguas como un hecho más teológico que histórico[16]. Esta postura es desastrosa y ya había sido condenada por San Pio X cuando recriminó el modernismo, precisamente para quienes por ejemplo el Evangelio de Juan no refleja realmente hechos históricos de Jesús, y que se debía separar el Jesús histórico del Jesús de la fe:

“Por lo tanto, si se encuentra algo que conste de dos elementos, uno divino y otro humano — como sucede con Cristo, la Iglesia, los sacramentos y muchas otras cosas de ese género —, de tal modo se ha de dividir y separar, que lo humano vaya a la historia, lo divino a la fe. De aquí la conocida división, que hacen los modernistas, del Cristo histórico y el Cristo de la fe; de la Iglesia de la historia, y la de la fe; de los sacramentos de la historia, y los de la fe; y otras muchas a este tenor.

…Distinguen con cuidado estas dos historias, y adviértase bien cómo oponen la historia de la fe a la historia real en cuanto real. De donde se sigue que, como ya dijimos, hay dos Cristos: uno, el real, y otro, el que nunca existió de verdad y que sólo pertenece a la fe; el uno, que vivió en determinado lugar y época, y el otro, que sólo se encuentra en las piadosas especulaciones de la fe. Tal, por ejemplo, es el Cristo que presenta el evangelio de San Juan, libro que no es, en todo su contenido, sino una mera especulación[17]

Esto que San Pio X dijo a inicios del siglo XX sigue dándose en muchos sectores teológicos liberales, que intentan convertir a las primeras comunidades cristianas, esas que escucharon de viva voz de los Apóstoles, en grupos capaces de moldear y manipular a su conveniencia la figura de un Jesús histórico al que sólo le añadían mitos y fábulas con el fin de darles un sentido moral o espiritual. ¿Realmente podemos pensar así? Sabemos que los primeros cristianos sufrieron persecuciones en el año 36 d.C y luego en el 42 d.C, pocos años después de la muerte de Jesus. ¿Se harían matar por el nombre de una persona de la que sólo hacían construcciones teológicas inexistentes? Teniendo tan claro ese panorama, si en verdad los Evangelios no hubieran realmente transmitido los dichos y hechos de Jesús, ¿los hubieran aceptado sin chistar sabiendo el riesgo que corrían por seguir esa fe?

Como católicos siempre debemos atenernos a lo que el Magisterio de la Iglesia enseñe y no lo que algún teólogo o clérigo quiera enseñar y que sea contrario. Respecto a la historicidad de los Evangelios afirma:

19. La Santa Madre Iglesia firme y constantemente ha creído y cree que los cuatro referidos Evangelios, cuya historicidad afirma sin vacilar, comunican fielmente lo que Jesús Hijo de Dios, viviendo entre los hombres, hizo y enseñó realmente para la salvación de ellos, hasta el día que fue levantado al cielo 

Es por tanto necesario proclamar una amplia sustancia histórica en los Evangelios sin desconocer el dinamismo de las comunidades y el trabajo de redacción final de los autores inspirados. Hay que saber diferenciar historicidad de fundamentalismo. En la historicidad defendida no se asume que cada detalle y hecho narrado realmente sea dado con un fin histórico, pero no por ello podríamos negar que Cristo se transfigurara por ejemplo. La Comisión Pontificia Bíblica en un documento titulado “La interpretación de la Biblia en la Iglesia” expresa:

“En lo que concierne a los evangelios, el fundamentalismo no tiene en cuenta el crecimiento de la tradición evangélica, sino que confunde ingenuamente el estadio final de esta tradición (lo que los evangelistas han escrito) con el estadio inicial (las acciones y las palabras de Jesús en la historia). Descuida por eso mismo un dato importante: el modo como las primeras comunidades cristianas han comprendido el impacto producido por Jesús de Nazaret y su mensaje. Ahora bien, éste es un testimonio de origen apostólico de la fe cristiana y su expresión directa. El fundamentalismo desnaturaliza así la llamada lanzada por el evangelio mismo[18]

Bueno es aprovechar el estudio del primer siglo para saber que, aunque hoy día nos promulguen algunos sus caprichos, de querer torcer los textos bíblicos, recordemos a un Papa como Leon XII en su Encíclica Providentissimus Deus, que ya anticipaba a finales del siglo XIX ese veneno liberal racionalista:

Así ahora nuestros principales adversarios son los racionalistas, que, hijos y herederos, por decirlo así, de aquéllos y fundándose igualmente en su propia opinión, rechazan abiertamente aun aquellos restos de fe cristiana recibidos de sus padres. Ellos niegan, en efecto, toda divina revelación o inspiración; niegan la Sagrada Escritura; proclaman que todas estas cosas no son sino invenciones y artificios de los hombres; miran a los libros santos, no como el relato fiel de acontecimientos reales, sino como fábulas ineptas y falsas historias. A sus ojos no han existido profecías, sino predicciones forjadas después de haber ocurrido los hechos, o presentimientos explicables por causas naturales; para ellos no existen milagros verdaderamente dignos de este nombre, manifestaciones de la omnipotencia divina, sino hechos asombrosos, en ningún modo superiores a las fuerzas de la naturaleza, o bien ilusiones y mitos; los evangelios y los escritos de los apóstoles han de ser atribuidos a otros autores[19].


En el primer siglo todavía no se sufría de esta plaga modernista que violenta los textos sagrados y los reduce drásticamente. Los primeros cristianos si bien podrían encontrar partes difíciles en la Escritura, tenían la predicación de la Iglesia primitiva. San Pedro en una de sus cartas hace notar esto:

Tengan en cuenta que la paciencia del Señor es para nuestra salvación, como les ha escrito nuestro hermano Pablo, conforme a la sabiduría que le ha sido dada, y lo repite en todas las cartas donde trata este tema. En ellas hay pasajes difíciles de entender, que algunas personas ignorantes e inestables interpretan torcidamente —como, por otra parte, lo hacen con el resto de la Escritura— para su propia perdición. (2 Pe 3, 15-16)

Los Evangelios se escribieron posteriores a la vida de Jesús. Se ha venido manejando tradicionalmente una teoría llamada Q[20] en la cual habría un primitivo cuerpo de dichos de Jesús, de la cuál beberían los Evangelios, tomando partes, agregando otras y sintetizando unas más.

Esta teoría sería base para una posterior teoría llamada de las dos fuentes[21], en las que habrían dos fuentes primitivas: el Evangelio de Marcos y la fuente Q. ¿Cuál es la base? LO que se conoce como la Sinopsis en los Evangelios, es decir, analizando la similitud encontrada entre Marcos, Mateo y Lucas debería haber una relación de procedencia entre uno y otro. De un análisis de los tres Evangelios, se notó que muchas partes de Mateo y Lucas se encontraban en Marcos, y que sólo Marcos tenía 30 versículos que no estaban en Mateo o Lucas. Como adicionalmente había también bastante similitud entre Mateo y Lucas, se planteó que serían dos las fuentes primitivas: Marcos y Q.

Para dar una idea de las bases de esta fuente[22]:

·      El evangelio de Mateo tiene 1.068 versículos y contiene sustancialmente a todo Marcos, menos 40 versículos. Mateo tiene 330 versículos propios. 

·      El evangelio de Lucas tiene 1.149 versículos, de los que 350 son coincidentes con Marcos y 548 son propios.

·      Mateo y Lucas tienen 235 versículos en común que no se encuentran en Marcos.

Un descubrimiento del siglo XX abrió nuevos horizontes en la investigación cuando en 1947 en las cuevas de Qumram en Israel, se halló un pedazo de papiro llamado 7Q5, descubierto por el padre O’Callaghan en la séptima cueva en Qumram. Lo importante del descubrimiento es que se trataría de un extracto del Evangelio de San Marcos, la cita de Mc 6, 52-53. Es la única cita en donde encajaría el fragmento encontrado

 


Como en todo, hay detractores y defensores, pero lo que se resalta es que este fragmento data del año 50 d.C en donde ya tendríamos una redacción del Evangelio de Marcos, o posiblemente un extracto de Q en su forma primaria que tal vez sería agregado de forma posterior a Marcos. ¿Por qué dio revuelo este descubrimiento? Pues porque pone en jaque a los que defienden que los Evangelios son construcciones teológicas tardías muy distanciadas de la ocurrencia de los hechos[23]

Si trataremos de colocar las fechas de composición de los Evangelios, jugaríamos con fechas aproximadas. Se estila que el primer Evangelio escrito fue el de San Marcos hacia el 60 o 70 d.C, aun cuando hay una teoría que fecha su redacción hacia los años 40 d.C[24]. El de San Mateo hacia el 70-80 d.C, el de San Lucas hacia el 70-80 d.C y el de San Juan hacia el 90-100 d.C. En esto hay autores con fechas más tempranas que otras. Pero lo cierto es que cada Evangelio se destinó a comunidades primitivas que estaban creciendo y que por tanto requerían contar con las enseñanzas de Jesús para poder ser meditadas y compartidas mientras se daba la expansión y se llevaba el Evangelio predicado a más lugares.

 

Tarea

Investigar por qué en el orden de los Evangelios, Mateo aparece de primero. ¿Qué Padres de la Iglesia opinaron sobre esto?

 


PRIMERAS COMUNIDADES

El libro de Hechos de los Apóstoles en sus primeros capítulos nos muestra las principales características que tenía las comunidades primitivas. Partamos de la comunidad de Jerusalén, esa que escucha a San Pedro en su primer discurso y se convierten 3000 personas (Hch 2, 41)

Hay dos textos claves para comprender las vivencias de las primeras comunidades:

Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones.

Un santo temor se apoderó de todos ellos, porque los Apóstoles realizaban muchos prodigios y signos. Todos los creyentes se mantenían unidos y ponían lo suyo en común: vendían sus propiedades y sus bienes, y distribuían el dinero entre ellos, según las necesidades de cada uno.
Íntimamente unidos, frecuentaban a diario el Templo, partían el pan en sus casas, y comían juntos con alegría y sencillez de corazón; ellos alababan a Dios y eran queridos por todo el pueblo. Y cada día, el Señor acrecentaba la comunidad con aquellos que debían salvarse. (Hch 2, 42-47

¿Qué encontramos?

  • Milagros de los apóstoles
  • Enseñanza de los apóstoles
  • Vida común
  • Fracción del pan o Eucaristía

    ¿Qué experimentaban?
  • Unidos
  • Compartían sus bienes
  • Alababan a Dios
  • Queridos por el pueblo
  • Finalmente crecían y cada día se agregaban más.

 

Tarea

Leer Hch 4, 32-37 y realizar un análisis similar

 

Estas vivencias deben interpelarnos hoy a revisar cómo viven nuestras comunidades, analizando cómo vivían en un inicio las comunidades primitivas.

 

Las primeras comunidades que se empezaron a crear después de la de Jerusalén fueron producto de la primera persecución que produce la muerte de Esteban.

 

Esta persecución, tal como se originó, iba dirigida preferentemente (aunque no únicamente) contra los helenistas de la comunidad cristiana. Causó dolor en la Iglesia, pero se obtuvieron grandes ventajas: la prueba acrisoló y unió más estrechamente al joven rebaño, aumentó su conciencia de ser una nueva unidad diferente del judaísmo. En ellos creció el convencimiento de que debían difundir la predicación de Jesús: «no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído» (Hch 4,20), declaran Pedro y Juan ante el sumo sacerdote. Algunos miembros de la comunidad (no los apóstoles) abandonaron Jerusalén, se repartieron por Judea y Samaria y se convirtieron, como los primeros bautizados en el día de Pentecostés al volver a sus casas, en predicadores de la buena nueva fuera de Jerusalén: en misioneros (Hch 8,1-4).

Así nació una nueva comunidad en Samaria, en un país no judío, semipagano. También así comenzó el cristianismo a sobrepasar al judaísmo. Y también con ocasión de esta persecución encontró el verdadero camino, que le convertiría de perseguidor en servidor y guía, el hombre que ha hecho por el cristianismo más que todos los demás: el fariseo Saulo, con el sobrenombre de Pablo (Hch 8,1.3 y 9,lss)[25].

Las persecuciones hicieron que la predicación se expandieran a Judea y Samaria
(Hch 8, 1). Incluso llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía (Hch 11, 19). Esto hizo que ya las comunidades contaran tanto con cristianos hebreos como con cristianos helenos. 
Igualmente, la segunda persecución también empuja la expansión del cristianismo y es lo que impulsa a que Pedro salga de Jerusalén, emprenda su viaje a “otro lugar” (Hch 12, 17) y por tanto Santiago el Menor asuma el gobierno de la Iglesia de Jerusalén. (Hch 15, 3)

Esta diversidad en los miembros de las primeras comunidades cristianas trajo consigo los problemas de la diversidad cultural y social. El Evangelio predicaba que todos éramos igualmente llamados a seguir a Cristo, tanto el rico como el pobre. Esta heterogeneidad debió generar tensiones y conflictos entre los cristianos. Podemos hacer notar por ejemplo al Apóstol Santiago, que en su carta recrimina la discriminación cuando  en las reuniones entrara un pobre y entrara un rico
(Stg 2, 1-4). El Evangelio de Mateo también nos dará muestras del manejo que había que tener en caso de conflictos en las comunidades (Mt 18, 15-18). San Pablo también en sus cartas menciona las divisiones que se presentaban (1 Cor 1, 10-17), o incluso los problemas de escándalo (1 Cor 5). Como vemos, las primeras comunidades estuvieron sujetas también a dificultades, problemas y tensiones. La tarea implicó para los Apóstoles y líderes, ser pacientes, constantes, sembrar la semilla del Evangelio y esperar a su tiempo para que Cristo fuera formado en sus corazones. (Gal 4, 19)


En las primeras comunidades las reuniones se hacían en las casas de la gente pudiente. No había aun iglesias construidas. En varios textos podemos notar esa forma de reunirse en los primeros cristianos. Vemos a San Pablo por ejemplo hospedado en casa de Aquila y Priscila (Hch 18, 2). A la comunidad de Corinto le da unas fuertes palabras sobre la forma en que se reunían:

Y ya que les hago esta advertencia, no puedo felicitarlos por sus reuniones, que en lugar de beneficiarlos, los perjudican. 

Ante todo, porque he oído decir que cuando celebran sus asambleas, hay divisiones entre ustedes, y en parte lo creo. Sin embargo, es preciso que se formen partidos entre ustedes, para que se pongan de manifiesto los que tienen verdadera virtud.

Cuando se reúnen, lo que menos hacen es comer la Cena del Señor,  porque apenas se sientan a la mesa, cada uno se apresura a comer su propia comida, y mientras uno pasa hambre, el otro se pone ebrio. ¿Acaso no tienen sus casas para comer y beber? ¿O tan poco aprecio tienen a la Iglesia de Dios, que quieren hacer pasar vergüenza a los que no tienen nada? ¿Qué les diré? ¿Los voy a alabar? En esto, no puedo alabarlos. (Hch 11, 17-22)


Como vemos, las primeras comunidades son comunidades que nacen en medio de las limitaciones humanas de sus miembros. El Evangelio llega y lo reciben, pero como en todo, deben ir descubriendo la verdadera vocación. Deben ir asentando su propia identidad, en medio de los choques culturales, en medio de los estratos sociales, en medio de las persecuciones y en medio de la expansión evangelizadora.

En las primeras comunidades el servicio debe ser algo imperante. Las cartas de San Pablo remarcan mucho el llamado a no solo creer en el Evangelio sino en colocarse al servicio de Dios. En una comunidad en donde el Espíritu Santo suscitaba los carismas y se descubrían las vocaciones, la tentación de creerse más que el otro o de sentirse más importante era algo que afectaba el desarrollo de la comunidad. Las primeras comunidades deben descubrir que el amor a Dios lleva a la unidad, y que las divisiones dañan la obra de Dios.


Tarea

Leer (Fil 2, 1-4; Rom 12, 3-8)

De acuerdo a estos textos, ¿qué problemáticas se suscitaban en las primeras comunidades?

¿Cómo les exhorta San Pablo a vivir?



EL DOMINGO, CENTRO DE LA CELEBRACION

Cristo resucitó un domingo, esto será trascendental para la celebración de las primeras comunidades cristianas. El Nuevo Testamento hace mención de la resurrección de Cristo como “el primer día de la semana” (Jn 20, 1)

Los primeros cristianos tuvieron conciencia que este acontecimiento de la Resurrección un domingo marcaba una nueva etapa. Los judíos siguieron celebrando el sábado pero los cristianos celebraban el domingo. La palabra que el texto en su idioma original (griego) utiliza para indicar el día anterior es : σαββάτων (sabbatōn). Es decir, el primer día de la semana se entendía como el día posterior al sábado.

San Pablo nos deja evidencia que no era sólo una celebración local, sino que por ejemplo en Grecia también celebraban la fracción del pan un domingo:

El primer día de la semana, cuando nos reunimos para partir el pan, Pablo, que debía salir al día siguiente, dirigió la palabra a la asamblea y su discurso se prolongó hasta la medianoche. (Hch 20, 9)

La acción del Resucitado se evidencia en el hecho que se aparece a los Apóstoles el primer día de la semana (Hch 20, 19). Cuando San Juan escribe el Apocalipsis ya los cristianos identificaban el domingo con el día del Señor, por eso relata que su visión la tuvo ese día:

El Día del Señor fui arrebatado por el Espíritu y oí detrás de mí una voz fuerte como una trompeta, que decía (Apo 1, 10)

La palabra domingo precisamente viene de la expresión latina “dominicus dies[26]” que significa día del Señor, por eso los cristianos tenemos el domingo como el día en que celebramos la Resurrección de Cristo.



EL CONCILIO DE JERUSALEN (año 50 D.C)

La Iglesia enfrentó una dificultad a raíz de los conversos del judaísmo que entendían que debían seguir manteniendo ciertas costumbres judías. Esto ocasionó discusiones y divisiones, y los Apóstoles debieron intervenir para zanjar la situación. Con esto se da origen al primer concilio de la Iglesia, el de Jerusalén. Del Concilio emana una carta que fue llevada y decía;

El Espíritu Santo, y nosotros mismos, hemos decidido no imponerles ninguna carga más que las indispensables, a saber: que se abstengan de la carne inmolada a los ídolos, de la sangre, de la carne de animales muertos sin desangrar y de las uniones ilegales. Harán bien en cumplir todo esto. Adiós". (Hch 15, 28-29)

Este concilio es de vital importancia por las normas disciplinares y porque rompió el círculo judío con lo que obtuvo un gran logro a la vez que resolvió la cuestión de la relación entre cristianismo y ley mosaica[27].

La Iglesia poco a poco va consolidando su estructura jerárquica: Obispo, presbítero y diácono. Si bien la figura de Obispo en sus inicios no es tal cuál la conocemos hoy, si empieza a diferenciarse el que maneja una comunidad. El Nuevo Testamento nos mostrará las características de estos tres cargos:

-      Obispo: 1 Tim 3, 1-7

-      Presbítero: 1 Tim 5, 17-22

-      Diácono: 1 Tim 3, 8-13

Como vemos la estructura de la Iglesia en el Nuevo Testamento se ha mantenido en la Iglesia Católica. Leer CIC 1554 – 1571


SAN PABLO

San Pablo merece un lugar aparte en el Nuevo Testamento por la gran actividad misionera que realizó en pueblos paganos. San Pablo fue un evangelizador incansable (1 Cor 9, 16), un hombre apasionado por Cristo  (Fil 1, 21), que aun entre cadenas no dejó de preocuparse por sus comunidades (Ef 6, 20). San Pablo supo soportar dificultades y privaciones (Fil 4, 12), y hasta tener claro luchar por alcanzar la corona eterna (2 Tim 4, 8)

Hay mucho para decir de San Pablo. Se cree que Cristo era algunos 10 años mayor que San Pablo[28]. Judío de la tribu de Benjamín, fariseo (Fil 3, 5) discípulo de Gamaliel (Hch 22, 3), tuvo una etapa de persecución contra los cristianos que narra San Lucas (Hch 8, 3). Pero un encuentro con Cristo lo marcará y transformará de por vida (Hch 9, 1-9) y será ese instrumento en manos de Dios para llegar a muchos lugares.

Podemos resumir los viajes de San Pablo en tres bloques y un viaje en cautiverio. Colocamos un buen resumen, que incluso tiene mayor aporte sobre su vida apostólica[29]:

Después de su “conversión”, en el camino de Damasco, Pablo atraviesa parte del Asia menor (la actual Turquía), de Siria y de Arabia (la actual Jordania), hasta Jerusalén, antes de dirigirse a Europa, primero a Grecia y luego a Roma. Razonablemente podemos fechar sus viajes en un intervalo de algunos años en torno al año 50.

 

Primer viaje (año 43 – 48 D.C)

De Antioquía a Chipre y de aquí al sur de Anatolia (Perge, Antioquía de Pisidia, Iconio, Listra y Derbe) Pablo y Bernabé predican con ardor en las sinagogas la Buena Nueva de la resurrección y salvación en Jesús, fundando algunas comunidades. Entonces los judíos de dividen y Pablo se dirige a los paganos.

 

Segundo viaje (año 50 – 52 D.C)

El primer objetivo de Pablo, acompañado por Silas, es el de visitar las comunidades que él mismo había creado en el sur de Anatolia (en Listra conoce a Timoteo, que le acompañará en el viaje). Siguen hacia noroeste, hasta los Dardanelos, y llegan a Tróada, desde donde pasan a Grecia; Pablo funda Iglesias en Filipos, Tesalónica, Berea, Atenas y Corinto. Luego regresa a Antioquía, donde tenía su base, pasando por Éfeso y Cesarea.. En Antioquía, los creyentes fueron llamados “cristianos” por primera vez.

 

Tercer viaje (53-58 D.C)

Es un viaje de consolidación. Pablo va a visitar las Iglesias que había creado en Anatolia y Grecia, con Timoteo y Tito. Se embarca de nuevo hacia Tiro, Cesarea y Jerusalén, donde fue arrestado.

 

 

Viaje en cautiverio (58 – 63 D.C)

 

El viaje del prisionero a Roma no es un viaje misionero, sin embargo, no cesa su actividad evangelizadora.

 


Tarea

Identificar según el mapa, en qué citas bíblicas se logran identificar los lugares que visitó San Pablo en sus tres viajes de misión

 

San Pablo enfrentó distintas dificultades en su ministerio. Debido a su pasado perseguidor, cuando se convierte no le creen y debe Bernabé llevarlo y presentarlo ante los Apóstoles (Hch 9, 26-31). Pablo tuvo que enfrentar a Elimas el mago (Hch 13, 6-12), se separó de Bernabé por diferencias y se quedó con Silas (Hch 15, 36-41), enfrentó a una bruja en Filipos (Hch 16, 16-18), arrestados en Filipo (Hch 16, 19-24), enfrentó persecuciones en Tesalónica y Berea (Hch 17, 1-15). Le hicieron un motín en Efeso (Hch 19, 23-40)

La labor de San Pablo fue enorme pues fundó muchas comunidades e incluso escribió 13 cartas, varias a comunidades y otras a discípulos.

 

EL OBISPO DE ROMA

San Pedro aparece en Hechos mencionado como quien se va a otro lugar (Hch 12, 17). Luego en una de sus cartas saluda desde “Babilonia” alusión claramente a Roma (1 Pe 5, 13). Si bien no hay una cita que muestre a San Pedro en Roma, la Tradición Apostólica si da fe de ello. Hay varios Padres del Cristianismo Primitivo que mencionan a San Pedro en Roma como San Ignacio de Antioquía, Clemente Romano o San Ireneo de Lyon

La cristiandad primitiva tenía conciencia del papel que desempeñaba San Pedro y posteriormente sus sucesores.

San Ignacio de Antioquía a los Romanos, IV:

No os mando nada, cosa que hicieron Pedro y Pablo. Ellos eran apóstoles, yo soy un reo; ellos eran libres, pero yo soy un esclavo en este mismo momento. Con todo, cuando sufra, entonces seré un hombre libre de Jesucristo, y seré levantado libre en Él. Ahora estoy aprendiendo en mis cadenas a descartar toda clase de deseo.

Contra los herejes, San Ireneo de Lyon. Libro IV, 1.3.2:

Pero como sería demasiado largo enumerar las sucesiones de todas las Iglesias en este volumen, indicaremos sobre todo las de las más antiguas y de todos conocidas, la de la Iglesia fundada y constituida en Roma por los dos gloriosísimos Apóstoles Pedro y Pablo, la que desde los Apóstoles conserva la Tradición y <<la fe anunciada>> (Rom 1,8) a los hombres por los sucesores de los Apóstoles que llegan hasta nosotros.

Posterior a ellos, también Tertuliano, Clemente de Alejandría y Eusebio de Cesarea atestiguan la presencia de Pedro en Roma .


DIFICULTADES DEL CRISTIANISMO EN EL SIGLO I

Para finalizar nuestro estudio sobre el siglo I debemos mencionar las dificultades que enfrentó la Iglesia en el siglo I:

-          Persecuciones judías: Los judíos perseguían a los cristianos y les oponían fuerte resistencia (Hch 8, 1; 12, 2 )

-          Persecución de paganos: Los paganos también perseguían e instigaban contra los cristianos (Hch 19, 24-40)

-          Las divisiones internas: San Pablo llega a mostrar que ya habían facciones de creyentes que se inclinaban por un líder u otro (1 Cor 1, 10-17)

-          Mezcla de costumbres judías para los conversos: El Concilio de Jerusalén se reunió precisamente para tratar el caso de las costumbres que los judíos conversos a Cristo debían o no debían mantener (Hch 15, 1-3)

-          Persecuciones por parte del Imperio Romano: Por lo menos en el siglo I podemos mencionar las persecuciones de Nerón y Domiciano. Nerón era el emperador cuando dan muerte a San Pablo y a San Pedro. Domiciano era el emperador cuando San Juan escribe el Apocalipsis en medio de las persecuciones contra los cristianos.

Primera persecución, bajo Nerón, alrededor del año 64: A Nerón el pueblo le atribuyó el incendió Roma; para escapar a la ira de la población, se le ocurrió culpar a los cristianos de este crimen. Fueron detenidos los cristianos de Roma y muchos fueron crucificados en el monte Vaticano, en las cercanías de Roma. San Pedro y san Pablo murieron en esta persecución.

Segunda persecución, bajo Domiciano, alrededor del año 95: Este emperador tuvo fama de cruel y tirano en vida[30].



[1] Lumen Gentium I, 2

[2] Audiencia general de noviembre 13 de 1991

[3] http://mihistoriauniversal.com/edad-antigua/dinastia-seleucida/

[4] http://www.mercaba.org/Rialp/A/asmoneos.htm

[5] http://ec.aciprensa.com/wiki/Los_Macabeos

[6] JEDIN, Jubert. Manual de historia de la Iglesia: De la Iglesia primitiva a los comienzos de la Gran Iglesia. Versión Google Books. Pág 110

[7]http://www.nationalgeographic.com.es/articulo/historia/grandes_reportajes/7854/destruccion_del_templo_jerusalen.html

[8] http://opusdei.org.do/es-do/article/24-fariseos-saduceos-esenios-celotes-quienes-eran/

[9] JEDIN, Jubert. Manual de historia de la Iglesia: De la Iglesia primitiva a los comienzos de la Gran Iglesia. Versión Google Books. Pág 115

[10] http://opusdei.org.do/es-do/article/24-fariseos-saduceos-esenios-celotes-quienes-eran/

[11] http://minutodedios.fm/caribe/hablemos-de-fe/4830-los-grupos-humanos-en-tiempos-de-jesus-los-zelotes

[12] http://www.mercaba.org/DJN/E/esenios.htm

[13] Encíclica Redemptoris Missio II, 14

[14] RATZINGER, Joseph. Jesús de Nazareth, pág 27.

[15] IRABURU, José. Los Evangelios son verdaderos e históricos (Spanish Edition). Kindle App.

[16] Ib

[17] Encíclica Pascendi I, 28. De Su Santidad Pio X

[18] http://www.mercaba.org/CONGREGACIONES/BIBLICA/interpretacion_biblia_01.htm

[19] Encíclica Providentissimus Deus, 21. De su Santidad León XIII.

[20] http://www.mercaba.org/VocTEO/F/fuente_q.htm

[21] http://www.mercaba.org/FICHAS/BIBLIA/Mc/marcos2.htm

[22] Ib

[23] https://www.aciprensa.com/reportajes/7q5.htm

[24] http://www.mercaba.org/FICHAS/Evangelios/los_evangelios_y_los_evangelista.htm

[25] http://www.mercaba.org/IGLESIA/Historia/LORTZ/03_09.htm#6. JESÚS

[26] http://www.tarraconensis.com/vidaromana/calendario/calendario.html

[27] PATIÑO, Uriel. Historia de la Iglesia Tomo I. Editorial San Pablo, pág. 38

[28] http://www.es.catholic.net/op/articulos/2764/los-viajes-apostolicos-de-san-pablo.html

[29] http://www.vatican.va/various/basiliche/san_paolo/sp/san_paolo/ministero.htm

[30] http://www.e-libertadreligiosa.net/index.php/temas-historicos4/libertad-religiosa-en-otras-epocas/262-las-persecuciones-romanas-a-los-cristianos.html

 


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