¿Por qué hacer apologética?

Por Anwar Tapias


Esta pregunta termina siendo el motor de mi ministerio. En esta época donde tantos cultos y doctrinas, creencias y filosofías nos invaden, La apologética se convierte más que un arma en el pilar y la fuente de luz, que pueda iluminar el sendero de aquellos que decidieron por fe abrazar la fe católica. La apologética se aplica en primera instancia a las Palabras del Señor: "No hace impuro lo que entra si no lo que sale del corazón del hombre". En este caso me refiero a las doctrinas mal fundamentadas. Hace más daño a los cristianos lo mal que aprendan su fe que lo que escuchen en el mundo. Hace más daño perderle valor a nuestra fuente de Revelación: Cristo, que a las doctrinas del mundo que intentan coquetearnos con un culto moderno.

La Apologética Católica se dirige primeramente a los católicos tibios, que no viven su fe, que solo repiten frases; y que piensan que nuestro Dios es un Dios que se conforma con nuestro poco compromiso por vivir su Palabra y rendirle el culto adecuado en la Liturgia de la Iglesia. Hoy día es tan fácil llamarse católico pero tan difícil vivirlo. Tantos católicos confundidos y dudosos de lo que deben creer, que han dejado sembrar dudas por personas provenientes de otros credos, que dicen poseer la verdad. Credos que nos llaman La Ramera del Apocalipsis, la Iglesia Tradicional y simplemente Católicos Romanos; todo esto sólo confirma lo que Cristo le dijo a sus discípulos: Serán maltratados. 


La apologética católica según mi experiencia en 10 años se basa en dos principios muy importantes:

1. El conocimiento sólo se usa para Edificar e iluminar nunca para atacar. Muchos apologistas fallan porque sienten que ese conocimiento es para destruir mentalmente a protestantes y no cristianos, demostrando soberbia y orgullo, algo que resiste el Espíritu Santo.

2. El conocimiento sólo se usa cuando Dios lo dispone nunca cuando yo quiero. Muchos apologistas hablan todo el tiempo y a toda hora de doctrina, Biblia e Historia, sin saber si Dios ha dispuesto que ese sea el momento en que va a tomar el corazón de alguien para traerlo de vuelta a la Iglesia Católica

Como católicos, siempre estaremos llamados a ser sal y luz de la Tierra. Este llamado claro del Señor nos lleva a reflexionar sobre nuestra actitud con el prójimo. Muchas veces nosotros como católicos somos más tolerantes con los ateos que con los protestantes debido a que es una cadena que ellos iniciaron.
Muchas veces nos podrá pasar que en la calle o en el trabajo estamos conversando con alguieny puede que salga el tema de Dios y compartimos agradables de lo que pensamos, pero apenas nos enteramos que somos de credos distintos inmediatamente se levanta una muralla que antes de enterarnos no estaba.

En cuestión de instantes alguien nos señalará como idólatras, adoradores de María y paganizados, y a su vez nosotros criticaremos a las iglesias humanas, interesadas en el dinero y alejadas de la iglesia Madre. Cuando esto pasa se pierde toda obra buena del Señor, se pierde cualquier intento del cielo de tocar dos corazones para crecer en fe porque priman nuestros intereses personales.

¿Como equilibrar que no párezcamos sectarios pero que defendamos nuestra fe? Anteponiendo la obra a nosotros mismos. Aprendiendo a ver a cada hermano separado como Jesús veía a la Samaritana, al centurión romano o al leproso, CON AMOR, y siempre recordando que si somos luz es para iluminar y no para quemar y que si somos sal es para dar sabor y no para ahogar.



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