Quince Minutos con María: Silencio


Fuente: devocionesypromesas

María, Madre mía querida, ayúdame a hacer silencio en mi vida, silencio exterior e interior. Porque muchas veces hay ruido a mi alrededor y no me preocupo por retirarme a un lugar más tranquilo, sino que sigo inmerso en la vorágine del mundo, y así no tengo el alma dispuesta a la oración y a la meditación.

Sé que no puedo irme del mundo, pero también sé que a veces yo busco el aturdirme y el estar disipado. Por eso quiero pedirte que me ayudes y me enseñes a aprender a estar solo y retirado en algún momento del día, para dedicarme a Dios y a las cosas del espíritu.

Y también quiero pedirte la gracia de saber hacer silencio interior, que a veces es el que más me cuesta, porque mientras afuera hay silencio, en mi mente hay mil ruidos y pensamientos de todas clases, que me impiden la concentración y la meditación en la Palabra de Dios, y tampoco me dejan recibir las inspiraciones del Señor, que no habla en el ruido sino al corazón y en el silencio.

Lo dejo todo en tus manos, querida Mamá, y me encomiendo a ti en adelante.


¡Mira a la Estrella, invoca a María!

¡Oh tú que te sientes lejos de la tierra firme, arrastrado por las olas de este mundo, en medio de las borrascas y de las tempestades, si no quieres zozobrar, no quites los ojos de la luz de esta Estrella, invoca a María!.

Si se levantan los vientos de las tentaciones, si tropiezas en los escollos de las tribulaciones, mira a la Estrella, llama a María.

Si eres agitado por las ondas de la soberbia, si de la detracción, si de la ambición, si de la emulación, mira a la Estrella, llama a María.

Si la ira, o la avaricia, o la impureza impelen violentamente la navecilla de tu alma, mira a María.

Si, turbado a la memoria de la enormidad de tus crímenes, confuso a la vista de la fealdad de tu conciencia, aterrado a la idea del horror del juicio, comienzas a ser sumido en la sima del suelo de la tristeza, en los abismos de la desesperación, piensa en María.

En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María, invoca a María. No se aparte María de tu boca, no se aparte de tu corazón; y para conseguir los sufragios de su intercesión, no te desvíes de los ejemplos de su virtud.

No te extraviarás si la sigues, no desesperarás si la ruegas, no te perderás si en Ella piensas. Si Ella te tiende su mano, no caerás; si te protege, nada tendrás que temer; no te fatigarás, si es tu guía; llegarás felizmente al puerto, si Ella te ampara.  - San Bernardo

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