Quinto Misterio Gozoso


Después de la adoración de los Magos, la Sagrada Familia tuvo que huir precipitadamente a Egipto para librar a Jesús de la persecución del rey Herodes. Muerto éste, José tomó consigo al Niño y a su Madre, y regresó a Israel. Pero al enterarse de que Arquelao era el nuevo rey de Judea, tuvo miedo, y volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. Allí el Niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él.

Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando Jesús cumplió los doce años, subieron todos a la fiesta, según la costumbre; al volverse, pasados aquellos días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres. Creyendo ellos que estaría en la caravana, hicieron un día de camino. Luego se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; pero al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca.

Y sucedió que, al cabo de tres días, lo encontraron en el Templo, sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que lo oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas. Al verlo, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando». Él les dijo: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?» Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio.

Jesús regresó con ellos a Nazaret, donde continuó viviendo sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón. Y Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.




Muchas veces hemos sentido en el caminar de Dios, que hemos perdido el rumbo. Enfrentamos situaciones que al parecer nos mueven del camino y nos hacen desviar. En momentos, cuando miramos alrededor y sentimos que Jesús no está con nosotros, María como madre bondadosa nos da el ejemplo de no cesar en la búsqueda de Cristo. A ella no le importó que ya tenían días de camino, que iban en la caravana, que estaban cansados; ella sabía que Cristo estaba en Jerusalén y allá fue a buscarlo.
 
Meditemos junto a María, y pidamósle que por su intercesión, logremos encontrar el camino a Jesús. Que ella nos acompañe al Jerusalén donde Cristo está esperando para alimentarnos de su amor y su sabiduría.

Que en este misterio, logremos llegar al encuentro de Cristo y que ese encuentro sea pleno, abundante, para que ese amor de Jesús irradie nuestra alma y toda nuestra vida.

Bendiciones


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