Reflexión #15 de Cuaresma

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Reflexión #15 de Cuaresma

Si, pues, es consejo el que recibimos cuando se nos manda, o se nos amonesta que demos a los necesitados alguna cosa de lo que tenemos, no nos ocupa la soberbia cuando lo damos. Si es consejo el que has recibido, aprovecha por cierto más a ti que al que diste la limosna. Por tanto, no tengamos presunción de nuestras obras, como agradándonos a nosotros mismos por los beneficios que hacemos a los favorecidos. El que quiera recibir el consejo, quiere recibir lo que a él mismo aprovecha, y el que da el consejo atiende a lo mismo. Si atiende a lo mismo, aprovecha a aquél a quien da el consejo. Un pobre cualquiera recibe tu limosna rendido; porque sí no es permitido que tu la des con soberbia, ¿cuánto menos lícito será que con soberbia la reciba el? Recibe el pobre humildemente tu limosna, y recibiéndola te da las gracias; mas tú sabe y ten presente no sólo lo que des, sino también lo que recibes. Porque si el tal pobre, al verse acaso ensoberbecido con el, tuviese libertad para responderte, podría decirte: ¿De qué te ensoberbeces? ¿Por qué te ensalzas al darme a limosna? ¿Qué es lo que me has dado? Pan. Si dejaras en tu casa este pan, y le desatendieras, se cubriría de moho, del moho pasaría a la corrupción, y de la corrupción a la tierra, convirtiéndose la tierra en tierra. Tú ciertamente has alargado tu mano para dar a la mía alargada para recibir; Pero recuerda de dónde fue hecha tu mano, y de dónde es lo que has puesto en la mía; has puesto tierra de tierra para tierra. Después de esto, ¿qué hago yo de tu pan? Cómolo, y reprimo la molestia del hambre; recibo el beneficio; no soy ingrato. 

San Agustín, extracto de Doctrina Espiritual

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