Reflexión #2 de Cuaresma

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Escribió San Antonio María Claret luego de narrar lo que le pasó al rico Epulón por su avaricia y egoísmo:

Hermano mío: a consecuencia de lo que has leído, ¿qué resoluciones son las que vas a tomar?
Ya ves que puedes morir en cualquier hora, y tal vez en la que menos pienses, como sucedió al desgraciado Epulón...
¿De qué le aprovecharon a este infeliz, todas sus riquezas, todos sus honores, y todos los gustos que dio a su cuerpo, habiendo perdido su alma para toda la eternidad?
¿Y de qué te servirán también a ti esas mismas cosas, si como él te pierdes?

Tal vez tú ni siquiera quieres pensar en la muerte, juicio e infierno, para que su recuerdo no te amarguen la vida. Pero, porque tú no quieras pensar en ellas, dejarán de existir estas verdades?, y si te condenas, ¿dejarás de ir a ellas?
O tal vez para engañarte a ti mismo dirás: Yo ya creo que he de morir, pero Dios es bueno y es mi Padre y no creo que me eche a los infiernos. Pues quien sería el Padre que fuese capaz de echar a su hijo a un fuego como el del infierno?

Cierto que Dios es tu Padre, pues Él te ha criado y a puesto en ti su imagen y semejanza, y te quiere hacer heredero del patrimonio celestial; para este fin te ha criado. Pero también quiere que tú te portes como buen hijo, y si no cumples como tal, esto es, si quebrantas sus mandamientos y mueres sin arrepentimiento, no podrás lograr el fin para el que has sido creado.

... Ea hermano mío: no seas loco, ten prudencia...¿Qué pierdes en vivir como Dios manda y ajustar tu vida a los mandamientos? Por cierto que nada de valor perderás sino únicamente tus vicios

(Lamentos del Pecador, San Antonio María Claret, resoluciones)
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