Reflexión #22 de Cuaresma

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Si en este mundo el agravio hecho al caballero, al titulado, al Rey, va creciendo al paso de la autoridad del ofendido y vilezas del ofensor; siendo Dios infinitamente mayor, y tu un gusanillo, adonde llegará tu ofensa? Pensabas tu esto, cuando pecabas? Dirás, que no. Pues piénsalo bien ahora, para llorar lo con grande sentimiento

Considera algunas circunstancias de tus pecados, para mas conocer su gravedad. Cuando tu pecabas, bien que fuese en medio de la noche, y dentro de una honda cueva; allí estaba Dios presente, allí veía tu pecado en tu alma y en tu cuerpo. Visto de otro hombre no habrías osado pecar; y no hiciste caso de la vista de Dios. ¡Oh suma desvergüenza! En tu pecado hubiste de hacer alguna acción, y para ella fue preciso el concurso de Dios como causa universal: y allí obligaste a Dios a servirte en tu culpa. ¡Oh desacato horrendo! Cuando pecabas, estaba allí Dios contigo con todo su infinito poder: para quitarte la vida, no necesitaba de mas que de su solo querer, y con gran facilidad te pudo pasar del actual pecado al infierno, donde tiempo ha que estarías ardiendo; y con todo eso pasaste delante a cometer el pecado. Dime, de donde sacabas tanta osadía? tanto, ánimo? Mira, alma ingrata, descomedida, qué modos tan injuriosos y ofensivos de aquella dignísima Majestad, acompañaban tu pecado! No levantes los ojos a este tu Dios, en cuya presencia estás; mas cúbrete de vergüenza, confusión y contrición, como el Publicano, (Luc. 18. 15) y dilé con él: Señor, sed propicio de este grande pecador. 

Considera otra circunstancia de tu pecado, que muy mucho te hará ver el sumo desprecio que hiciste de la divina "Majestad. Cuando Dios te preguntará: Porqué cometiste un tan gran mal, como es el pecado mortal; acaso podrás responder, que por hacer un gran servicio a otro Dios tan bueno como él; o por ser tú Señor del mundo, o por otra cosa de grandísima importancia? No por cierto; mas serás convencido de haber ofendido su infinita bondad, por un gustillo leve y momentáneo, por un poco de interés, por un airecillo de honra, y a las veces sin tanto motivo. Y Cristo te podrá replicar: En menos me estimaste, que Judas: en mas tuviste un nada, que se te antojó, que toda mi infinita hermosura, y esto no fue una u otra vez, mas por ese nada d casi nada, cometías los pecados a montones. Mira alma ciega, a qué des precio tan profundo abatiste a tu Dios! Confúndete y tente por aborrecido de Dios, de los ángeles, y de los santos: asómbrate, que la tierra. te sustente y halles piedad en las criaturas, para continuar á vivir:y ya que en esto no hay otro remedio que dolerte y hacer penitencia, embravécete contra ti mismo, como reo de lesa Majestad divina, llora con gran sentimiento esas traiciones, para llegará tener un corazón verdaderamente contrito y humillado, el cual Dios no despreciará 

En esta meditación sobre la gravedad del pecado por parte de Dios, he conocido, que pecando hice a Dios todo el mal que le puede hacer una criatura, que es no obedecerle y despreciarle: de que he sacado afectos de compunción y dolor, detestando millares de veces mis culpas, y proponiendo morir primero que volver a pecar. Esto os pido, Dios mio, con todo fervor, y resuelvo solicitar cada día de vuestra divina clemencia esta gracia, haciendo con la mayor eficacia el acto de contrición, y correr luego al baño de la penitencia, si por algún accidente me viese en tan miserable estado.

Manual de meditaciones piadosas, De la gravedad del pecador por parte de Dios. Pág. 76-77
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