Reflexión #23 de Cuaresma



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1. Este es el ayuno perfecto y razonable: que nuestro hombre interior ore cuando el exterior practica el ayuno. La oración franquea más fácilmente el cielo gracias al ayuno, ya que entonces el hombre, espiritualizado, se asocia a los ángeles y se une a Dios con mayor libertad.

2. Por causa del ayuno se revelan incluso los secretos de los misterios celestes y se descubren los arcanos del divino sacramento. Así es como Daniel mereció conocer, por mediación del ángel, el significado oculto de los misterios (Dn 10,1 ss.), pues esta virtud manifiesta las revelaciones de los ángeles y sus mensajes.

3. Los ayunos constituyen armas eficaces frente a las tentaciones diabólicas, ya que con la abstinencia se vencen pronto. De ahí que también nuestro Señor y Salvador nos aconseje que las superemos con el ayuno y la oración al decir: Este linaje (de demonios) no sale si no es con oración y ayuno (Mt 17,21), pues los espíritus inmundos se lanzan con mayor violencia allí donde ven más abundancia de manjares y bebidas.

4. Los santos mientras pasan la vida en este mundo, mantienen su cuerpo sediento por el deseo del rocío celeste. Por ello dice el Salmo: Sedienta de ti está mi alma, y de cuántas maneras mi carne(Sal 60,2). Porque entonces la carne está sedienta de Dios cuando por el ayuno guarda abstinencia y languidece. La abstinencia vigoriza y mata: vigoriza el espíritu y mata el cuerpo.

De San Isidoro de Sevilla, sobre los ayunos


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