Reflexión #7 de Cuaresma

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Mas si debe tenerse en poco la misma conversión corporal, pues se sabe, que no es corta ayuda para la espiritual. De ahí es, que en este mismo lugar, habiendo dicho el Señor: De todo corazón, añadió luego, en ayuno, que ciertamente pertenece al cuerpo. 

Sin embargo, hermanos míos, quiero que esteis advertidos, que el ayuno debe observarse, no solo respecto de la comida, sino respecto de todos los deleites de la carne; y de todo gusto del cuerpo: antes bien se debe ayunar más de los vicios, que de los manjares. Pero hay un pan respecto del cual no quisiera yo que ayunarais, no sea que acaso desmayéis en el camino: y si no lo sabéis, digo que es el pan de lágrimas: porque se sigue: En el ayuno, en las lágrimas, y en los gemidos, exige de nosotros llanto de penitencia de la vida pasada, exige lágrimas el deseo de la bienaventuranza futura. 

Mis lágrimas han servido para mi de pan el día y la noche, cuando me dicen todos los días, ¿Dónde está tu Dios? Poco le agrada esta nueva vida, al que todavía no llora las cosas antiguas, no llora los pecados, que ha cometido, todavía no llora el tiempo perdido. Si no lloras, ciertamente no sientes las llagas de tu alma, no sientes la lesión de tu conciencia. Pero si deseas bastante los futuros gozos, si todos los días con lágrimas no los pides: poco conocidos son de ti, si no rehúsa consolarse tu alma, hasta que lleguen.

San Bernardo de Claraval
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