Rosario a las Benditas Almas


ROSARIO POR LAS SANTAS ALMAS DEL SAGRADO PURGATORIO

(Extraído del devocionario “Ancora de Salvación” del R. P. José Mach. S. J. impreso el año de 1885, con aprobación eclesiástica.)

TODOS: En el nombre del Padre…etc.

D: Postrados en la presencia de Dios con el mayor fervor de Espíritu, supliquémosle que nos asista en el ejercicio de ésta devoción.

TODOS: Disponed ¡oh Señor!, y con la abundancia de vuestra gracia confortad nuestros ánimos, para que con sentimientos de fe, de caridad y de compasión, penetrando en la penosa cárcel del Purgatorio, podamos procurar a los fieles difuntos la mayor abundancia de sufragios que redunde en favor suyo, gloria Vuestra y provecho de nuestras almas. Amén

D: Rezaremos la piadosa Corona de los difuntos diciendo 4 Padre nuestros y 40 Ave Marías en memoria de las cuarenta horas que nuestro Señor Jesucristo estuvo en los infiernos, después de su muerte, en sufragio de las benditas almas del Purgatorio (y particularmente del alma de N…N)

Para que el Señor se digne libertarlas lo más presto, de sus penas, haciendo intención de ganar a favor de las mismas, todas las Indulgencias concedidas por la Santa Iglesia al ejercicio de ésta devoción.

D: Dios mío ven en mi auxilio

R: Señor, date prisa en socorrerme.

D: Dales, Señor, el descanso eterno.

R: Y luzca para ellas la luz perpetua.

D: Descansen en paz.

R: Amén.

PRIMER MISTERIO

Consideremos en éste primer misterio el vivísimo deseo con el cual las Almas del Purgatorio estaban esperando el feliz momento de ser consoladas en aquella dolorosa cárcel con la vista del Redentor, después de su muerte; y pensemos que las Almas que al presente se encuentran entre aquellas atrocísimas llamas, están esperando con igual deseo, de nuestra piedad, una abundante copia de sufragios que puedan hacerlas felices para siempre.

Pidamos por tanto al Señor y a la Santísima Virgen que concedan tanta eficacia a nuestras oraciones que puedan plenamente satisfacer sus deseos.

(1 Padre nuestro, 10 Ave Marías y jaculatoria: Concédeles, Señor, el descanso eterno y que les ilumine tu luz perpetua. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz. Amén.)

SEGUNDO MISTERIO

Consideremos en éste segundo misterio la dulce sorpresa que experimentaron las Almas del Purgatorio cuando al aparecerse en medio de Ellas el Redentor, vieron extinguirse el fuego que las abrazaba, y cesar todas las penas que por tanto tiempo las habían atormentado.

Y pensemos que con nuestros sufragios, podemos también nosotros apagar aquellas llamas tan ardientes y poner fin a aquellas penas que tan cruelmente las atormentan.

Pidamos por tanto al Señor y a la Santísima Virgen que concedan tanta eficacia a nuestras oraciones que produzcan el mismo efecto.

(1 Padre nuestro, 10 Ave Marías y jaculatoria: Concédeles, Señor, el descanso eterno y que les ilumine tu luz perpetua. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz. Amén.)

TERCER MISTERIO

Consideremos en éste tercer misterio el sumo consuelo que sintieron las Almas del Purgatorio cuando vieron disiparse, por el Redentor, las tinieblas de aquella profunda prisión, y resplandecer cada una de Ellas con tanta luz, que no quedó mancha alguna en Ellas de sus antiguas culpas.

Y pensemos que con nuestros sufragios podemos también nosotros disipar aquellas tinieblas y purificar aquellos espíritus, hasta borrar toda mancha y satisfacer la deuda de sus pasados defectos.

Pidamos por tanto al Señor y a la Santísima Virgen, que concedan tanta eficacia a nuestras oraciones, que puedan hacerlas perfectamente dignas de los ojos de Dios. Amén

(1 Padre nuestro, 10 Ave Marías y jaculatoria: Concédeles, Señor, el descanso eterno y que les ilumine tu luz perpetua. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz. Amén.)

CUARTO MISTERIO

Consideremos en éste cuarto Misterio el inmenso regocijo de que fueron poseídas las Almas del Purgatorio cuando fueron libertadas por el Divino Redentor, de aquél abismo de dolores y llevadas gloriosamente al reino bienaventurado.

Y pensemos que también nosotros podemos librarlas de aquella horrenda prisión y hacerlas felices para siempre en la Gloria celestial.

Roguemos por tanto al Señor y a la Santísima Virgen que concedan tanta eficacia a nuestras oraciones, que puedan abrir las puertas del Purgatorio e introducirlas en el suspiradísimo gozo del Paraíso.

(1 Padre nuestro, 10 Ave Marías y jaculatoria: Concédeles, Señor, el descanso eterno y que les ilumine tu luz perpetua. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz. Amén.)



ORACIÓN

¡Oh Jesús!, ¡oh María!, Esperanza, Salud y Felicidad de todos los fieles; desde el profundo abismo de sus miserias, a Vosotros se vuelven las Benditas Almas del Purgatorio e imploran el beneficio de Vuestra Sangre ¡oh Jesús!, y el fruto de Vuestros Dolores ¡oh María!

Esta Sangre, éstos Dolores, que fueron de tanta eficacia la primera vez en el Calvario; que libraron a todo el mundo de toda iniquidad, libren de sus penas a las Almas del Purgatorio.

Y por los Méritos de Sangre tan Preciosa y de Dolores tan acerbos, sean conducidas salvas al cielo aquellas Prisioneras infelices (y en particular el alma de N…N) por las cuales os pedimos con todo el fervor de nuestro espíritu.

SE CONTINUA CON LAS LETANÍAS LAURETANAS, RESPONDIENDO “RUEGA POR ELLAS”, LAS TRES INVOCACIONES DEL “CORDERO DE DIOS” SE CONTESTAN: “PERDONALAS SEÑOR”, “OYENOS SEÑOR, ”TEN PIEDAD DE ELLAS”; Y SE FINALIZA CON LA SIGUIENTE:


ORACIÓN FINAL

¡Oh Dios!, que concedéis el perdón de los pecados y queréis la salvación de los hombres, imploramos vuestra clemencia para que por la intercesión de la Bienaventurada Siempre Virgen María, y por la de todos los Santos, hagáis que lleguen a participar de la eterna Bienaventuranza todos nuestros hermanos, parientes y bienhechores difuntos que han pasado de ésta vida a la otra. Por nuestro Señor Jesucristo vuestro Hijo. Amén

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Transcripción: Hno. César Alejandro Cisneros Miranda. O. s. M.

alejandro_cisneros12@yahoo.com.mx




Dios omnipotente, Padre de bondad y de misericordia, apiadaos de las benditas almas del Purgatorio y ayudad a mis queridos padres y antepasados.

María Madre de Misericordia, asiste a las Benditas Almas, en tus manos bondadosas pongo este acto de amor, y te pido que por la Muy Preciosa Sangre de JesuCristo, hijo tuyo y Señor nuestro, alivie y consuele a las Almas que más sufren, las más olvidas, aquellas que nadie les reza, y por las que más tiempo tienen que padecer ante la Divina Justicia. Amén.

A cada invocación se contesta: ¡Jesús mío, misericordia!

Ayudad a mis hermanos y parientes.
Ayudad a todos mis bienhechores espirituales y temporales.
Ayudad a los que han sido mis amigos y súbditos.
Ayudad a cuantos debo amor y oración.
Ayudad a cuantos he perjudicado y dañado.
Ayudad a los que han faltado contra mí.
Ayudad a aquellos a quienes profesáis predilección.
Ayudad a los que están más próximos a la unión con Vos.
Ayudad a los que os desean más ardientemente.
Ayudad a los que sufren más.
Ayudad a los que están más lejos de su liberación.
Ayudad a los que menos auxilio reciben.
Ayudad a los que más méritos tienen por la Iglesia.
Ayudad a los que fueron ricos aquí, y allí son los más pobres.
Ayudad a los poderosos, que ahora son como viles siervos.
Ayudad a los ciegos que ahora reconocen su ceguera.
Ayudad a los vanidosos que malgastaron su tiempo.
Ayudad a los pobres que no buscaron las riquezas divinas.
Ayudad a los tibios que muy poca oración han hecho.
Ayudad a los perezosos que han descuidado tantas obras buenas.
Ayudad a los de poca fe que descuidaron los santos Sacramentos.
Ayudad a los reincidentes que sólo por un milagro de la gracia se han salvado.
Ayudad a los padres que no vigilaron bien a sus hijos.
Ayudad a los superiores poco atentos a la salvación de sus súbditos.
Ayudad a los pobres hombres, que casi sólo se preocuparon del dinero y del placer.
Ayudad a los de espíritu mundano que no aprovecharon sus riquezas o talentos para el cielo.
Ayudad a los necios, que vieron morir a tantos no acordándose de su propia muerte.
Ayudad a los que no dispusieron a tiempo de su casa, estando completamente desprevenidos para el viaje más importante.
Ayudad a los que juzgaréis tanto más severamente, cuánto más les fue confiado.
Ayudad a los pontífices, reyes y príncipes.
Ayudad a los obispos y sus consejeros. Ayudad a mis maestros y pastores de almas.
Ayudad a los finados sacerdotes de esta diócesis.
Ayudad a los sacerdotes y religiosos de la Iglesia católica.
Ayudad a los defensores de la santa fe.
Ayudad a los caídos en los campos de batalla.
Ayudad a los sepultados en los mares.
Ayudad a los muertos repentinamente.
Ayudad a los fallecidos sin recibir los santos sacramentos.

V. Dadles, Señor, a todas las almas el descanso eterno.
R. Y haced lucir sobre ellas vuestra eterna luz.
V. Que en paz descansen.
R. Amén.

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