San Marcelino Champagnant




Cada época de la historia de la Iglesia nos regala santos que vienen a traer la luz de Cristo en los momentos más urgentes.

El mundo cambió por completo con la Revolución Francesa, movimiento que estalló en 1789 y que significó fuertes desafíos para la Iglesia, porque era el cúmulo de una serie de ideas que enfocaron en la razón, la forma de lograr la libertad del hombre.

En ese año nació en la misma Francia, un futuro santo, Marcelino, cuya vocación fue dedicarse precisamente a la formación y catequesis de niños y jóvenes. Su labor dio origen a los Hermanos Maristas, que se dedican precisamente a la enseñanza.

Santos formadores y dedicados a la enseñanza tenemos como San José de Calasanz o San Juan de la Salle, sin embargo San Marcelino quiso dedicar una fuerte devoción a la Santísima Virgen María y que marcó el estilo de vida que llevarían.

Luego de la caída de Napoleón, el mundo se reorganizó, y es ahí cuando Marcelino funda su obra, la cual debió esperar más de 50 años para ser aprobada por la Santa Sede.

San Marcelino fijó su mirada en los pobres y desvalidos, y en ellos dedicó su labor formadora. Hoy están en más de 80 países, y es a este santo que debemos la famosa frase: "Todo a Jesús por María; todo a María para Jesús»

Pidamos al Señor, más educadores como San Marcelino.
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