Seamos Agradecidos


La Biblia nos dice que alma debe bendecir a Dios, esto lo encontramos en el Salmo 103:1-5 donde dice: “Bendice alma mía, al Señor, y bendiga todo mi ser su Santo nombre. Bendice, alma mía al Señor y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas tus inequidades, Él que sana todas tus dolencias; Él que rescata del hoyo tu vida, Él que te corona de favores y misericordias; Él que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila”.

Estos versículos nos dicen que el alma debe bendecir a Dios, por eso debe estar bien ministrada y no puede haber rencores, resentimientos y recelos en ella, no puede tener avaricia y cosas de ese tipo, porque debe bendecir a Dios.

El salmista se está hablando a sí mismo. Aprende también a hablarte. Cuando te mires al espejo di a tu alma: “Bendice alma mía al Señor, no olvides ninguno de sus beneficios.” (Salmo 103: 1-2)

En la Biblia dice que el Señor te corona de favores y misericordias (Salmo 103:4). Y me imagino a Dios delante de todos, poniendo coronas sobre cada uno, adornada con el favor, la gracia y la misericordia del Señor. No hay ni una piedra preciosa con la que se pueda comparar el favor y la misericordia de Dios.

Cuando tú sales a la calle deberías de salir sabiendo que luces la corona del favor de Dios. Debes creer en el favor y en la gracia que Dios te ha dado. Cuando entras en una oficina a hacer negocios, tienes que entender que llevas una corona de gracia y de favor de Dios, y que el favor de Dios te acompaña donde quiera que vayas, porque es la corona que Él te puso. Tú decides si te la pones para salir a la calle o la dejas engavetada.


Hay algunas personas que nunca están conformes ni contentas con lo que Dios les ha dado. Estoy hablando de no estar agradecido con lo que se tiene. Si tú tienes 10, lloras porque no tienes 11, pero agradeces muy poco que ya tienes 10; si tú tienes 20 estás enojado porque no tienes 21; Y cuando ya tienes 21 te enojas porque no tienes 23 en lugar de estar agradecido por todo lo que Dios te ha dado ó te está dando.


A veces es necesario recordar de donde Dios nos sacó y nos levantó.

Hay cosas que nosotros hicimos que no debemos ni mencionar porque nos avergonzamos de ellas, de los pecados que cometíamos antes; pero también debemos aprender a recordar de donde Dios nos sacó y de los pecados que nos perdonó. Debemos recordárselo a nuestra alma continuamente para que le provoque bendecir y agradecer a Dios.

Si estás por comenzar una nueva etapa, ¿Por qué no comenzar por recordar las cosas que antes ocurrieron, y de donde Dios nos levantó y de dónde nos sacó? Cuando lo recuerdas y ves tu vida, tu alma empieza a alabar al Señor y a bendecirlo continuamente.


No deberías de llorar cuando vengan las pruebas, ni protestar cuando te pasa lo malo. No preguntes ante lo malo: “Señor, pero, ¿por qué a mí?” Cuando pasa lo bueno en tu vida es cuando deberías decir: “Señor, ¿por qué a mí?”. Como pecadores merecemos sólo lo malo, por lo tanto, lo bueno es muestra de su misericordia.


Perdona la expresión que te voy a dar, pero solo un ingrato puede pasar por desapercibido el momento de la alabanza y la adoración; tiene un orgullo espantoso por dentro y no tiene gratitud para con Dios. Alguien que sabe que está coronado de favores y misericordia, valora el perdón de sus pecados, alza sus manos para adorar a Dios y a diario le sale palabra de agradecimiento.

Cuando Dios nos da su favor, no le debes nada, porque ¿Con qué le pago haberme rescatado? ¿Con qué pago algo que vale la sangre del hijo de Dios? Con nada, eso es un favor. Y por eso debemos estar agradecidos .

Si tu supieras lo que dar gracias puede hacer en el corazón de Dios, porque el Señor te da y te bendice, Él no está esperando que le devuelvas algo, sólo observa tu corazón y espera que digas gracias.

Tú tienes muchas cosas por las cuales dar gracias a Dios todos los días.

Las misericordias de Dios son nuevas cada mañana y ese es un motivo para ser agradecido constantemente.
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