Soy paciente y humilde de corazón



Jesús dijo:

"Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños.

Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré.

Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio.

Porque mi yugo es suave y mi carga liviana".

(San Mateo 11,25-30)

 

Por Anwar Tapias


Hoy el Señor, más que prometernos una vida de comodidad, de privilegios y bienes, nos muestra a un Dios que no se esconde, que ante el dolor no se aleja, sino que nos pide ir a él. Este es el amor de Dios, el amor que dice: aquí estoy. Pero, ¿podemos darnos cuenta de eso? Cristo alaba al Padre por darse a los sencillos y humildes. Los sabios de este mundo, los poderosos, no son capaces de comprender este misterio de amor.

 

Ir al Señor implica:

  • Entregarle nuestras preocupaciones, entregarlas es ponerlas en sus manos para que Dios sea el que obre. A veces lo que hacemos es ir a decirle nuestros problemas pero luego volvemos a cargarlos, y así pasamos la vida, sin dejar a Dios que actúe, por nuestra terquedad. Le decimos: Señor te entrego mi problema, pero a la vez seguimos renegando. La entrega auténtica es la que hacemos sabiendo que en Dios todo es posible. 
  • El alivio del Señor radica en la fortaleza que nos da para enfrentar los problemas no para sedarnos de ellos, dormirnos o mostrarnos una realidad distinta. Cada uno de los escogidos por Dios, debieron enfrentar fuertes dificultades, problemas, persecuciones, pero la mano del Señor en ellos se reflejaba en un avanzar en fe, en llenarse de su gracia, para que en medio de todo, pudieran sentir al Señor.
  • El yugo del Señor no es ponernos los pecados de la humanidad, el yugo del Señor es vivir conforme a él, sin importar el precio a pagar: que se burlen de nosotros, que seamos presa de persecución, de tener que alejarnos del pecado mientras el mundo se congracia en ello. El yugo del Señor es suave, porque su amor supera toda dificultad. El yugo del Señor es suave porque no supera nuestras fuerzas. La carga es liviana cuando somos guiados por el Espíritu Santo.
  • Adentrarnos en su corazón: Es en el sagrado corazón de Jesús que encontramos alivio. El corazón de Jesús es esa fuente de amor infinito, de la cual brota la gracia, la paz, el amor y el perdón. Nada de lo que no hayamos sido capaces de hacer: amar, perdonar, podemos en el sagrado corazón de Jesús. Nuestro corazón debe contemplar y adorar a Cristo, y saber que en su corazón está el tesoro para poder cambiar, para poder transformarnos y ser realmente auténticos creyentes.


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