Un bálsamo de perdón



 

 Por Eucaris Causil

 

En estos días, leía mi Biblia en la noche, y me llamó la atención el libro de Isaías, el capitulo 1 donde habla acerca de la desobediencia en que está sumergido Israel; el desconocimiento absoluto de su verdadero Dios y me conmovió como el Señor habla a través de Isaías, y en este texto pude observar a un Dios Todopoderoso, Omnipotente, quebrantado por la actitud de su pueblo.

Y hay un versículo que llama mucho más mi atención, Isaías 1; 5-6:

“Porqué querréis ser castigados aún? ¿Todavía os revelareis? Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente. Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite”

Y analizo como no hay diferencia entre el Israel de esa época y el mundo actual.

 

Toda guerra, toda separación y toda situación que incite a hacer el mal al prójimo, está basado en un rencor, en odio, en un mal entendido, en una intolerancia, en un deseo de dañar. Dice el Señor: "toda cabeza está doliente"; hoy nos podemos observar en nuestro interior y quiero que pensemos en las heridas que tenemos sin vendar, en la hemorragia emocional que no hemos atendido y en la llaga en nuestro interior que no sana. ¿Cómo nos encontramos el día de hoy? ¿podemos afirmar que realmente estamos sanados?


Y precisamente como podríamos encontrarnos hoy, me recuerda a una mujer que estaba en las mismas condiciones, me recuerda a María la del pasaje de Lucas 7: 36-50. Muchos la identifican como María Magdalena, en este texto dice que era reconocida como una pecadora, más no como una prostituta como muchos la quieren llamar. Estar en estado de pecado puede ser un adulterio, adivinaba la suerte o estaba presa de algún espíritu de locura, en fin no se sabe cuál era los pecados de María, pero al entrar de esa forma donde Jesús indica que su corazón estaba lleno de heridas, había tenido una vida fuerte, muy dolorosa, lleno de rencor por el desprecio de la gente y de pronto su estado de pecado la llevaba a tener rencor con Dios por la vida que le tocó vivir.

 Pero ella no quería vivir el resto de su vida así, con tanta carga y por eso al saber que Jesús se encontraba a unas pocas casas de ella quizás, entra en la casa y se le tira a Jesús al suelo a llorar sobre sus pies, dice el apóstol Lucas y San Juan, mientras San Mateo y San Marcos hablan que llegó con perfume y lo derramó sobre su cabeza. Son diferentes enfoques pero traducen una sola acción: “derramar sobre Jesús”, su llanto con su perfume, el perfume más caro que había, pero era todo lo que tenía al igual que sus lágrimas y el único que podía valorarlo era Jesús, dice el Fariseo: “si fuese este hombre de verdad profeta sabría que clase de mujer es”. Nótese el desdén con el que habla de ella, cuánto menosprecio en sus palabras. Cuántas veces nosotros no hemos estado en esa situación, en que nos han humillado y despreciado.

 


En el evangelio de San Mateo y San Marcos, cambia la situación del Fariseo por la actitud de los apóstoles hacia el supuesto derroche que se estaba haciendo, y dicen los Evangelistas que Jesús lo que les dijo fue: “Déjenla quieta, porque se ha adelantado y ha ungido mi cuerpo para la sepultura”. Son dos hechos distintos pero también la acción es una sola: “desvalorar lo que haces”, por más que brindes ayuda nunca es suficiente, por más que des nunca es lo que esperan de ti y por más de ames nunca das lo suficiente, siempre habrá personas que te hacen sentir así, no valoran tu actuar y viven constantemente humillándote y agrandando las heridas que tienes en el corazón.

Por ello Jesús hace una comparación entre el Fariseo y la mujer, uno es la indiferencia y el otro es el amor, ella por orgullo y soberbia con el Fariseo y con todas las personas que habían en la casa que la señalaban, pudo no haber llegado a Jesús, más sin embargo ella renuncia a todo rencor, a todo resentimiento y se olvida de todo, su meta es Jesús y una vez llega a él le moja los pies con sus lágrimas y los seca con su cabello, ella estaba llena de dolor, su carne sufría y quiso entregarle eso a Jesús. Muchos queremos ser sanados pero ¿Cuántos estamos dispuestos a pagar el precio del perdón?

 

¿Cuántos de nosotros hemos sacado de verdad todo lo que hay en nuestro corazón?, ¿Cuántos de nosotros hemos  perdonado al hermano y vivimos en paz con lo que nos rodea? Repetimos como loro el primer mandamiento: “Amaras a tu prójimo como a ti mismo”, pero ¿cuántos lo hacen? Y me dirán: ...bueno, pero el que me ha herido y lastimado es precisamente mi prójimo, pero es ahí donde Dios pone a prueba el amor que le tienes, ¿de que vale amar a los que te aman?, eso no tiene mérito, debes amar a quien te odia esa es la doctrina de Jesús.

 ¿Y nosotros de verdad vivimos esa doctrina?,  Jesús en Mateo 5:23-24, nos dice que antes de llevar tu ofrenda al altar, reconcíliate con tu hermano; nos vanagloriamos en decir: voy tantas veces a misa, hice tantos ayunos y viví en el grupo algo extraño en la oración. ¿Recibirá el Señor esta ofrenda realmente?  Algo similar ocurre en el pasaje del profeta Isaías; (Is 1, 13-16) el Señor está cansado de vanas ofrendas, de misas y reuniones, lo que el quiere es un corazón contrito y humillado que quiera perdonar para recibir perdón, muchas veces sufrimos años con una enfermedad psicosomática por vivir llenos de rencor, o recordando episodios que hacen daño.

 

Nosotros mismos nos estamos dañando y alejando de Dios, Él no quiere un corazón lleno de rencor, ni odio, ni tampoco quiere que precisamente eso que aprieta tu corazón sea contra un hijo de él, porque la persona que te lástima también es hijo de Dios y Dios como todo padre es celoso con sus hijos, recuerda que el nos ama por su naturaleza no por nuestros méritos, el Señor nos regala el sol y el aire para todos sus hijos los que son obedientes y los que no.

Por eso Jesús hace mucho énfasis en el amor al prójimo, porque así a quien estas amando es a Dios, absolutamente nadie que le guarde rencor u odio a alguien puede decir que ama a Dios, el único juez es Dios, nosotros no debemos juzgar porque no nos corresponde, más sin embargo llegamos más allá y condenamos a nuestros enemigos, olvidando nuestros propios errores. Para nosotros Dios debe estar por encima de todo, por eso el primer mandamiento de Israel era “Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma”, pero fíjense como Jesús quien vino a sellar la Nueva Alianza dijo: PERO YO OS DIGO…”Amaras a tu prójimo como a ti mismo” y no es que colocara a Dios en una situación inferior, es que Dios está en el prójimo y así lo tienes que ver, si cada quien viviera  este mandamiento nadie dañara a nadie porque sería consciente que está dañando a Dios.

 

Los que nos hacen daño, son ignorantes de lo que hacen, por eso el Señor dijo: mi Pueblo se pierde por desconocimiento de mi Palabra; hoy en día el pueblo está tan sordo y ciego que desconocen los mandamientos, desconocen el contenido de la Biblia, la Tradición y al Magisterio, pero nosotros que ya estamos crecidos y somos católicos practicantes, nosotros sabemos lo que hacemos y por ende debemos entender el temperamento de los demás, nada debe robar nuestra paz interior, no debemos condenarnos nosotros mismos con lo que podemos decir en un momento de ira, todos al llegar a la presencia de nuestro Señor seremos juzgados y hay que tener en cuenta que al que más se le da, más se le exige.

 

Practiquemos el perdón desde ahora, veamos el rostro de Dios en aquellos que nos hacen daño y así colocando la otra mejilla antes de golpear, estaremos amando como Cristo nos amó, la parte más hermosa de este pasaje fue el momento en que Jesús le dice a María: “por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha demostrado mucho amor”. Siempre hay que dar más de lo que se recibe, en el amor está la presencia de Dios y sólo dando amor encontramos la verdadera felicidad.

 

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